lunes 6 de abril de 2026

La Tribuna

Se acabó el suplicio

Si Guillermo Viscarra se formó y jugó años en Brasil, por qué no se quedó allí. Si Ramiro Vaca fue a Bélgica y jugó a nivel europeo, por qué no se quedó allá y subió su nivel, aspirando llegar a una liga más grande. Por qué volvieron al país donde el nivel es tan bajo. No se entiende.
miércoles 03 de julio de 2024

Cuando la juez del partido Alves Batista de Brasil hizo sonar el silbato, terminando las acciones entre Bolivia y Panamá, con victoria centroamericana por 3 a 1; fue como si se apiadara de todos en el país, dando por finalizado el martirio de participar en una Copa América, donde nos volvimos a dar cuenta lo lejos que estamos del resto de las selecciones a nivel del continente.

Lo peor de esto es que torneo que pasa estamos más distanciados en todo sentido y nuestra presencia en campeonatos como la Copa América es simplemente para participar y de ninguna manera para competir. Esos momentos pasaron hace mucho tiempo y solo los tenemos en la mente como un vago recuerdo de nostálgicos del fútbol. “El tiempo pasado fue mejor”.

El boliviano de alguna manera quiere revertir los resultados adversos de hoy con la memoria viva de lo que se tuvo hace 3 décadas. Las nuevas generaciones ya no saben de vivir esos instantes de alegría y la tan llamada “mística” de esas selecciones y de esos inolvidables jugadores que vistieron La Verde. Nuestro color distintivo emblemático. Hoy perdimos hasta esa identidad. Bolivia jugó con uniforme de color rojo, cerrando su presencia en Estados Unidos con un tono de verde irreconocible. ¡Todo mal!

La Copa América de Estados Unidos 2024, marcará la peor campaña de una Selección Boliviana. Esta vez fuimos realmente lo peor del campeonato, en todo sentido. Un equipo falto de nivel, jerarquía, trabajo físico, técnico, táctico. Un juego predecible, sin ideas, sin creatividad, sin ambición, deseo de superación, amor propio, pundonor deportivo. La Selección Boliviana no mostró: factores de desequilibrio, automatismos, juego colectivo, menos individual; sin alguna referencia de jugadores diferentes, menos capacidad de liderazgo. Mal parado en todas sus líneas, sin sorpresa, lento hasta el punto de la histeria para quien lo mire y siga las acciones de un partido en el que juega Bolivia. ¡Vaya tormento!

Los tres encuentros

A lo largo de estas dos semanas, solo vivimos una gran decepción. 3 partidos jugados, 3 derrotas, 10 goles en contra 1 a favor. Esos si son registros de una estadística negativa. Más tristes debemos ponernos al reconocer que no hay visos de solución para esta selección que en el mes de septiembre tiene que reanudar su actividad internacional con la complicada eliminatoria a la Copa Del Mundo de 2026. Así como estamos, lo más seguro es que sigamos cosechando derrotas, para terminar el año arrinconados en el fondo de la mediocridad, cabeza gacha y resignados una vez más a llevar el rótulo en nuestras frentes que diga “los peores”. Una verdadera lástima.

Ha terminado para Bolivia una nueva versión de Copa América. Cada vez peor y sin poder argumentar algún criterio que nos haga ilusionar en una mejora a corto o mediano plazo. Si es obligación ahora de los dirigentes del fútbol, salir al frente y dar no solo explicaciones, sino soluciones, proyectos a ser aplicables de manera inmediata; de lo contrario seguiremos podridos en este lodo tan purulento y dañino que afecta a todos.

Los jugadores también tendrán que salir al frente y pedir una disculpa a la afición luego de la vergonzosa presentación en Estados Unidos. Si bien tenemos claro que los problemas en el fútbol boliviano son de fondo y forma; que se debe cambiar estructuralmente la realidad que nos pone de manifiesto al momento de competir fuera del país, es necesario escuchar su sensibilidad con la gente boliviana que los ha seguido y de manera irrestricta, loable y hasta estoica ante tan humillantes derrotas, que le quitan la autoestima a cualquiera.

Como últimamente también los jugadores bolivianos han encontrado en estos argumentos un blindaje que los vuelve “mártires” y que lejos de tener una responsabilidad por la paupérrima presencia internacional, debemos darnos cuenta que están carentes de: formación, competencia de buen nivel desde las categorías menores, que no se cuenta con centros de alto rendimiento. Las selecciones bolivianas no tienen un lugar propio donde entrenar, una cancha con todas las condiciones y exigencias del fútbol moderno donde poder entrenar, jugar como se debe y rendir un fútbol prolijo, son “los pobrecitos” de la historia.

Sin embargo, estamos en la obligación de pedirles explicaciones, pues cobran un buen dinero y eso marca la diferencia, pues son profesionales y van a la competencia representando al país y así también quedamos todos con su pobre producción. Al técnico Zago creo que ya lo hemos escuchado demasiado, pues en esta Copa América habló siempre; no dijo nada, pero al menos dio la cara.

Los pocos jugadores que dieron declaraciones solo justificaron. Si Guillermo Viscarra se formó y jugó años en Brasil, por qué no se quedó allí mejorando su nivel profesional. Si Ramiro Vaca fue a Bélgica y jugó a nivel europeo, por qué no se quedó allá y subió su nivel, aspirando llegar a una liga más grande. Por qué volvieron al país donde el nivel es tan bajo. No se entiende.

Muchos dilemas de la desastrosa participación de la Selección Boliviana en la Copa América de los Estados Unidos 2024 deberá ser tratada abiertamente por los responsables y darle solución con una estrategia viable para el resurgimiento del pobre fútbol boliviano.

De momento solo coincidir con un criterio generalizado luego de la eliminación. ¡Se acabó el suplicio!