domingo 12 de abril de 2026

Trabajó durante toda la noche en medio del desastre

Rimberth, el héroe que salvó vidas en la mazamorra de Achocalla

El 17 de febrero, una riada de lodo afectó a 35 personas que vivían en Achocalla. Una de ellas era un estudiante de Enfermería que colaboró con los heridos.
El estudiante de Enfermería Rimberth Carvajal Medrano, una semana después del desastre. Trabajaba en el desentierro de las casas.  FOTO: Jorge Soruco / Visión 360
El estudiante de Enfermería Rimberth Carvajal Medrano, una semana después del desastre. Trabajaba en el desentierro de las casas. FOTO: Jorge Soruco / Visión 360
miércoles 24 de julio de 2024

Rimberth Carvajal ya estaba en cama cuando escuchó los primeros golpes en las calaminas del techo de su habitación. Al principio fueron unos cuantos ping ping, pero el sonido comenzó a multiplicarse rápidamente. El joven estudiante de Enfermería logró salir con su madre segundos antes de que una riada de lodo enterrara su vivienda y otras casas.

“Fue pura suerte que escuchara la calamina. Si no, no estaría aquí contándole esta historia”, contó el paceño de 21 años.

No es una exageración. Esa noche tres personas perdieron la vida, aplastadas por el lodo y piedras que sepultaron la casa vecina a la de Carvajal.

Semanas después del desastre que ocurrió el 17 de febrero en la madrugada, el joven aún recordaba claramente los acontecimientos de esa noche. Revivía el escape de la casa -“Tuve que saltar de las escaleras tras que saliera mi mamá”-, el correteo buscando a los vecinos en la oscuridad más cerrada, el llanto de los heridos y de quienes perdieron todo, y la frustración de no poder hacer mucho para ayudar a los demás.

Carvajal se destacó porque  fue uno de los voluntarios que, pese al frío, trabajaron toda la noche y gran parte del día para ayudar a los vecinos. Desde colaborar en la búsqueda de objetos, incluyendo a los suyos, reunir familias dispersadas por el caos, establecer puntos de reunión y, principalmente, por sus conocimientos iniciales de enfermería para atender a los heridos antes de llegar los servicios médicos oficiales.

Colchones para los afectados en la sede social de la urbanización. FOTO: Jorge Soruco / Visión 360

 

Es que Rimberth decidió seguir esta carrera para colaborar a las personas. “Siempre busqué un oficio que me permitiera ayudar a otros. Tras buscar, decidí decantarme por enfermería”.

Vida de trabajo y estudio
Carvajal nació en El Alto el 30 de noviembre de 2002. Sus papás eran originarios de Laja y Coripata, migraron a la ciudad en busca de una mejor vida.

Tras años de trabajo, su madre consiguió construir su casa en Achocalla. La vivienda se encontraba en la urbanización Arco Iris, en el  Distrito 7 de ese municipio, uno de los más cercanos a la ciudad de El Alto.

Rimberth señala hacia donde se encontraba su cuarto, ahora destrozado y enterrado bajo barro.  FOTO: Jorge Soruco / Visión 360 

 

En la construcción, originalmente, vivían la madre y sus dos hijos, desde 2010. Rimberth no suele hablar de su padre. Con el tiempo su hermano mayor también pudo comprar un terreno en la misma calle, donde levantó su propia casa, donde vivía hasta el día del desastre.

Toda la familia tenía una actividad económica para ayudar con las cuentas. Gracias a eso los chicos pudieron completar su educación escolar.

Al graduarse, Rimberth comenzó a evaluar su futuro. Principalmente buscaba algo que le ayudara a salvar vidas.

“Estoy cansado de que la gente se muera cuando no recibe ayuda, que sufra cuando ocurren los desastres como el del 17 de febrero. No quiero que nadie pase por lo que sufrimos nosotros”, indicó.

Entre las posibilidades de estudios que barajó se encontraba el unirse a las Fuerzas Armadas o a la Policía Boliviana. Por razones que no especificó no lo logró, así que tuvo que buscar otras opciones.

“No tuve la oportunidad de unirme a esas instituciones. Por eso comencé a buscar otras opciones. Paralelamente trabajaba como artesano y en otros oficios. Al final me encontré con Enfermería y creo que es lo mejor para mí”, contó.

Esto significa que antes de inscribirse a la carrera técnica, el joven estudiante ya había aprendido técnicas para ayudar a personas en necesidad. Continuó trabajando de forma paralela para facilitar el pago de sus estudios.

