sábado 4 de abril de 2026

La Fiesta de América

Paraguay debutó en el torneo y dio la gran sorpresa ante el favorito

La Albirroja se impuso por 2-1 a los charrúas y desataron la fiesta en su país. Aquella victoria de 1921 dio paso al mito del nacimiento de la garra guaraní.

Paraguay hizo su debut en la competición. El seleccionado de ese país no tenía muchas ilusiones. Algunos cronistas visitaron las prácticas del equipo en la vieja cancha huracanense de Chiclana y Avenida La Plata. Consultados, los muchachos de la albirroja declaraban que sólo venían a aprender.

 A los guaraníes les tocó debutar ante Uruguay, tricampeones sudamericanos. La llegada de los equipos a Barracas fue curiosa. Los charrúas parecían dandys. Empilcharon de primera. No llegaron ni en tranvía ni en una caravana de automóviles. Desde el hotel partieron juntos, bien apretados, en un coche tirado a caballo, del cual se bajaron en la puerta misma del estadio, según el portal Abrí la Cancha.

Por su parte, los guaraníes caminaron desde el hotel hasta la cancha. En cada calle recibían una ovación y palabras de aliento. Era muy fácil reconocerlo: transitaban vestidos de futbolistas. Cuando llegaron al estadio, los paraguayos ingresaron al vestuario en una larga fila india.

El último en la hilera era un juvenil que pidió prestados sus primeros pantalones largos cuando se enteró que viajaba hacia Buenos Aires. Era Gerardo Rivas y recién había cumplido 16 años. Cuando Rivas intentó ingresar al vestuario, un gendarme lo cruzó y le dijo: “rajá de acá, pibe”. Los compañeros convencieron al milico que era cierto,  que ese adolescente era jugador del equipo.

Fue la tarde soñada del fútbol paraguayo. Ante la multitud que dejó 23.976$ de recaudación, los bisoños guaraníes mostraron su garra inclaudicable. Ganaron 2 a 1 ante el delirio del público que invadió la cancha cuando Rivas, ese pibe ilipulense al cual no dejaban entrar al vestuario, marcó el primer gol de su equipo.

El árbitro Gerónimo Rapossi suspendió el partido durante el cuarto de hora que duró la invasión y el posterior paseo en andas del muchachito-héroe.

En Asunción el partido se vivió en las calles junto a las pizarras de los diarios. Un esforzado laburante, borrador y tiza en mano, escribía los cables que llegaban con las alternativas que se sucedían en Barracas. Cuando se confirmó el triunfo, el pueblo salió a festejar lo que era una proeza. En la desaparecida cancha de la calle Iriarte nació el mito de la garra guaraní.