lunes 23 de febrero de 2026

La Tribuna

Repechaje: Cuando el fútbol se parece a un deseo de Alasita

En esta época en Bolivia, pero sobre todo en La Paz, la gente compra la misma miniatura: un boleto al Mundial. Se lo lleva a casa, lo ubica en un sitio especial y lo mira frecuentemente a tiempo de ejercitar pensamientos que se vuelven un hábito.
domingo 25 de enero de 2026

En La Paz, cada comienzo de año, la Alasita instala una idea simple pero muy poderosa en la que los deseos no se gritan… se cultivan. Se compran en pequeño, se bendicen, se cuidan. No porque sean frágiles, sino porque todavía están en construcción. Esa lógica ancestral, paciente, obstinada es la misma con la que Bolivia enfrenta el repechaje rumbo al Mundial 2026.

La repesca no es una revancha, es un acto de creer. Es aceptar que el camino fue duro, que nada estuvo garantizado y aun así seguir compitiendo.

En esta época en Bolivia, pero sobre todo en La Paz, la gente compra la misma miniatura: un boleto al Mundial. Se lo lleva a casa, lo ubica en un sitio especial y lo mira frecuentemente a tiempo de ejercitar pensamientos que se vuelven un hábito. Es el fútbol en estado puro, porque este deporte es también un ritual.

Cada pase… es un pedido.

Cada remate… una súplica honesta

Cada atajada… una señal

La selección no juega sola, lo hace con la memoria de quienes saben esperar, con la esperanza de los que no abandonan el deseo cuando tarda. En el repechaje no hay margen para la especulación; se avanza con fe y convicción, y Bolivia entiende muy bien ese lenguaje.

La Alasita enseña que desear no es ingenuidad, es disciplina emocional. La repesca exige lo mismo: creer sin perder el orden, soñar sin dejar de correr. No se trata de magia, se trata de fe organizada.

Si el fútbol es espejo de un país, este repechaje lo deja claro: Bolivia no pide imposibles, pide lo justo y, cuando una nación entera desea lo mismo, incluso el destino lo escucha.

La voz de Óscar Villegas, sí, el DT de la Selección, con una idea compartida en primera persona hace unos meses:

“Les pedimos que crean, que confíen. Necesitamos esa buena energía”.

¿Por qué no hacerlo? ¿Por qué no sumar? ¿Por qué no creer en una persona honesta? ¿Por qué dudar de alguien que sabe “un poco” más de fútbol que la gran mayoría de nosotros?

La libertad y el respeto a la misma siempre son elementos fundamentales. Ya decía Aristóteles: “El que ha superado sus miedos será verdaderamente libre” puede creer o no. Puede tener fe o no. Puede pensar que sin fútbol ningún acto positivista en torno a un propósito funcionará. El desánimo, incluso tras este nuevo doloroso tropiezo en amistoso de preparación en Santa Cruz, puede crecer, puede preocupar… pero: ¿Tiramos la toalla? O mejor nos ocupamos de empujar desde el sitio que corresponda el trabajo necesario para cumplir este anhelo.

Creo que de eso se trata… como en la Alasita, no es tema de magia, sino de convicción. No es pedir por pedir, es cuestión de creer mientras se trabaja. Es cuestión de desear y esmerarse mucho. Es una esperanza colectiva y hoy en un escenario de sincretismo absoluto donde la pluralidad converge en un único querer: Volver a un Mundial de Fútbol.

Temas de esta nota