Así, este mismo año comenzó su proceso educativo. Al ser una profesión técnica, tendrá una duración de dos años en el instituto Sagrados Corazones.

Aunque Rimberth tenía poco menos de dos meses de estudios cuando ocurrió el desastre, sus conocimientos previos, sumados a los aprendidos en las clases, fueron esenciales para ayudar a sus vecinos durante los días más difíciles de la zona.

Historia de desastres    
La zona donde vive la familia Carvajal no es extraña a derrumbes y oleadas de mazamorra. Aunque pocas veces con la gravedad de lo ocurrido a principios de 2024. El Distrito 17 de Achocalla se encuentra en un valle alto cerca de la ciudad de El Alto. Allí, las casas están rodeadas de las elevaciones del municipio vecino y pequeños cerros.

“No es ninguna novedad que cuando las lluvias son muy fuertes, hay peligro de que se derrumben algunos acantilados. Pero normalmente no nos afecta en esta parte”.

Esto se debe a que más arriba, a unas tres cuadras de donde se encontraba la vivienda de Rimberth, había un bosquecillo pequeño. La vegetación impedía que los escombros y el lodo llegaran a las casas.

Casas destrozadas que están arriba del terreno de Rimberth.    FOTO: Jorge Soruco / Visión 360

 

Según recordó Rimberth, en circunstancias normales, los ríos de barro se desvían gracias a la arboleda, por lo que “nos encontramos en una especie de triángulo que queda al medio entre dos mazamorras”.

Pero este año las circunstancias cambiaron. Las fuertes lluvias golpearon el país durante varios días, provocando estragos en los municipios paceños. Desde La Paz hasta Achocalla, pasando por Palca y El Alto, las precipitaciones produjeron desde riadas intensas hasta derrumbes, inundaciones y mazamorra.

La situación se agravó por varios factores, principalmente humanos. Tanto en La Paz como en Achocalla, las autoridades culparon a los loteadores de causar la inestabilidad de los terrenos en altura.

“Los loteadores están destruyendo La Paz”, aseguró el alcalde Iván Arias en una entrevista reciente con Visión 360. “Construyen en zonas no aptas para ello. Eso debilita la tierra y hace que las probabilidades de que se presenten derrumbes sean muchísimo más altas”.

Manuel Condori, el alcalde de Achocalla, además de identificar a las construcciones irregulares, apuntó a la vecina ciudad de El Alto. Ese criterio es compartido por los ciudadanos afectados.

“No se trata solo del fenómeno, sino que como El Alto ha crecido, pues se viene toda el agua hacia Achocalla y no se están haciendo los trabajos pertinentes y no es solo de esta gestión”, expresó el alcalde de Achocalla, Manuel Condori, cuando los medios le entrevistaron el día del desastre.

“Es culpa de El Alto. Ellos botan sus aguas a los cerros y bien débiles los dejan”, reclamó doña Florencia (seudónimo), una de las propietarias afectadas por la riada de lodo y que recibió la ayuda del estudiante de Enfermería.

“No hay duda, todo viene de arriba, y arriba solo tenemos El Alto”, agregó Roberto, uno de los voluntarios en la tarea de desenterrar las propiedades cubiertas por el barro.

“Por lo que sabemos, en El Alto tienen problemas con el agua que se filtra hasta  nuestra zona. Eso hace que caiga tierra, pero nunca como esa noche”, agregó Rimberth.

Sin embargo, el Gobierno Municipal de El Alto rechazó esa posición. Diferentes autoridades de esa Alcaldía indicaron que lo ocurrido se debió tanto al incremento en las lluvias como a la cantidad de ríos de la zona.

Cuando Visión 360 acudió a  la urbanización Arco Iris, se pudo recoger los reclamos de algunas de las más de 35 personas afectadas por el desastre. Mientras escarbaban en sus terrenos o ayudaban a sus vecinos a hacerlo, comentaban acerca de la noche en la que perdieron sus propiedades y sobre las acciones de su gobierno municipal.  
 
Noche de terror
Rimberth recuerda que la riada ocurrió a eso de la 01.00. Él ya se encontraba en su cama cuando escuchó las primeras piedras golpear contra su casa.

“Me di cuenta que estábamos en peligro. Así como estaba, casi desnudo, salí de mi cuarto, desperté a  mi mamá y  la saqué de  la casa. Ella salió y luego yo”, recordó el estudiante.

