lunes 23 de febrero de 2026

Marcelo Sadres, especialista en recursos hídricos

FAO: “Hay que entender que invertir en agua es una medida estratégica”

El especialista de la FAO habla acerca de la importancia de hacer inversiones para facilitar el acceso seguro al agua dulce y garantizar seguridad alimentaria.
Marcelo Sadres Blanco, en la sede de la FAO en La Paz. El ingeniero, máster en recursos hídricos, dirige varios proyectos en Bolivia. FOTO: Jorge Soruco / Visión 360
Marcelo Sadres Blanco, en la sede de la FAO en La Paz. El ingeniero, máster en recursos hídricos, dirige varios proyectos en Bolivia. FOTO: Jorge Soruco / Visión 360

Marcelo Sadres Blanco  es especialista en Agua y Gestión de Recursos Hídricos  de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por su sigla en inglés). Visitó el país para verificar el avance de los proyectos que lleva adelante la organización, sobre mantenimiento de cuencas. El especialista conversó con Visión 360 sobre el tema del agua. 

Bolivia es rica en agua dulce. ¿Cómo se puede equilibrar el cuidado y el acceso, con sistemas de conexión y distribución urbana y rural? 
En general, los países de la región tienen buena disponibilidad de recursos de agua dulce. Eso, sin embargo, no quiere decir que estamos exentos de dificultades en cuanto al manejo y a la gestión del recurso.

Además, hay que entender que una cosa es el agua que podemos tener y otra tener el líquido disponible en el momento que lo necesitamos. Por ejemplo, tenemos episodios de lluvias intensas que, obviamente, nos dan buenos caudales de agua. Pero, eso también puede generar dificultades, como deslizamientos e inundaciones. Sin embargo, también es cada vez más frecuente experimentar periodos de sequías muy extremas.

Esta disponibilidad de agua también se da de manera muy desigual en distintos territorios. Bolivia no es la excepción, tiene zonas con más disponibilidad y otras regiones donde la escasez se hace sentir.

Lo fundamental es tener buenos procesos de planificación, que estén basados también en datos adecuados, lo que nosotros llamamos la contabilidad del agua, similar a la que tenemos cada uno de nosotros en nuestras casas. Esto es entender cuál es la oferta de agua que nos dan los sistemas naturales, cuáles son las demandas y que hay cierto equilibrio. Si eso no ocurre, empieza la escasez.

Para eso, tenemos los procesos de lo que llamamos gestión integrada del recurso hídrico, es decir, intentar gestionar de manera conjunta el agua, el suelo, los recursos asociados, maximizando el bienestar social y económico e intentando minimizar el impacto sobre los ecosistemas. Y ¿por qué esto es importante? Porque el agua es una fuente de vida y es fundamental para sostener las funciones ecosistémicas.

¿Cuán importantes son las políticas programadas para prever que las carencias, principalmente en zonas marginales y rurales, no se agudicen?
Pasa algo bien curioso: justamente en las áreas rurales es donde nuestras poblaciones tienen mayores dificultades para acceder al agua.

Esto genera restricciones, porque en las áreas rurales es donde se generan los alimentos. Entonces, se ven expuestas desde múltiples perspectivas.

Muchas veces practican la agricultura con fines de subsistencia, y el no disponer de líquido les afecta en dos sentidos: por un lado, obviamente, están las dificultades del acceso al agua; por el otro, el agua que necesitan para poder producir sus alimentos tiene que tener determinadas características.

Esta presión sobre los sistemas agrícolas tiene efectos a la hora de valorar precios y disponibilidad de los alimentos. Pero también genera impacto social, como el desplazamiento de poblaciones rurales hacia las ciudades. Desde esa perspectiva, el agua es el factor principal para la seguridad alimentaria.

El agua se ha convertido también como una especie de bandera política. ¿Qué tipo de políticas serían las más adecuadas?
Tiene que haber inversiones y apoyo a los sistemas comunitarios de abastecimiento de agua. Sabemos que orientar las políticas hacia el abastecimiento de agua potable o de agua segura en las zonas urbanas suele ser priorizado por el impacto que genera en múltiples niveles.

En general, los países de la región tienen buena disponibilidad de recursos de agua dulce. 

