lunes 16 de marzo de 2026

Historias

Dennis Bergkamp y su "obra de arte" contra Argentina en el Mundial de Francia 1998

El futbolista neerlandés hizo un golazo a la Albiceleste en la ronda de cuartos y con ello su selección avanzó a las semifinales del campeonato
Dennis Bergkamp (izq.) domina la pelota antes de anotar a Argentina. Foto: FIFA.
Dennis Bergkamp (izq.) domina la pelota antes de anotar a Argentina. Foto: FIFA.

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Cuando evoca su gol legendario contra Argentina en la Copa Mundial de 1998, Dennis Bergkamp no se anda con rodeos. A lo largo de su carrera, el neerlandés de técnica exquisita coleccionó vaselinas de trazo fino, alojó en la red elegantes remates, encontró la escuadra con trayectorias que desafiaban la lógica y desarmó defensas con quiebros de cintura de una sutileza irrepetible. Pero ninguno de esos goles ocupa el lugar que el anotado aquel 4 de julio de 1998 en Marsella.

"Cuando veo un gol, no solo los míos, me fijo en el contexto. ¿Qué tipo de partido era? ¿Contra qué rival? ¿Era el tanto del 5-0 o el del 2-1? ¿En qué momento del encuentro llegó? Para mí, todo eso resulta decisivo", explica Bergkamp casi tres décadas después. 

En Marsella, Argentina y Países Bajos sostenían un pulso de enorme exigencia por el pase a semifinales, que se resolvió con la intervención de Dennis Bergkamp. Patrick Kluivert, el otro delantero de referencia del equipo de Guus Hiddink, abrió el marcador en el minuto 12 con el remate de un centro de cabeza del propio Bergkamp. Argentina reaccionó de inmediato. Claudio López, al límite del fuera de juego, rompió la línea defensiva rival y definió entre las piernas de Edwin van der Sar apenas cinco minutos después. El duelo, áspero desde el inicio, se tensó aún más con las expulsiones del neerlandés Arthur Numan y del argentino Ariel Ortega. 

El partido entraba en el minuto 90. El marcador seguía 1-1, ambos equipos jugaban con 10 y la prórroga parecía inevitable. Entonces, pese al cielo despejado de aquella tarde de verano en la ciudad mediterránea, un relámpago sacudió el Vélodrome. Todo nació de una intuición certera del capitán Frank de Boer, que desde su propio campo buscó a Bergkamp con un pase largo y medido. Nadie interpretaba mejor que él los movimientos de su compañero. "Lo primero es que exista esa conexión con el pasador: tú tienes que saber que el balón te va a llegar donde debe y él debe saber que vas a atacar ese espacio. Luego, te abres el hueco. Lo segundo es que el pase sea bueno, pero eso ya no depende de mí", explica Bergkamp entre risas.

¿Cómo fue el gol?

Desmarcado, aunque bajo la vigilancia de tres defensas, el delantero hizo valer su extraordinaria habilidad. Bajó el balón con la pierna derecha extendida y superó a Roberto Ayala con un gesto técnico excepcional: enganchó la pelota para dentro haciendo que rebotara en el suelo sin perder el control. "Tenía que orientarla para que quedara cerca de mí, porque aún necesitaba un toque más —analiza el artillero—. Cuando las distintas fases de una jugada salen bien, todo encaja". 

Al cabo de tres segundos desconcertantes, el entonces jugador del Arsenal armó el disparo con el empeine y superó a Carlos Roa, espectador resignado, aunque privilegiado, de una secuencia prodigiosa que hizo estallar la grada neerlandesa situada detrás de la portería.

"Es el resultado de muchos años de entrenamiento. Después del control y del segundo toque, si no marco, el error es mío, porque la jugada ya estaba hecha. Mi obligación era batir al portero; lo verdaderamente especial fue todo lo anterior". 

Acto seguido, desbordado por la euforia, el delantero se dejó caer sobre el césped y alzó los brazos al cielo en una celebración única en toda su carrera. "Esa sensación no se puede reproducir, es indescriptible —cuenta Bergkamp, aún suspendido en aquel instante tantos años después—. Cuando marcas un gol así, algo estalla. Recreas una celebración inmensa en la cabeza, pero no sabes qué hacer. De pronto eres consciente de que has decidido el partido, de que pasas de ronda, de que compites con los mejores. Tu familia está en las gradas, y sabes que te recordarán por eso. Todo se mezcla en tres segundos". 

Después, Brasil puso fin a la memorable trayectoria de Países Bajos (1-1 tras la prórroga, 4-2 en los penales), y la sorprendente Croacia ganó el partido por el tercer puesto (1-2). Pero en Marsella, Dennis Bergkamp se había asegurado un lugar entre las leyendas. "Te das cuenta enseguida de que es uno de esos momentos que te acompañarán toda la vida. Tras la competición, lo que de verdad me impresionó fue escuchar a la gente contarme dónde estaba cuando marqué ese gol: unos en el estadio, otros de vacaciones, otros en el trabajo. En ese momento entiendes que, en un solo instante, has tejido un vínculo entre los aficionados de todo el mundo. Con el tiempo comprendí que, sencillamente, el fútbol une a las personas". 

Aunque Dennis Bergkamp será eterno por muchos motivos, aquel fue, sin duda, su gran momento.