sábado 4 de abril de 2026

La Fiesta de América

El inconfundible Calomino, el inventor de la bicicleta

El puntero derecho era desconcertante, típicamente inconfundible en su juego y en su figura, dueño de una popularidad que pocos llegaron a igualarle.
Calomino con la camiseta del popular Boca Juniors. Foto: El Gráfico.
Calomino con la camiseta del popular Boca Juniors. Foto: El Gráfico.

Pedro Calomino, célebre puntero derecho argentino, fue creador de “La Bicicleta” convirtió el primer gol de su equipo en 1917, de manera que también él contribuyó a abrir un camino para que Argentina lograse un auténtico orgullo: es la representación más goleadora del historial sudamericano con 380 conquistas. 

Figura inconfundible, de físico escaso, enclenque, desencuadernado... Ídolo, sin embargo, tan grande para los suyos, que ninguna de las figuras famosas que más tarde pasaron por el team de la franja alcanzó a eclipsar el recuerdo de Calomino.

"Había una leyenda en su vida y en su juego. Se llamaba Pedro Bleo Fournol, pero ¿quién lo hubiera conocido por ese nombre? El azar, según se dijo, le había dado ese otro apelativo, más hecho al grito de las tribunas. Y el grito era un coro uniforme que llenaba el estadio cuando el flaco puntero tomaba la pelota, se le apareaba el half y, en plena carrera, Calomino hacía la célebre bicicleta, dejaba parado al hombre y seguía, medio perdida la cabeza entre los hombres, hasta colocar el centro justo, medido", describe el sitio EG de Argentina.

El mismo portal recuerda la siguiente anécdota:  "en un partido de él en que tuvo que actuar contra un half europeo, el que expresó sus deseos de conocer, antes del match, al winger a quien tendría que marcar. Se lo señalaron, y al verlo así, insignificante en su presencia, el visitante tuvo una sonrisa. Él era alto, grande, fuerte. ¿Qué podía hacerle ese adversario?... Pero empezó el partido, recibió "Calo" el primer pase, se encontró al lado de su oponente, le hizo la "bicicleta"... y aquél quedó parado. Así dos veces, tres, cuatro, ¡todo el partido! Después, en la casilla, alguien le preguntó, recordando su gesto anterior: "¿Y, míster?" Y el míster, que no era inglés, dijo unas palabras cortas que nadie entendió".

Así era de desconcertante ese Calomino, típicamente inconfundible en su juego y en su figura, dueño de una popularidad que pocos llegaron a igualarle.