viernes 10 de abril de 2026

Cuatro buenas noticias

Representante de Unfpa: “Hoy, la mujer boliviana se empodera y decide mejor sobre la fecundidad”

Destaca que las bolivianas tienen más acceso al mercado laboral, que se redujo la mortalidad infantil, así como el embarazo adolescente. Sin embargo, aún persisten retos importantes.
El representante del Fondo de Población de las Naciones Unidas conversó con Visión 360 sobre la Edsa. Foto: Unfpa
El representante del Fondo de Población de las Naciones Unidas conversó con Visión 360 sobre la Edsa. Foto: Unfpa

La reducción de la fecundidad en Bolivia, por encima de las proyecciones, y el consecuente achicamiento entre la cantidad de hijos que quiere tener una boliviana, en relación con los que realmente tiene, así como la mayor participación de las mujeres en el mercado laboral —con cifras destacadas a nivel regional— y la reducción del embrazo adolescente son algunas de las buenas noticias reveladas en los datos obtenidos por la Encuesta de Demografía y Salud (Edsa)  2023, cuyas cifras ya empezaron a ser reveladas.

El representante de Unfpa en Bolivia, Pablo Salazar Canelos, dialogó con Visión 360 y explicó los resultados obtenidos por el Instituto Nacional de Estadística (INE), a partir de la encuesta realizada en 19.061 viviendas en todas las regiones de Bolivia.

Según Salazar, los datos de fecundidad (2,1 hijos por mujer) tienen una importante relación con temas como el nivel de educación de quienes tienen más o menos hijos, su participación en el mercado laboral, la salud de las mujeres y el bienestar de los niños, datos también registrados en la Edsa.

—¿Cuál es la importancia de esta encuesta nacional?

Es una encuesta compleja y bastante importante, que cubre muchísimos aspectos de temas que tienen que ver con demografía, pero también con salud. Entonces la encuesta toma temas de salud infantil, de salud de las mujeres; en términos generales identifica preferencias de los hogares tanto de hombres como mujeres y mide desde aspectos, como violencia, basada en género, entonces tiene información sobre violencia de pareja, hasta temas relacionados con salud reproductiva, mortalidad infantil y por supuesto vacunaciones, acceso a servicios de salud, atención profesional del parto, etcétera.

En la encuesta que hizo el INE, más o menos se encuestan 20.000 hogares; dentro de eso el grupo objetivo son mujeres de edad fértil, de 12 a 49 años, pero también se toma información de sus hijos y sus parejas; entonces ese es el universo con el cual trabaja la investigación.

Estas encuestas siendo tan importantes, sin embargo, no son tan generalizadas en el continente. En América Latina hay países vecinos que no tienen información similar, como en Argentina, Uruguay, Chile y Paraguay, no hay una encuesta parecida. Sí hay en Brasil, Perú y Bolivia.

Entonces, relevar primero el rol del INE y la importancia de la inversión en obtener este tipo de información relevante ha puesto a disposición de los investigadores y la sociedad en general, la base de datos.

Entonces es una forma de apoyar a que haya datos suficientes para la toma de decisiones, el entregar esas bases de datos y alentar a que haya investigaciones complementarias.

—¿Además de mostrar la realidad, los datos también permiten hacer proyecciones?

Sí, totalmente. Llevamos las variables de la dinámica poblacional, básicamente los nacimientos, la fecundidad, justamente lo que estamos hablando, los temas de la mortalidad y la esperanza de vida, que es el otro aspecto que influye y, finalmente, están los temas de los flujos, principalmente de las migraciones. Entonces, esos son los elementos centrales.

La fecundidad, al ser el elemento principal que está determinando el crecimiento de la población es, sin duda, un tema de sumo interés. Dentro de esto, uno observa que cada año hay menos niños naciendo, hay una reducción importante.

Solo para poder poner el caso en el periodo que analizamos y que tiene relevancia con las proyecciones, entre 2016 y 2023, hubo 350 mil nacimientos menos, que es lo que veíamos en las bases de datos. Esto se confirma ahora cuando vemos también una reducción en la tasa global de fecundidad.

¿Qué quiere decir esto? Se esperaba que para el 2023-2024 la fecundidad de las mujeres en Bolivia esté aproximadamente en 2,6 hijos por mujer. Esa era la expectativa que existía. Y lo que nos muestra la encuesta es que esa fecundidad ha caído a 2,1 hijos por mujer, una reducción sustantiva, aunque es bastante coherente y consistente con lo que vemos también a nivel internacional.

