martes 24 de febrero de 2026

Se arrodilló ante sus verdugos

Norma, la madre que venció, de la mano de Dios, al “monstruo” de la injusticia para liberar a su hijo, Jhiery Fernández

Patricia Pacajes, la jueza que dictó sentencia contra el joven médico, le dijo que “hay un Dios que hará justicia, no llores”. Meses después, se publicó un audio en el que la misma jueza confesó que había condenado a su hijo sin pruebas.
Norma Sumi, en noviembre de 2018, abraza a su hijo, el médico Jhiery Fernández, quien junto a su padre salen del Tribunal de Justicia de La Paz. Foto: Carlos Quisbert
Norma Sumi, en noviembre de 2018, abraza a su hijo, el médico Jhiery Fernández, quien junto a su padre salen del Tribunal de Justicia de La Paz. Foto: Carlos Quisbert
viernes 24 de mayo de 2024

Entre 2014 y 2018 tres hitos marcaron la vida de Norma Sumi Segales y toda su familia. El primero, se dio en diciembre de 2014 cuando, en medio de los fríos pasillos del Tribunal de Justicia de La Paz, bajo la nube de cámaras, micrófonos y periodistas además de los empujones de los policías, su abogado le informó a las volandas que su hijo, el médico Jhiery Fernández, sería enviado a la cárcel de San Pedro imputado por la supuesta violación y muerte del bebé Alexander.

“Si otra madre viviera lo que yo y mi familia hemos pasado, le diría que se aferre a Dios, porque en este país no hay justicia. Porque solo de la mano Dios hemos sacado a Jhiery de la cárcel, le hemos ganado a ese monstruo. Todavía me acuerdo cómo me arrodillé ante ese hombre, (el exfiscal General, Ramiro Guerrero) para pedirle que digan la verdad, que mi hijo era inocente. Pero no sabía que él era el que había dirigido todo”, recuerda Norma, con la angustia que toda madre siente al revivir el dolor por el que atravesó su hijo.

Los primeros tres años después de que privaran de libertad a su hijo, ella no celebró el día de la madre, asegura que su corazón no tenía fuerzas para ello, su único consuelo era saber que él aún estaba vivo y podría abrazarlo, a pesar de que sea al interior de la cárcel, con el oscuro y húmedo marco de las paredes de adobe y estuco. Sólo el cuarto año, días antes del 27 de mayo, llegó el regalo que le devolvería el significado a ese día y luego le daría a su hijo la ansiada libertad.

Desde que se casó, allá por 1980, Norma se mudó de La Paz a Oruro y allí educó a sus tres hijos, los doctores Jhiery y Limbreth Fernando, además de Ibelisse Narda, odontóloga. Pero durante todo el proceso vivió entre la Terminal de Buses y las gradas de los tribunales en la sede de Gobierno.

Norma Sumi, a izquierda, en 2014 frente al penal de San Pedro. A la derecha, en las gradas del tribunal donde se realizaba el juicio contra su hijo. Foto: Carlos Quisebert

La historia

En la cronología de los hechos, el segundo hito que dejó huella en la madre del médico se dio el 27 marzo de 2018, cuando los jueces Patricia Pacajes, Roberto Mérida y Gladis Guerrero, dictaron sentencia de 20 años contra su hijo mayor. Norma, recuerda que aquella madrugada logró alcanzar a Pacajes para reclamarle “cómo había podido” dictar aquella condena, pese a todos los documentos, testimonios y pericias científico forenses que probaban la inocencia de Jhiery, e incluso desvirtuaban la violación contra el bebé de ocho meses.

Aquella madrugada lluviosa, solo minutos después de que dictaron la sentencia de su hijo, “los agarré a todos (jueces y abogados de la Gobernación de La Paz, la Defensoría de la Niñez y el Ministerio de Justicia). No sé cómo, porque ahora ya no puedo caminar bien, pero también la alcancé a la Pacajes cerca de la escuelita (ubicada cerca a los tribunales), se había escapado de la prensa. Le he dicho: ‘Tú sabes que mi hijo es inocente, tienes todas las pruebas. ¿¡¡Cómo lo has condenado a mi hijo!!?”, recuerda que reclamó la madre.

Los jueces, Galdis Guerrero, Patricia Pacajes y Roberto Mérida interrogan a la enfermera Lola Rodríguez. Foto: Carlos Quisbert

El relato vívido de “doña Normita”, como se hizo conocer entre los periodistas del área de Seguridad que siguieron su caso ese tiempo, sólo se interrumpe por que le cuesta recordar los nombres y apellidos de todos a los que consideró “verdugos” de su hijo. Las respuestas de la madre fluyen sin pausas, sin esas evasivas que varias veces ella, su familia y la sociedad identificaron en las declaraciones que durante esos años dieron a la prensa los jueces y fiscales acusados de manipular el caso y sentenciar a un inocente.

“No llores, señora, no podía hacer nada, han venido a mi casa, estaba en juego mi trabajo”, son las palabras que Norma asegura le dijo Pacajes aquella madrugada. Para que la deje ir, recuerda la madre del galeno, la jueza le profetizó: “No llores, hay un Dios que todo lo sabe, él te va hacer justicia”.

