viernes 3 de abril de 2026

Guerra

Drama humanitario: gazatíes obligados a salir y tienen que pagar hasta 2.000 dólares

Algunos construyeron pequeñas cabañas o tiendas con los recursos que han encontrado, unos refugios que no podrán hacer frente al frío que en unos meses empezará en la Franja.
Gazatíes en Nuseirat tratando de viajar al norte de la Franja de Gaza. Foto: EFE
Gazatíes en Nuseirat tratando de viajar al norte de la Franja de Gaza. Foto: EFE
miércoles 17 de septiembre de 2025

EFE / Jersualén

El Ejército israelí abrirá este miércoles a las 12.00 hora local una segunda carretera que atraviesa la Franja de Gaza de norte a sur, para que la población de la ciudad de Gaza se desplace forzosamente hacia el sur durante 48 horas.

"Podrás desplazarte por la carretera de Salah al Din y luego continuar hacia el sur desde Wadi Gaza (centro)", anunció en la red social X el portavoz en árabe de las fuerzas armadas, Avichay Adraee.

Salah al Din atraviesa la Franja de Gaza de norte a sur en el lado oriental del enclave, paralela a la divisoria con territorio israelí.

La otra vía abierta hasta ahora, la de Rashid, también recorre todo el enclave pero en el lado occidental, paralelo a la costa.

Sin embargo, la mayoría de refugiados en la ciudad de Gaza se encuentran en el oeste, en los campamentos junto a la playa a los que el propio Ejército israelí les ordenó desplazarse, ante el avance de su ofensiva desde el este y el norte.

Preguntado por EFE sobre si las fuerzas armadas garantizarán algún tipo de ruta segura desde el oeste de ciudad de Gaza hacia el este para que la población pueda alcanzar Salah al Din, el portavoz no se pronunció.

Adraee solo precisó que esta ruta permanecerá abierta hasta el viernes a las 12.00 hora local.

El martes, tras dar comienzo el Ejército israelí a su operación terrestre en la capital tras un mes de intensos bombardeos contra la población, miles de personas se dirigieron a la carretera de Rashid para tratar de huir de los ataques.

No obstante, igual que durante este último mes, la vía estaba saturada de vehículos y personas cargando a pie con sus pertenencias para escapar.

Cuando EFE realizó ese mismo recorrido el pasado sábado, tardó cinco horas en recorrer los aproximadamente 25 kilómetros que separaban las playas de Mawasi (sur) de las de ciudad de Gaza (norte).

La saturación del recorrido, sumado a los precios desorbitados de todo lo que implica el desplazamiento y la falta de espacio en la zona designada para los refugiados por el Ejército en Mawasi, además del agotamiento tras más de dos años de evacuaciones constantes, hacen que muchos vuelvan a ciudad de Gaza o no la abandonen.

Aunque el Ejército estima que unas 350.000 personas han abandonado la capital desde mediados de agosto, los datos difundidos por la Oficina de la ONU para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA) limitan la cifra hacia las 150.000.

Una comisión independiente de la ONU, relatores de derechos humanos, organizaciones internacionales y un creciente número de países califican como un genocidio la ofensiva militar israelí contra la Franja de Gaza desde los ataques de Hamás del 7 de octubre de 2023, en la que han muerto cerca de 65.000 personas.

El costo de ir al sur de Gaza: 2.000 dólares solo en el transporte y comprar una tienda

Son pocos los residentes de la ciudad de Gaza, invadida ya por tierra por Israel, que pueden permitirse ir al sur con transporte y sabiendo que tendrán al menos un lugar donde cobijarse, por el alto coste económico que se traduce en al menos 2.000 dólares para alquilar una furgoneta y comprar una tienda de campaña, sin contar otros gastos extra como un baño o el alquiler del terreno.

"Nos estamos preparando para un segundo viaje de sufrimiento hacia al sur. Yo necesito alquilar un camión con el que poder evacuar a mi familia de seis miembros y nuestras pertenencias. Me han pedido 1.000 dólares y hay que esperar varios días para conseguir cita", cuenta a EFE un padre palestino de la capital gazatí, que prefiere no revelar su identidad.