A la larga, con la cantidad de mujeres en edad fértil, impacta. Lo más interesante que uno puede observar es que se ha cerrado la distancia en lo que las mujeres consideran que es su fecundidad ideal, con la fecundidad que se está observando. ¿Qué quiere decir? Cuando uno analiza cuál debería ser el comportamiento de la población desde hace años, al menos desde 1994 en adelante, se eliminó la idea de que tiene que haber una meta de fecundidad, es decir que el Estado o la sociedad tienen que establecer una meta de cuántos hijos por mujer, idealmente, debería tener la sociedad.

Eso se eliminó como paradigma y más bien se pasó al paradigma de derechos, es decir buscar que las mujeres tengan condiciones para poder tener el número de hijos que deseen. Ese es el principio de derechos humanos que rige justamente los derechos reproductivos y los derechos sexuales.

Esa diferencia, hoy por hoy, es de 0,2 hijos por mujer, es decir que la fecundidad ideal de las mujeres es de 1,9, eso sería su expectativa, y la fecundidad de 2,1. Eso es un logro si consideramos que en 2008 las mujeres querían tener 3,6 hijos, pero tenían cinco.

Esta brecha se ha venido cerrando en Bolivia y creo que ese es el mejor indicador que uno puede observar en términos de que hay más coherencia y consistencia y, en general, la sociedad boliviana está permitiendo que las mujeres se empoderen más y decidan de mejor forma alrededor de la fecundidad.

Control del embarazo, en un centro de salud de Bolivia. Foto: Unfpa

—Estos datos también revelan la situación en relación a pobreza, salud, niñez y seguridad.

Si pensamos la situación que teníamos en el 2008, donde había 1,4 más hijos de los que una mujer hubiera querido tener, en el fondo implica que existía bastante menos de otras cosas; ese exceso de fecundidad implicaba que haya 1,4 hijos más donde repartir la cantidad de ingresos que tenía la familia.

Evidentemente eso nos daba un ingreso bastante más bajo que si logramos cerrar esas brechas de fecundidad y poder tener el número de familia que realmente deseamos.

Segundo, hay que pensar esto en el contexto económico de Bolivia y lo que pasa en los últimos años, hay una relación muy directa y uno observa que en el mismo periodo hay un incremento fundamental e importante de la participación de las mujeres en el mercado laboral.

En Bolivia, primordialmente todas las tareas reproductivas del hogar están a cargo de las mujeres, así como las tareas de cuidado. ¿Qué significa? Cuando uno tiene un hijo tiene que dedicarle tiempo, tiene que alimentarlo, cuidarlo; son personas que dependen mucho de uno y ese trabajo cae en las mujeres.

Además, las mujeres tradicionalmente tienen que dedicarse al cuidado del hogar; cocinan, muchas veces están proveyendo servicios de cuidado para otras personas, incluyendo adultos mayores, la suegra, la mamá, el papá, etcétera. Entonces, la única forma como las mujeres pueden sacar tiempo para participar en el mercado laboral es justamente limitando su fecundidad, o sea, mientras menos hijos, tengo más posibilidades de tener tiempo de calidad para ese hijo y puedo participar en el mercado laboral.

—¿Cuál es la relación entre la fecundidad y la participación laboral de la mujer?

Este momento, más o menos, la cifra para 2023 es que 72% de las mujeres participa activamente en el mercado laboral, quizás no todas las horas que desearían, en muchos casos no en las mejores condiciones; de hecho, las mujeres tienen en general, de acuerdo a datos de la OIT, tienen un nivel más alto de subocupación, de trabajo precario que los hombres. En términos generales, participan mucho y para poner eso en referencia, decir que las bolivianas son las que más participan en el mercado laboral en toda América Latina y el Caribe.

Es una muy buena noticia en términos de empoderamiento económico. No se podría dar este empoderamiento económico si no hubiera también este empoderamiento físico, de poder decidir sobre su fecundidad.

Eso les está permitiendo jugar estos dos roles al menos, en términos de participación social, económica y dentro de sus espacios privados también.

El control de la fecundidad es una de las variables importantes que ha facilitado este proceso, entonces no es extraño que veamos esta caída en la fecundidad al mismo tiempo que vemos un incremento de la participación de las mujeres en el mercado laboral.

Nuevamente, esa posibilidad de participar en el mercado laboral —ya sea como la primera fuente de ingreso o la segunda fuente de ingreso dentro del hogar—, ayuda a reducir la pobreza, ayuda a tener más ingresos, generar mejores condiciones para el bienestar individual y también de la familia.

Entonces, todo esto es parte de un círculo, no podemos ver la reducción de la pobreza, o el incremento de la pobreza y la desigualdad, o la reducción de la desigualdad, sin analizar también este elemento fundamental que es cómo se mueve y qué ha pasado con la fecundidad.