Norma exhala con el alivio de saber que todo eso ya es solo parte de un pasado que su familia y ella buscan olvidar. Cambia de tono, se serena y el relato de Norma continúa: “Pensar que meses después, de su propia boca iba a salir la verdad, ella (Pacajes) es la que dijo que el (exfiscal General) Guerrero ordenó que lo culpen a mi hijo, porque esa forense (del Instituto de Investigaciones Forenses, Ángela Mora) se equivocó, pero como era su querida del Guerrero tenía que seguir con (la versión de) la violación. En verdad, sólo Dios nos hizo justicia, gracias a que le han grabado a esa señora mi hijo se ha liberado”.

Precisamente, el 17 de septiembre de 2018, el diario Página Siete publicó una investigación sustentada en los informes forenses, relatos oficiales de testigos y el extenso audio en la que la entonces jueza Pacajes, quien en estado de ebriedad pedía a un grupo de interlocutores que la escuchen, y revelaba los entretelones del caso y confesaba que había sentenciado sin pruebas a un inocente.

Esa fecha marca el inicio del tercer hito en la vida de Jhiery, Norma, la de su esposo, Félix Fernández Arce, toda su familia y gran parte de la población que creía en la inocencia del galeno y siguió con interés todo el proceso. La humilde mujer nacida en el municipio paceño de Pucarani hace 65 años, recuerda, “ese día todos hemos zapateado de alegría, he llorado, todos hemos llorado de alegría. Dijimos, ‘ahora sí, el Jhiery tiene que salir libre, inocente’ y así lo hemos sacado. De verdad, sólo con Dios hemos vencido a ese monstruo que eran los fiscales”, rememora.

Norma Sumi se abre paso entre los periodistas abrazando a su hijo al salir de San Pedro. Foto: Página Siete

En casi cuatro años, asegura la madre del galeno, esa fue la primera vez que, después de miles de lágrimas que derramó entre la cárcel de San Pedro, la Fiscalía y los juzgados de la ciudad de La Paz, lloró de alegría. El 10 de octubre de 2018 lo volvió a hacer, y esa vez cumpliendo el anhelado sueño de ver libre a su hijo, los ojos de Norma y del país vieron abrirse las puertas del penal de San Pedro, por donde vestido de blanco, con una biblia en la mano, Jhiery salió para abrazar Norma y a don Félix.

Una lluvia de flores y gritos de alegría matizaron aquel encuentro. La imagen fue portada de noticieros y periódicos en todo el país, como un símbolo de la justicia, por supuesto no de la boliviana, sino de la divina.

Las afirmaciones de Norma tienen una virtud y un peso específico que venció al tiempo y a todos los títulos en derecho que tenían sus detractores. Con ayuda de sus abogados, Cristian Alanes y Mónica Palama, primero revelaron que su hijo era inocente, que se lo condenó sin pruebas científicas. Pero, además, probaron el actuar malicioso de los abogados del Estado, principalmente de los jueces a los que se destituyó por este caso, y de los fiscales, Edwin Blanco (actual juez de sentencia) y Susana Boyán, quienes están en vísperas de afrontar un juicio, acusados por ocultar las pruebas de la inocencia del médico.

Los exfiscales, Ramiro Guerrero, Edwin Blanco y Susana Boyán. Foto: Página Siete

Por supuesto, la penosa redacción de los funcionarios judiciales, expuesta en los memoriales enrevesados que no cuidan sintaxis ni ortografía, no reflejan el relato inocente de la madre de Jheiry. Sus afirmaciones fluyen sin pausas y al contrario de las declaraciones de quienes supuestamente buscaban hacer justicia en favor del bebé Alexander, la madre del galeno argumenta que la mejor defensa para ese niño y su propio hijo fue que se conociera la verdad.

De rodillas ante los verdugos

La madrugada que Pacajes dictó la sentencia de 20 años, afirma Norma, se dio modos de encarar a cada uno de los jueces, abogados y fiscales, “solo la (jueza) Guerrero se me escapó”, dice con picardía. Al primero que cuestionó por la condena, fue al abogado del Ministerio de Justicia, Daniel Mollo, a quien su corazón de madre le decía era quien “confabulaba con los fiscales” para acusar a su hijo, “me he arrodillado y le he dicho ‘gracias, tú eres hombre y le has hecho esto a mi hijo’, me he levantado antes de que me vean los de la prensa”.

Luego, alcanzó al juez Mérida, y además de darle “gracias”, también le recordó que había causado un mal a un hombre inocente. Entre risas, Norma recuerda que luego encaró a la persona que más temor le provocaba, la exfiscal Boyán, “se fue el miedo, pero me ganó la rabia y le dije que ‘tú tienes hijos y sabrás qué se siente’. Yo estaba como tonta, no podía creer que habían condenado a mi hijo. Ya no me quiero acordar”, lamenta.

Los abogados acusadores en el caso del médico Jhiery Fernández, Foto: Carlos Quisbert

Entre decenas y decenas de recuerdos, Norma prefiere remarcar que nunca dudó de la inocencia de su hijo, que su corazón de madre agradece todo el apoyo que recibió durante esos años de su familia, de los periodistas que le creyeron y de “Dios, sólo con Dios he logrado pasar todo esto. Como madre nunca se me cruzó por la cabeza que mi hijo podría pasar algo así. Ahora sí voy a celebrar el día la madre”, concluye en tono feliz Norma.

Félix Fernández y Norma Sumi, en el Prado de La Paz, luego de la liberación de su hijo. Foto: Anabel Vanca