martes 10 de marzo de 2026

Historias

Silvio Piola, el héroe italiano del Mundial de 1938

Fue uno de los jugadores legendarios de su país y contribuyó a que su selección conquistara su segundo título consecutivo con los cinco goles que hizo
Piola (centro) durante la semifinal ante Brasil en el Mundial de 1938. Foto: FIFA.
Piola (centro) durante la semifinal ante Brasil en el Mundial de 1938. Foto: FIFA.

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En el Mundial de 1938, celebrado en Francia, Italia confirmó su supremacía futbolística con la conquista de un segundo título del mundo consecutivo. Fue un triunfo sin fisuras, fruto del contundente dominio que ejerció una selección compacta y bien rodada. Entre los nombres legendarios, como Giuseppe Meazza o Giovanni Ferrari, destaca la figura de quien se convirtió en uno de los mejores delanteros de la historia del fútbol italiano, Silvio Piola.

Años después, Amedeo Biavati, uno de los campeones del mundo de 1938, explicó que supuso para su país la conjunción de los tres futbolistas en aquel torneo: "Meazza, Piola y Ferrari: nunca se había visto nada parecido en un campo de fútbol. Para mí, ha sido el mejor triplete atacante de la historia, y teníamos a los tres juntos en el mismo equipo".

Piola no era un jugador de grandes alardes. En el terreno de juego, era trascendental, comedido, terriblemente eficaz y un delantero centro moderno antes de que existiera el término: potente, pero elegante; de movimientos inteligentes y despiadado ante la puerta rival. Pero, sobre todo, era un hombre tranquilo. Tenía esa calma que no nace de la frialdad, sino del conocimiento de su inteligencia y cualidades técnicas.

Aunque llegó al Mundial tras haberse convertido en una figura decisiva en el campeonato italiano, nunca sintió la necesidad de imponer su carisma ni sus capacidades de liderazgo. La selección de Vittorio Pozzo tenía ya sus propias jerarquías, y Piola se puso a su servicio con una entrega total. Sin embargo, su rendimiento en el terreno de juego hablaba por él, y los goles que marcó en el Mundial de 1938 resultaron decisivos.

Después del tanto que anotó contra Noruega, empezó a rayar muy alto en cuartos de final, contra la anfitriona, Francia, en medio de un ambiente enfervorizado y hostil. En aquel enardecido estadio, Piola marcó un doblete arrollador, fruto de su lucidez y eficacia. No lo celebró con una exaltación eufórica fuera de tono, no desafió al público: solo dedicó una mirada rápida a los compañeros y regresó al círculo central. Era su manera de decidir un partido.

Tras la semifinal contra Brasil, saldada con la victoria de Italia por 2-1, Piola anotó otro doblete en la final, producto de su fina inteligencia futbolística. Los dos goles fueron muy distintos entre sí: marcó el primero de un poderoso disparo, tras una bonita jugada colectiva, y el segundo con una precisión pasmosa. En un partido capaz de achicar al más curtido por la presión y la importancia que supone disputar una final, Piola jugó tranquilo, concentrado y decisivo, como en un domingo cualquiera.

Terminó la competición convertido en el segundo máximo goleador, con cinco tantos en su haber. Si bien se trata de cifras importantes, no dejan entrever el inmenso valor de Piola. No solo fue un gran artillero, sino la perfecta encarnación del héroe tranquilo dentro y fuera de los terrenos de juego. En la actualidad, se mantiene en el primer puesto de la lista de goleadores históricos de la liga italiana (274 tantos), por delante de Francesco Totti y Gunnar Nordhal.

Vittorio Pozzo, el seleccionador de Italia en 1938, explicó en pocas palabras las cualidades de este fuera de serie: "Todavía no sé si Silvio es zurdo o diestro, porque juega de maravilla con ambos perfiles. De cabeza, es muy hábil para medir los tiempos, pero además nunca he visto a nadie hacer una chilena ni rematar a puerta como él".