sábado 21 de marzo de 2026

Lo que pienso

Un comentario irreverente para un Manifiesto incorrecto

La fe dejó de ser unívoca. Los paradigmas se han tornado borrosos y poco consistentes
sábado 21 de marzo de 2026

Esta semana, Daniela Murialdo López presentó en Santa Cruz de la Sierra su Manifiesto incorrecto, la agrupación de cincuenta de sus columnas de opinión en diversos medios nacionales (a las que Daniela no quiso fechar para que no calcularan cuántos años llevaba en el oficio de enfrentar desde la Verdad).

Los comentarios enjundiosos de Paula Peña Hasbún y de Óscar Ortíz Antelo esa noche sobre el libro y el comentario de Carlos Hugo Molina luego en redes debieron inhibirme de esta reseña pero como la irreverencia es tan propia del acervo de la Hispanidad, me haré como el de Tormes.

Antes de entrar en la substancia de los ensayos —que eso son, en pequeñas dosis, los que forman un gran Manifiesto—, hablaré de la autora.

Daniela Murialdo López es mexicanabolivianachilena (entiendo que ése es el orden de sus coorígenes aunque me disculpará si me lo “dislexo”), dedicada a las artes innombrables del Derecho (no del torcido sino del recto ejercicio) y, a la vez que ejerce de crítica social, cultiva una hermosa familia junto con otro legalista y opinador —Gonzalo Mendieta Romero, un mi amigo de años— con el que comparte graves infracciones del Pensamiento Conformista a través de integrarse en una peligrosa Banda de Pensamiento Atrevido.

A Daniela la conocí —digitalmente en mi pantalla— a través de sus colaboraciones mediáticas en Brújula Digital, primero, y en Publico.bo poco después. Pasó mucho tiempo para que la conociera en persona.

Daniela la he descrito como un cóctel New Age porque, cuando se lee, fomenta nuestra conciencia personal y, sin los misticismos sincréticos, nos condice en una comunidad de conocimiento propositivo —no digo positivo porque no peca de comtiana— para la que nos practica la alteralidad cuando escribe porque es MUCHAS sin dejar de ser ELLA.

Su “incorrección” columnista se centra en destripar el wokismo. Para los neófitos en los neolenguajes ideológicos, woke es un término inglés equivalente a “estar despierto” que la comunidad afroamericana de los EE.UU. tomó como lema identificativo de quienes se enfrentaban o se mantienen alerta frente al racismo; con los años, la inicial acepción de esta denominación cobró más relevancia con el movimiento Black Lives Matter y la muerte de George Floyd en 2020 y,  luego, fue ampliándose a cobijar otras formas de desigualdad social, muchas reales pero otras, incluso, presuntas a partir de que la denominada progresía —muchas veces parametrizador ideológico de la neoizquierda— comúnmente arropara ideas orientadas a la revolución sexual (en la idea del falansterio comunal de Fourier en el sentido más amplio), el feminismo, el ecologismo, el veganismo, la sexodiversidad, el laicismo y el vanguardismo, entre otras posiciones protestatarias, incluidas (sobre todo) sus opciones radicales y extremas; en resumen: una visión contestaria de la sociedad establecida.

Murialdo —feminista no-wokefeminista— tomó como Misión destripar las narrativas del wokismo (incluido el wokefeminismo), muchas veces como el marxismo y su tripa sigloveintiunera, alertándonos —tal Orwell— sobre el peligro de la Imposición y el enfoque "slow" (o conformista) para regularnos mediante una autorregulación inducida. En fin, prevenirnos que no seamos como la rana hervida.

En ese empeño de Daniela de llevarnos a que nos contestemos cada uno la vieja pregunta dicotómica de ¿Qué es lo correcto? ¿Qué es lo incorrecto?, me atreveré a copiar un párrafo de su columna/ensayo “Un ropero para tantos pañuelos”:

Esto días lamento lo difícil que se ha vuelto la clasificación personal ideológica. Antes, la categorización era muy sencilla: uno era de izquierda o de derecha. Si te alistabas en lo primero, lo normal es que fueras anticapitalista, ateo, feminista, y encajaras en otras tipologías idiosincráticas. Lo mismo sucedía si pertenecías al otro bando. El de derecha era, de por sí, conservador, religioso, pro libre mercado y varios etcéteras. […] En cambio, ahora (¡ay!) las cosas se ponen complicadas. Mercadeamos en ferias de tendencias y movimientos ofreciendo marcas que incluso compiten entre sí, lo que hace más difícil su promoción. La fe dejó de ser unívoca. Los paradigmas se han tornado borrosos y poco consistentes

¿Se han preguntado por qué, para la prensa seria de adentro y de afuera, desapareció el concepto de derecha y sólo nos hablan de izquierda y ultraderecha (de la ultraizquierda chitón, porque el terrorista puede ser zurdo o diestro)? Santo Wokismo.

(Me encantó el Manifiesto…, Daniela. Pero no te gloríes mucho al agradecer mis elogios de ahora, amiga querida: Sinceros siempre lo son pero hoy —silencio electoral— me apuré a ello porque no se puede escribir de la zambumbia de nuestra política).

* La opinión expresada en este artículo es de exclusiva responsabilidad del autor y no representa una posición oficial de Visión 360

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