Cuando se aseguró de que su progenitora se encontraba bien, se juntó con otros jóvenes vecinos para ayudar a otros. De esa forma lograron sacar a uno de su casa, por una ventana, aunque esa persona fue herida por los vidrios rotos.

También lograron la sobrevivencia de otra vecina cercana. Pero la buena suerte no llegó a todos: fueron tres personas a las que el estudiante de Enfermería no pudo llegar a tiempo, las tres víctimas mortales registradas esa noche.

La gente se acercó a  la zona de desastre con vituallas para los afectados. Ya vestido con prendas  prestadas, Rimberth continuó trabajando toda la  noche.

Primero vendó la herida de uno de los rescatados. Después atendió las contusiones de otros vecinos y ayudó a escarbar en el barro en busca de lo poco que podían conseguir, en plena oscuridad. Cuando despuntó el alba, Rimberth, su madre y los otros afectados se resguardaron en la sede social.

“El joven se portó heroicamente. Ayudó en todo, pese a que también fue afectado”, comentó uno de los voluntarios que descansaba en la sede.

Sus curaciones de emergencia fueron suficientes hasta que la Alcaldía y la Gobernación pudieron enviar personal médico para atender a los refugiados.  

Allí todavía vivían más de una semana después del evento. Dormían en el lugar y, temprano en la mañana, acudían a su terreno para ayudar en el rescate y ver si podían salvar alguna de sus propiedades.

“Lo hemos perdido todo. Todos los útiles que tenía para mis estudios, incluyendo mi computadora, han quedado enterrados bajo el lodo”, lamentó.

A la luz del sol se podía ver, entre la endurecida tierra, parte de un tejado de calamina y una pared que, por lo poco que se observaba, alguna vez estuvo pintada de amarillo.

“Ahí estaba mi cuarto”, señaló Rimberth. “Ahí también tenía el equipo para hacer vino artesanal. Eso también se perdió, además de la coca que mi mamá vendía”, agregó. Así, el héroe de la noche del desastre reveló que le tocaba ser rescatado.

La comunidad se organiza para ayudar a los afectados

A los pocos días de ocurrida la mazamorra, la historia de Rimberth se dio a conocer en las redes sociales. Ya se sabía que uno de los jóvenes afectados trabajó como enfermero esa madrugada.

De esta manera se inició una especie de cacería humana digital. Primero fueron unas líneas de texto en YouTube que pedían datos sobre “el héroe de Achocalla”. Poco tiempo después, alguien logró identificar a Rimberth Carvajal y explicar las precarias circunstancias en las que estaba.

Así se inició una campaña para colaborar con el estudiante de Enfermería. Ya sea con ropa o algo de dinero, los paceños se movilizaron.

Rimberth tenía muchas preocupaciones, pero entre las principales se encontraba la dificultad de reanudar sus estudios de enfermería.  

“No puedo darme el lujo de perder muchas clases. Como es una carrera corta, cada hora que no asisto me perjudica mucho”, dijo.

Asimismo, manifestó su preocupación por su madre. “No sé cómo vamos a mantenernos. Mi hermano también se vio afectado: su casa quedó destrozada. Por suerte su mujer y él se encuentran físicamente bien”.

Mediante la cuenta de Facebook The Clean Tangerine se informó de una iniciativa para ayudar a Rimberth. Para hacerlo se pidió que se colabore con montos de dinero, lo  que se pueda, depositando en la cuenta de caja de ahorros en bolivianos del Banco Unión, 10000047531905, a nombre de Rimberth Carvajal Medrano, con CI: 11547442 LP.ç

No fue el único. Diversos grupos propusieron ayudar a los 35 afectados por la riada de lodo, ya sea con vituallas o excavando en los restos.

BIOGRAFÍA

NACIÓ. Rimberth Carvajal Medrano nació en la ciudad de El Alto el 30 de noviembre de 2002.

ESTUDIOS. Actualmente está inscrito en el instituto Sagrados Corazones. Sigue la carrera de Enfermería, que toma dos años.

OCUPACIÓN. Paralelamente a sus estudios, Rimberth trabajaba en la fabricación  de vino artesanal que vendía por su cuenta.

DESASTRE. El 17 de febrero se encontraba en su hogar cuando comenzó el deslizamiento. Logró salir de su casa con su madre y ayudó a rescatar a varios vecinos. Durante el resto de la noche trabajó colaborando a sus congéneres en plena  oscuridad.