jueves 9 de abril de 2026

Historias

Tim Cahill, el "boxeador" australiano que se popularizó con sus festejos de pugilismo

Es considerado un ícono nacional en su país por los cinco goles mundialistas que anotó en tres ediciones distintas del torneo de la FIFA
Cahill durante su festejo que lo hizo conocer. Foto: FIFA.
Cahill durante su festejo que lo hizo conocer. Foto: FIFA.

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Solo una vez se vio frustrado, y fue ya al final de su carrera, desarmado por la imperturbable calma de un adolescente. De vuelta en casa, defendiendo los colores del Melbourne City en la A-League australiana, Tim Cahill hizo lo que mejor sabía hacer: marcar.

Y, como siempre, salió disparado hacia la esquina para cumplir con su ritual: esa célebre rutina de boxeo que había intimidado a los banderines de córner de medio mundo. Pero esta vez, en el campo del Central Coast, un recogepelotas atento se le adelantó, sacó el banderín de su base y lo alejó antes de que Cahill, desconcertado, pudiera lanzarle el primer golpe.

Cahill creció al oeste de Sídney, en plena edad dorada del boxeo australiano, con campeones mundiales como Jeff "Hit Man" Harding, Anthony Mundine, Kostya Tszyu y Jeff Fenech, todos ellos nacidos en la ciudad o habituales de sus cuadriláteros. Con este contexto, cualquiera podría haber pensado que su pasión por el boxeo había nacido allí.

Pero no, la inspiración le llegó de otra disciplina deportiva y de la mano de un hombre que, además, ostenta el récord de goles en un solo partido internacional, según contó el propio Cahill en una entrevista con el medio australiano Optus Sport.

"La celebración surgió gracias a mi querido Archie Thompson, que por entonces siempre andaba con el kung-fu, las patadas de kárate y todo eso. Yo solo me encargué de ponerle un poco más de estilo".

Thompson —autor de 13 goles en la histórica goleada de Australia por 31-0 ante Samoa Estadounidense durante las eliminatorias para la Copa Mundial de la FIFA 2002, un récord mundial— explicó cómo surgió realmente la famosa celebración de Cahill.

"Él estaba lesionado en ese momento y nosotros jugábamos contra Jamaica en Craven Cottage. Marqué un gol y fui a celebrarlo junto al banderín de córner.

No sé qué le provocó aquello, pero nada más terminar el partido me dijo: “Archie, eso ha estado genial, hermano, la próxima vez lo hacemos juntos".

Poco después aterrizó en la Premier League y sus goles con el Everton empezaron a llamar la atención. Y entonces llegaron los puñetazos… creo que ahí se olvidó un poco de dónde había salido la idea. "Aunque, siendo sincero, tengo que decir que me encanta cómo lanza esos golpes".

Durante su prolífica etapa de ocho años con el Everton, y más tarde en sus pasos por Estados Unidos, China y la India, la rutina de los puñetazos se convirtió en un sello inconfundible de las celebraciones de Tim Cahill.

El australiano luego de hacer su típica celebración. Foto: FIFA.

 

Autor del primer gol de Australia en una Copa Mundial —en la victoria por 3-1 sobre Japón en Alemania 2006—, Cahill desató los puños frente a un estoico banderín de córner en el Fritz-Walter Stadion de Kaiserslautern, igual que haría más tarde en Nelspruit, Cuiabá y Porto Alegre.

Máximo goleador histórico de los socceroos y único australiano que ha marcado en tres ediciones de la Copa Mundial, Cahill es considerado todo un icono nacional. Y entre sus cinco tantos mundialistas, el último no solo es el más espectacular de todos, sino también uno de los mejores goles de su selección.

Apenas un minuto después de que Arjen Robben pusiera por delante a Países Bajos en el segundo partido del grupo B de Brasil 2014, Cahill respondió. Ryan McGowan puso un centro bombeado de 42 metros y Cahill, sin apartar la vista del balón —el Adidas Brazuca—, lo cazó de volea con un remate impecable que superó a Jasper Cillessen y entró por la escuadra.

Pocos segundos después, entre una ráfaga de directos y un potente gancho de izquierda, el banderín de córner acabó por los suelos. Pero no tardó en volver a su sitio, igual que los neerlandeses, que se llevaron la victoria por 2-3 y siguieron su camino hasta subirse al tercer peldaño del podio.

Aquella fue la última vez que Cahill desplegó todo su repertorio de golpes contra un desprevenido banderín de esquina en una cita mundialista; un gesto que, como él mismo reconoció, terminó por convertirse en sinónimo de sus goles.

"Es mi sello, desde la primera vez hasta que empezó a repetirse en todas partes. En los Mundiales, en las Copas Asiáticas, en Inglaterra, la MLS, la Superliga China, la A-League y la India —declaró posteriormente—. Me salía natural, a la gente le gustaba y, por suerte, pasó muchas veces".