Según otros gazatíes consultados por EFE, los precios que se están pidiendo por el alquiler de pequeñas furgonetas, muchas destrozadas por la ofensiva israelí, oscilan entre 600 y 1.300 dólares. En algunos casos, dependiendo de su capacidad, los conductores pueden llegar a pedir 3.000 dólares.

La opción más económica para transportar los enseres son los pequeños tuctus como el que conduce el gazatí Ali, que lleva cargado hasta arriba con colchones, mantas y bolsas de ropa. Este lunes, contaba a EFE desde la ciudad de Gaza que "su móvil no para de sonar" porque "todo el mundo quiere" salir del norte, pero que el trayecto hacia el sur "es difícil".

"Hace tres semanas transportar a personas valía entre 10 y 15 séquels (entre 2 y 3 dólares) y ahora cuesta 100 séqueles (30 dólares)", agrega.

Esa subida de precios en el transporte, que hasta hace unas semanas los gazatíes podían asumir, ahora deja a muchos sin opciones. Entre ellas una mujer entrevistada por EFE, que se quedó viuda en los últimos meses tras morir su marido y ahora vive en la incertidumbre con sus hijos.

"Todos los días pienso en coger mis cosas y marcharme pero no encuentro transporte barato. ¿De dónde voy a sacar el dinero?

Hemos vendido todos nuestros muebles, a la gente que ha perdido todo en los bombardeos no le queda otra solución. ¿Qué vamos a hacer, vender a nuestros huérfanos para desplazarnos?", relata indignada.

Sin dinero, a pie al sur

Tal y como atestiguó EFE el sábado, muchos gazatíes, pese al calor y el cansancio, han optado por hacer el viaje a Jan Yunis (sur) con solo algunas pertenencias.

Se van a la supuesta nueva "zona humanitaria" designada por Israel de cara a la anunciada incursión terrestre sobre la capital gazatí que se materializó anoche.

Según el Ejército israelí, 350.000 personas ya lo han hecho, a un ritmo que las fuentes locales cifran en unas 10.000 diarias por la carretera costera de Al Rashid, que luce estos días abarrotada de camiones, coches y furgonetas destartalados y abarrotados de enseres junto a cientos de personas que han optado por recorrer a pie y con lo puesto los 25 kilómetros que separan la capital de la zona sur.

Fuera del norte, se enfrentan a otro problema: dónde conseguir una tienda o carpa para poder vivir y dónde instalarla si, como comprobó EFE, apenas queda espacio en el sur, abarrotado de desplazados.

A principios de septiembre, Israel prometió que para principios de octubre harían llegar 100.000 tiendas de campaña a través de organismos internacionales para dar una respuesta a los expulsados del norte.

"Estamos preparando un plan para los civiles y queremos asegurarnos de que todos tengan un lugar donde vivir cuando se desplace", dijo por entonces un alto funcionario del Cogat, el organismo encargado de los asuntos civiles en los territorios palestinos ocupados.

No obstante, los gazatíes relatan que son pocas las tiendas que están ingresando ahora mismo en la Franja y muchas son robadas, por lo que para poder acceder a una tienen que pagar 1.000 dólares.

"Esos 1.000 dolares son solo la compra de la carpa, si quieres equiparla con un baño y una cocina necesitarás otros 1.000 dólares", dice el padre palestino, quien explica que el coste de instalarse en el sur se aumenta aún más si a la tienda se le añade un toldo para protegerla del calor o la lluvia.

Esto ha llevado a algunos gazatíes a construir en el sur pequeñas cabañas o tiendas con los recursos que han encontrado, unos refugios que no podrán hacer frente al frío que en unos meses empezará en la Franja.

A todos esos costes hay que sumarles un gasto más: el precio del alquiler de una parcela de tierra en el sur que piden algunos de los gazatíes residentes y está entre 2 y 5 dólares el metro cuadrado, con lo que 100 metros cuadrados, para una familia grande, suponen un dinero extra de entre 200 y 500 dólares mensuales.

En la ciudad de Gaza, Oum Assad, de 45 años, dudaba este lunes si partir o no. "De alquilar casas ni hablar, los precios son exorbitantes, ahora piden entre 1.000 y 1.500 dólares. Apenas podemos conseguir comida, ¿Cómo vamos a conseguir vivienda?", se preguntaba sentada junto a su madre, rodeada de sus enseres y sin saber qué hacer.

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