Pero, justamente, hay que entender que invertir en agua para el medio rural es estratégico. Permite que el campesinado se pueda mantener en el área rural, que pueda disponer de medios de subsistencia y permite que se puedan producir los alimentos que necesitamos.

El cambio climático y los eventos catastróficos, como los incendios forestales en la Amazonia, ¿cómo y cuánto influyen en la disposición del agua?  
Influyen notoriamente. Nosotros, como agencia, implementamos un proyecto de adaptación al cambio climático de comunidades rurales.

Obviamente, el tema del incremento en la temperatura media global impacta sobre las necesidades de agua de los cultivos. A mayor temperatura, los cultivos también, lógicamente, necesitan más agua, y usted sabe bien que el cambio climático ya es un hecho y ha significado el incremento de la temperatura en casi dos grados, por eso es importante trabajar en múltiples acciones.

Por un lado, hay que pensar en cultivos que sean más resistentes a los procesos de sequía y escasez de agua; obviamente, mejorar las instalaciones vinculadas al riego, para tener un riego más eficiente, disminuyendo las pérdidas en las conducciones, pero también tecnificando a nivel intrafinca para usar el agua de manera más eficiente.

Hay múltiples acciones, como, por ejemplo, implementar soluciones basadas en la naturaleza. Esto quiere decir proteger o cuidar la zona de recarga de los acuíferos, entre otras.

Una cosa es el agua que podemos tener y otra tener el líquido disponible en el momento que lo necesitamos.

Hay múltiples medidas que tenemos que implementar para irnos adaptando a esta realidad del cambio climático. Por ejemplo, en Bolivia, como FAO tenemos distintas acciones en distintos niveles, como trabajar en las cabeceras de cuenca, donde se da la recarga de acuíferos, la generación de agua. Protegemos esas zonas, trabajamos con especies nativas.

En las zonas medias intentamos almacenar agua y generar infraestructuras de riego, que estén adaptadas al cambio climático. Y en las zonas más bajas, favorecer prácticas agrícolas más sostenibles, con semillas que sean más resistentes a la sequía; pero también utilizando tecnologías sustentables, como carpas solares e hidrogeles.

Si bien muchos de los desastres no son prevenibles, ¿qué ocurre con los que podemos detectar, como los causados por los fenómenos del Niño y la Niña? ¿Qué hacer?
Nosotros, desde la región, estamos abogando por la implementación de sistemas de alerta temprana integrales. Esto quiere decir ir monitoreando las condiciones del clima y generar información, para difundirla de forma que las comunidades puedan tomar acciones.

Justamente en las áreas rurales es donde nuestras poblaciones tienen mayores dificultades.

En la producción agropecuaria esto es fundamental y permite planificar el ciclo del riego y del cultivo, con base en información agrometeorológica. Estos sistemas de alerta temprana integrales, tenemos que adaptarlos a las condiciones de cada territorio. Evidentemente, si estoy en una comunidad alejada, que no tiene acceso a internet, o que no puede disponer de determinados elementos de protección, tengo que pensar cómo trabajar en ese contexto para que lleguen las alarmas en el momento indicado, de la forma correcta, y que, después, también haya un sistema que permita tomar acciones para mitigar los impactos de esas catástrofes de emergencia.

Un problema que enfrentan Bolivia y otros países es la instalación de cientos de dragas mineras en los ríos. ¿Qué efectos puede tener esto a largo plazo y cómo se debe afrontar esta situación?
El agua es un asunto complejo. Porque sostiene las funciones ecosistémicas, pero, también es clave para muchas actividades económicas, no solo la minería. La industria, la generación de energía y la agricultura también dependen del recurso.

Evidentemente, todos los actores deberían actuar de manera responsable para preservar un recurso que es vital y de todos.

Obviamente, el sector de la minería genera impactos y tiene que haber regulación y control por parte del Estado, para que ese bien común sea preservado y para que lo que hacen las actividades mineras no termine perjudicando al ecosistema, además de  a otras comunidades y a otras actividades, que también requieren agua.

El agua ya está generando conflictos. No en nuestra región, pero sí en Asia o África.

