sábado 4 de abril de 2026

Historias

RRSS, comercio y ñeq’e, el espíritu emprendedor paceño no se rinde

En TIK TOK y Facebook, muchos paceños se dedican al comercio de una amplia variedad de productos. Algunos han iniciado sus propios negocios para hacer frente a la crisis económica que atraviesa el país.
José Poma realiza videos en Tik Tok para promocionar su obra. Foto: Fotos:  José Fernández / visión 360
José Poma realiza videos en Tik Tok para promocionar su obra. Foto: Fotos: José Fernández / visión 360

Sus negocios actuales no eran necesariamente los que imaginaban tener cuando ingresaron al mercado laboral. Algunos planeaban ejercer su profesión; otros, iniciar un emprendimiento distinto o continuar en el empleo en el que se sentían cómodos. Sin embargo, la crisis económica y la desilusión motivaron a los emprendedores paceños a no rendirse y a crear su propia propuesta, la cual se mantiene con fuerza gracias a las redes sociales.

“Se podría decir que el paceño, como los otros bolivianos, tiene un instinto comercial muy agudo. Ayuda (el hecho de) que la población ha enfrentado diferentes crisis, lo que les enseñó a buscar opciones al trabajo de salario”, asegura a Visión 360  la historiadora Sayuri Loza.

Tal es el caso del paceño José Poma. Su negocio, denominado LimPaz, surgió inicialmente tras el cierre de su restaurante debido a la pandemia y la crisis económica. Además, respondió a una necesidad que se presentó en esa etapa: la limpieza de cocinas.

Poma filma un video junto.

“Durante la pandemia tenía un local de comida rápida. Lo que más nos complicaba era la limpieza de la cocina. Muy pocos productos me resultaban satisfactorios, y además eran muy caros. Por eso, tras consultar con especialistas, se me ocurrió crear mi propio producto”, cuenta Poma.

Con el mismo espíritu de “no rendirse”, el abogado Boris Aliaga, tras dejar su trabajo en la administración pública de justicia —donde, según sus palabras, probó el sabor amargo de la “desilusión”—, decidió emprender un negocio dedicado a la venta de una variedad de productos.

“En lugar de seguir perpetuando la decepción de las personas, cuyos asuntos legales no recibían una pronta respuesta por parte del Estado, preferí dedicarme a una actividad que me permitiera dejar una sonrisa en el rostro de los clientes”, dice Aliaga. Esa actividad es Ikegai, una tienda de cómics, libros, figuras de colección y ropa para bebés y adultos.

Poco a poco, y por separado, Poma y Aliaga lograron establecerse en sus respectivos mercados, impulsados por el creciente uso de las redes sociales. LimPaz tiene una fuerte presencia en TikTok, donde José publica videos de forma regular. Estas producciones van desde la preparación de sus detergentes hasta la narración de sus experiencias en el negocio.

Boris recurre principalmente a Facebook e Instagram, plataformas en las que anuncia sus nuevos productos, los exhibe e incluso comparte reseñas internacionales de algunos de sus textos más solicitados.

Boris Aliaga conversa con un cliente mediante la cuenta de Facebook de la tienda. 

No son los únicos. En redes sociales, principalmente en TikTok, muchos paceños se dedican al comercio de una amplia variedad de productos. Tal es el caso de la diseñadora Lizeth Callizaya, quien ofrece sus trajes y, además, realiza envíos a clientes en el extranjero, como en Estados Unidos. En su “boutique virtual”, Noemí Jhoselin Orellana comercializa un catálogo de mantas con mangas y trajes para chola paceña, y también acepta pedidos personalizados.

No es tarea fácil, pero no cesan en su empeño de mantenerse a flote, triunfar y dar batalla a la crisis económica por la que atraviesa el país.

El espíritu comerciante

La historiadora Loza explicó que la población que se asentó en los territorios que ahora ocupan El Alto y La Paz siempre se ha caracterizado por un fuerte espíritu emprendedor, incluso antes de la llegada de los españoles.