—¿Cómo se analizan estos parámetros en relación con la educación?

Persisten brechas. Es decir, todavía hay diferencias muy sustantivas en los niveles de fecundidad. Cuando vemos el tema educativo, las mujeres que no tienen educación tienen en promedio, en Bolivia, 4,1 hijos. Mientras que las que tienen una educación superior tienen 1,4 hijos por mujer.

Es decir, hay una brecha de básicamente tres hijos por mujer entre las que tienen mucha educación respecto a las que no tienen educación.

En el caso de quintil de riqueza (división de la población en cinco grupos según niveles de riqueza), esta encuesta nos permite situar y ordenar a los hogares en función de ¿en qué parte se encuentran de la distribución de la riqueza? Las que están en el quintil más bajo de distribución de la riqueza tienen una fecundidad de 3,4 y las que están en el quintil más alto, 1,2. Una gran diferencia en el promedio entre los dos grupos.

Estamos hablando de 2,8, casi otra vez tres hijos por mujer, entre las que están en el nivel más alto de ingreso y las que están en el más bajo. Nuevamente, mientras más alta la fecundidad en los quintiles más bajos de ingreso, más dificultad para poder salir de la pobreza también por esfuerzo propio. Tengo más que repartir, tengo que repartir entre más miembros dentro del hogar los mismos ingresos que estoy percibiendo.

En cuanto a idioma, la brecha es de 1,7 hijos. Es decir, las mujeres que aprendieron a hablar un idioma indígena tienen 3,2 hijos en promedio, versus 1,9 de las mujeres que aprendieron a hablar en español, castellano. En el urbano rural, en el área urbana tienen 1,9 hijos por mujer, en el área rural, 2,9. O sea, sí se van reduciendo las brechas, pero no necesariamente tan rápido.

Y finalmente tenemos el tema entre departamentos. El más alto es Beni, donde vemos una fecundidad de 2,7 y vemos Chuquisaca al otro lado que tiene una fecundidad de 1,8. Nuevamente, diferencias importantes que nos permiten ver que no todos los departamentos tienen el mismo comportamiento demográfico.

—¿Los niños tienen mejores condiciones de vida, en relación con estos datos?

De los datos que vimos en la encuesta, yo destaco, hay una reducción importante en la mortalidad en la niñez. Entonces, uno observa una reducción muy significativa y nuevamente muy buena noticia para Bolivia. Bolivia era un país que tenía una fecundidad alta y mantenía una mortalidad infantil alta.

En este momento, aunque la fecundidad ha caído, estamos mejorando mucho la oportunidad de supervivencia de esos niños, justamente con la reducción de la mortalidad. Entonces es una ganancia importantísima y sobre todo muchas de las condiciones que generan riesgo para la vida de los niños, en su etapa neonatal, en el primer año de vida o en los primeros cinco años de vida, en muchos casos estas son condiciones que pueden afectar su desarrollo a lo largo de la vida.

Entonces, en general, es una muy buena noticia ver este incremento en la esperanza, en la disminución en la mortalidad en la niñez; por lo tanto, un incremento de la supervivencia.

Esto va a tener también un impacto importante en el incremento de la esperanza de vida de los bolivianos y las bolivianas. Normalmente el principal elemento, el que más afecta fuera de algo como la pandemia, que fue un hecho digamos casuístico, pero normalmente la mortalidad infantil es el componente que más explica la reducción o el que no exista una gran esperanza de vida al nacer y esto va a tener un impacto muy sustancial en términos de esa expectativa de vida de los bolivianos y las bolivianas. Eso por un lado.

El otro indicador que yo quisiera mencionar respecto al tema de niñez, adolescencia, es del asunto del embarazo adolescente. Hay una reducción muy importante del embarazo adolescente, entre 2016 y 2023, de 32,4%, se cae una tercera parte.

No quiere decir que no hay un problema, persiste. Aproximadamente hay casi 26 mil embarazos por año de niñas menores de 19 años en Bolivia; es una cifra que para nada es una cifra baja, y de esas, más de 1.400 son niñas menores de 15 años. Entonces, sigue siendo un desafío.

Hay que ver que esta reducción es una buena noticia, pero no suficiente —estos datos todavía no están publicados, pero ya están en la base de datos—. El embarazo en adolescentes es casi dos veces más alto para las mujeres más pobres.

Ahora, desde la buena noticia, más o menos 56.500 mujeres, en el periodo de 2016 a 2022, ya no registraron un embarazo adolescente. O sea, esa hubiera sido la cifra adicional que hubiéramos tenido de natalidad si es que esta la tasa no hubiera caído.