Se debe penalizar cuando hay infracciones, o cuando no se cumple con la normativa vigente, como forma de que los actores también entiendan que hay que cuidar mucho más el agua.

¿Cómo evitar las intenciones de acaparar el agua de una manera económica y evitar que se den conflictos? 
El agua ya está generando conflictos. No en nuestra región que,  en términos relativos tiene cierta abundancia en el recurso hídrico; somos una región afortunada, en ese sentido.

Pero, si usted va a Asia o África, verá claramente conflictos relacionados con el manejo del agua. De hecho, hay dos mil millones de personas en el mundo que, hoy, no tienen acceso a sistemas gestionados de manera segura.

Nosotros, como FAO, asumimos ese compromiso, en la última Cumbre del Agua, de proteger el acceso,  impulsando un diálogo global, con su versión regional, sobre la tenencia responsable. A partir de ese diálogo se busca, o ya contamos con una metodología para aplicar en los diferentes países, que permita evaluar estos temas, entendiendo siempre que hay múltiples intereses y conflictos, y que hay que mediar.

Pero creo que es importante este diálogo, que intentamos llevar a cabo, además de una metodología para que los países puedan evaluar en qué situación están en cuanto a la tenencia responsable del agua. 

Se habla del agua desde la perspectiva humana, pero ¿qué ocurre con la fauna y flora? 
Nosotros trabajamos desde la perspectiva de una mejor producción,  una mejor nutrición, que es parte del mandato específico de la FAO. Pero, también lo hacemos desde la perspectiva de un mejor ambiente y una mejor vida, como soporte indispensable de los ecosistemas, por lo  que a la hora de llevar adelante la contabilidad hay un porcentaje que tiene que estar destinado al sostenimiento ambiental.

Algunos países le llaman caudal ecológico, otros caudal ambiental, eso varía un poco la metodología de cálculo. Algunos abordajes son más integrales, otros más hidrológicos.

¿Hay alguna manera de incentivar que las empresas vean un recurso en el manejo del agua, sin hacerla prohibida para los demás? 
El acceso a servicios de agua de calidad es un derecho básico universal, las personas deberían acceder a agua segura. Esto no significa que no se pueda pensar en un sistema de tarifas lo suficientemente justo como para que aquellas personas que pueden pagar por el agua un poco más, también lo hagan.

Un ejemplo, algo burdo, es que no es lo mismo una persona que consume 50 litros por día, para satisfacer las necesidades para las funciones vitales, que las familias que pueden llenar una piscina. Por eso, se trabaja en sincerar las tarifas, pero,  entendiendo que es necesario que existan inversiones, y para que las empresas o los Estados puedan hacer eso, tiene que haber un retorno.

Pero más allá de eso, hay que entender que el gran regulador del ciclo hidrológico es el suelo. Cuidar el suelo es cuidar el agua, ya que es como una esponja.

Un buen suelo es capaz de almacenar agua y liberarla en el momento que la necesitamos. Uno degradado es un problema, porque pierde esa capacidad de retención.

¿Cuáles son las mejores políticas para la disposición de aguas servidas en urbes en crecimiento?
Más que las políticas, el desafío son las inversiones requeridas para avanzar en un sistema de saneamiento seguro. Muchas veces son obras que no se ven, pero vaya que sí son importantes para la salud.

El reto es  pensar cómo llevar a cabo ese proceso de inversiones, que cada país aborda de forma distinta. Y, obviamente, están los procesos de planificación, de ir generando etapas esas inversiones.

PING PONG

 AGUA Fuente de vida y es fundamental para sostener las funciones ecosistémicas.  

SUELO El gran aliado o el gran regulador del ciclo hidrológico.

ENEMIGO Que en nuestra región (Sudamérica) hay una falta de conciencia sobre el valor del agua, porque todavía en algunas regiones, en algunos países, lo vemos como un recurso abundante, a veces incluso lo vemos como un recurso infinito. Y eso genera dificultades a la hora de interpretar lo que realmente necesitamos, de responder a un contexto que ha cambiado en algunas regiones, en algunos países.
 
ACCESO La posibilidad de acceder al agua cuando la necesitemos, independientemente de cuanta tengamos, almacenamos.