lunes 23 de febrero de 2026

Un regalo por el Bicentenario de Bolivia

Entre claroscuros y luminosidad, la obra de Melchor Pérez Holguín cobra nueva vida

Cuatro cuadros del maestro del barroco andino se encuentran en tratamiento para su restauración. Son parte de una de las colecciones más importantes de la obra del artista.
Presentación de las piezas restauradas. FOTO: Embajada de Estados Unidos en Bolivia
Presentación de las piezas restauradas. FOTO: Embajada de Estados Unidos en Bolivia

La Escuela Potosina de Pintura marcó la tendencia del arte colonial y Melchor Pérez Holguín fue su mayor exponente. No solo dejó marca en la historia del continente y el país, sino que dejó un amplio legado de obras que se encuentran en varios templos de Bolivia, como los cuatro cuadros que se encuentran en restauración, con el apoyo de la Embajada de Estados Unidos.

“Creo que no me equivoco al asegurar que es uno de los mejores creadores que nació en nuestras tierras. Es un maestro con  mucha riqueza de matices, mucha expresividad. También tiene una gran producción y maneja varios estilos, desde utilizar la distorsión, como el Greco, a pinturas muy luminosas y otras llenas de claroscuros”, explicó a Visión 360 el padre Bernardo Gantier, custodio del Museo de la Catedral de Sucre, donde se realizan los trabajos de restauración.

Los lienzos escogidos para ser restaurados son El sueño de San Pedro Nolasco, Los Divinos Gajos de San Joaquín y Santa Ana o la Inmaculada Concepción de María, La Siembra Divina o Alegoría de la Orden de La Merced y La Anunciación. El trabajo comenzó en noviembre de 2024 y es llevado adelante por el maestro restaurador boliviano Ricardo López y su equipo.

Las obras son parte de museos y templos coloniales. FOTO: Embajada de Estados Unidos 

 

Dos de las piezas fueron entregadas el pasado lunes 30 de junio; las restantes se presentarán en agosto, ya que el trabajo está pensado como un regalo para el Bicentenario de Bolivia.

“Este proyecto es más que una restauración; es un homenaje a la rica herencia cultural de Bolivia y una reafirmación de nuestra amistad duradera. Estados Unidos se honra en acompañar a Bolivia en la conmemoración de su Bicentenario con este aporte cultural, que representa una muestra de respeto por su historia, arte y espiritualidad”, destacó la jefa de Misión de la Embajada de Estados Unidos, Debra Hevia.

La misión diplomática colaboró en la restauración, gracias al Fondo para la Preservación Cultural (AFCP) del Gobierno de Estados Unidos de América. La inversión es de 40.690 dólares.

Es un esfuerzo muy importante, ya que rescata un legado primordial, el cual se encuentra en riesgo debido al clima, el tiempo,   la falta de recursos y la desatención del Estado.

“Los Divinos Gajos de San Joaquín y Santa Ana” o la “Inmaculada Concepción de María”

 

El inicio del salvataje 
Las piezas escogidas pertenecen al patrimonio de la iglesia de La Merced de Sucre, templo colonial patrimonial, que tiene una importante colección de cuadros del maestro cochabambino: 17 piezas. Sin embargo, tanto las pinturas como el propio templo se encuentran en malas condiciones.

“Este templo está bastante deteriorado, necesita una buena intervención y está padeciendo problemas estructurales en paredes, pisos y también en las obras de arte. Este templo tiene siete retablos, seis de los cuales son barrocos, además de otras piezas importantes”, agregó Gantier.

“La Anunciación” forma parte del proyecto que dará nueva vida a las pinturas. 

 

Parte del problema radica en la falta de recursos, puesto que la restauración patrimonial es un emprendimiento costoso. Eso y la ausencia de apoyo estatal.

Lo que más afecta a las pinturas es tanto el lugar donde se encuentran colocadas, como el paso del tiempo. “Estamos hablando de lienzos de más de 200 años de antigüedad. Como todo, la tela y la pintura envejecen”, agregó el custodio.

Las obras se encuentran en la parte superior de la iglesia. Eso las expone directamente a la luz solar, que tiene un efecto dañino en los óleos. A eso se suma que es difícil llegar a ellas, por lo que no reciben limpieza adecuada.

“El sueño de San Pedro Nolasco”, una de las obras en restauración.

 

Las cuatro obras escogidas eran las más accesibles y las que requerían tratamiento con mayor urgencia. De igual forma se tuvo que trabajar para levantar andamios especiales que permitieran su extracción con cuidado.