“La Paz se encuentra en una posición privilegiada, y no me refiero a una supuesta condición de punto de tránsito, sino a la acumulación de riqueza. No hay que olvidar que la gente recolectaba oro de las aguas de los ríos, además de producir coca en valles cercanos como Zongo. Como en toda zona minera o de gran producción de capital, la coca era moneda de cambio; tenías gente con recursos dispuestos a reinvertirlos”.  Eso ocasionó que la zona tuviera una actividad comercial importante.

Aseguró que “era un taypi, un espacio donde convergen personas de muchas partes para comerciar”. Esta característica se mantuvo durante el periodo de la Colonia, especialmente con la introducción de nuevas actividades comerciales, como los obrajes, de donde surge el nombre del barrio paceño, con una importante producción textil.

A ello se suma el transporte entre regiones y toda la actividad económica generada por la influencia de la Iglesia Católica —como peregrinaciones y fiestas patronales—, así como por la minería.

La Guerra Civil entre La Paz y Sucre (1898-1899) aumentó la importancia de La Paz al convertirla en la definitiva sede de Gobierno. Esto marcó un cambio en la estructura económica, ya que un alto porcentaje de la población comenzó a trabajar directamente para el Estado.

A su vez, esto propició la creación de importantes industrias, como las fábricas Said y Forno. Asimismo, aumentó el comercio enfocado en los funcionarios públicos.

“La presencia del Estado en La Paz fue lo que hizo al emprendedor paceño y alteño propenso al comercio”, agregó Loza.

Del juzgado a la tienda, de la cocina al laboratorio

Boris Aliaga nació en La Paz en 1977. Estudió Derecho y comenzó a trabajar en tribunales, pero rápidamente se desilusionó del sistema judicial boliviano. Esto lo llevó a buscar nuevas vías laborales, y en 2018 abrió la tienda Ikegai (Torre Ketal, calle 15 de Calacoto).

Su negocio se enfoca en dos áreas: objetos de colección y cómics —vende ediciones especiales, figuras y estatuillas de acción, además de aceptar pedidos—; y la venta de ropa para bebés y niños, junto con objetos artesanales que incluyen tazas, peluches de verduras y de personajes de Chespirito, todos realizados o gestionados por su hermana.

Peluchitos de los personajes de Chespirito que se venden en Ikegai.

Sus clientes saben que deben revisar sus cuentas de Facebook e Instagram para conocer las novedades, hacer pedidos e incluso ver videos con críticas especializadas de los títulos.

Lamentablemente, la falta de divisas desaceleró el negocio. “Aquí nos mantuvimos en 2019, mientras sucedían los eventos desencadenados por el fraude electoral, la renuncia de Evo Morales y el vandalismo consecuente; sobrevivimos a la pandemia del 2020 y al largo periodo de recuperación. Hoy estamos al pie del cañón, en una economía destrozada por años de despilfarro del erario público, con escasez de divisas que elevan en más del 100% los costos de importación, y en un escenario en el que, naturalmente, el consumidor prefiere comprar bienes de primera necesidad en lugar de libros. Nos la ingeniamos, reinventamos, articulamos redes familiares, ampliamos canales de comercialización, y aun así alcanza para poco. En el contexto actual, considero un éxito no haber cerrado el negocio, aún. Este 16 de julio, en el Bicentenario, brindaremos por el aguante”, aseguró.

José Poma se dedica a ofrecer detergentes al por mayor. Como mencionó anteriormente, este paceño decidió enfocarse en este producto al identificar la necesidad de quienes cocinan, de contar con un detergente de buena calidad a un precio razonable.

Constantemente experimenta, probando fórmulas y mejorando así su oferta. TikTok ha sido la plataforma ideal para conseguir nuevos clientes. Sus videos varían entre promociones directas y la narración de historias. “Más que vender a diestra y siniestra, lo que hago es compartir mis anécdotas y lograr entablar una relación con ellos”, asegura.

De esta manera, Poma y Aliaga se han convertido en los nuevos caseritos paceños.