Una vez descolgadas, las pinturas fueron sometidas a un profundo estudio evaluativo. Esto permitió detectar daños en los lienzos, la firmeza de los marcos y el estado de los colores.

“Es un trabajo muy minucioso. Es como si cada una de estas obras entrara al hospital. Entonces, tiene distintas patologías y cada una de estas patologías tiene que ser atendida. Hay, por ejemplo, rasgaduras que deben ser parchadas. También se tiene que realizar una limpieza profunda, que es tanto química como mecánica”, explica Gantier.

Cada obra debe ser sometida a un proceso especializado para la recuperación de los colores.

 

Los restauradores deben tener el máximo conocimiento de la obra y de los trazos del autor.

 

En ese proceso, los especialistas tienen que quitar las capas de suciedad y las capas de barnices antiguos que oscurecen las obras. Después comienza el repintado y sustitución de las partes faltantes.

La reposición de color no solo requiere tener una mano firme con el pincel y conocimiento de la obra del autor, sino también contar con las sustancias adecuadas, como barnices actuales que protegen mejor los pigmentos. Cada proceso es especial y diferente para cada cuadro.

Es que la obra de Pérez Holguín abarca un gran abanico de estilos y características.

40.690 dólares
es el monto que se consiguió para la restauración de los cuatro cuadros, gracias al apoyo de la Embajada de Estados Unidos en Bolivia.

Espiritualidad y luz 
Se sabe que Melchor Pérez Holguín nació en Cochabamba, entre los años 1660 y 1665, y falleció en Potosí en 1732 o 1735. Su obra tiene distintas etapas. Gantier explica que la primera es naturalista, en la que utiliza mucho las imágenes de la naturaleza de Potosí y Chuquisaca. Le sigue una etapa bastante gris, con cuadros con mucho claroscuro. La siguiente fue la etapa luminosa y, en la etapa final de su vida, regresa a sus inicios.

La temática de la mayoría de sus pinturas es religiosa, aunque se tienen unos cuantos cuadros profanos. “Cuando uno empieza a ver muchas obras se da cuenta que es un maestro de una personalidad única. El estilo de Melchor es inconfundible. Una vez que uno ve uno, dos, tres…  ya lo identifica”.

Sus trazos se caracterizan por el manejo del claroscuro, la fuerza de la luz en las figuras. “Tiene una manera de pintar muy particular de los ojos, las orejas. Las manos de Melchor son únicas. En  algunos de los cuadros, solamente las manos, ya valen toda la pintura”, considera Gantier.

17 cuadros
son los que pertenecen al patrimonio de la iglesia de la Merced. De estos se escogieron cuatro para que ingresen en restauración. 

Fue un pintor muy prolífico, con algunas de sus piezas que llegaron incluso a España. Pero su mayor distribución fueron los territorios de Alto y Bajo Perú (Bolivia y Perú) y Buenos Aires (Argentina).

En el país sus trabajos se encuentran en templos coloniales, museos nacionales de arte, Casa de la Moneda y Casa de la Libertad, entre otros.

“Son un legado importante de nuestra historia, de nuestra espiritualidad y es nuestro deber conservarlo”, puntualizó Gantier.

4 pinturas para evangelizar a las colonias americanas

Las pinturas escogidas se encontraban cerca del coro. Fueron elegidas por la urgencia de su restauración y porque eran accesibles.

El primero es  Sueño de San Pedro Nolasco.  La imagen cuenta un episodio de la vida del santo, en el que orando en una iglesia se quedó dormido. En la pintura se ve dos hacheros, con actitudes parecidas con las que se suele representar otras veces a los verdugos en la Flagelación de Cristo, que  agreden al olivo que ocupa el centro de la escena. Debajo está sentado San Pedro Nolasco, vestido como un caballero rico y elegante; se apoya sobre una piedra en la que se lee: “Melchor Pérez Holguín me facit, en Potosí 1710”.

La Siembra Divina o Alegoría de la Orden de La Merced es una composición basada en el versículo de la Primera Carta a los Corintios. La Virgen María, de cuya boca sale una filacteria con la frase “EGO PLANTAVI”, sostiene una escudilla de la que arroja semillas de trigo.

Los Divinos gajos de San Joaquín y Santa Ana o la Inmaculada Concepción de María representa a la Virgen como una niña junto a sus ancianos padres San Joaquín y Santa Ana.

El último cuadro es la Anunciación, en el que se ve al ángel Gabriel, que desciende del cielo en el remolino del vuelo de su ropaje y de una atmósfera de nubes. En contraste, la Virgen se ubica serena.