miércoles 22 de abril de 2026

“La Odisea” (Historia de la política boliviana)

“Estamos acostumbrados a ver al poderoso como si se tratara de un gigante, sólo, porque nos empeñamos en mirarlo de rodillas y ya va siendo hora, de ponerse de pie”

“Cuando emprendas tu viaje a Ítaca, pide que el camino sea largo, lleno de aventuras, lleno de experiencias. No temas a los lestrigones ni a los cíclopes, ni al colérico Poseidón, seres tales jamás hallarás en tu camino, si tu pensar es elevado, si selecta es la emoción que toca tu espíritu y tu cuerpo”. - Konstantino Kavifis

“La Odisea” inicia en el instante en que termina la guerra de Troya, marcando el final de una etapa que los guerreros quieren olvidar, albergando el deseo de volver a casa. La Ilíada y La Odisea son sin lugar a dudas, los grandes poemas épicos de la antigüedad. Son relatos que versan sobre mitos y mitología griega, viajes, guerra, pérdidas y, aun así, permite conservar intacto el anhelo por volver al hogar y encontrarse con los seres queridos. Estos colosales trabajos escritos por Homero, no sólo tratan de barcos y flechas, abordan temas mucho más profundos, temas en los que la inteligencia puede más que la fuerza bruta y la perseverancia es el motor que impulsa a seguir adelante aun cuando todo parece desmoronarse.

Ulises (héroe y protagonista de La Odisea), nos sumerge en una trama que conduce a reconocer las consecuencias de la guerra tras haber participado en ella durante diez años consecutivos. El protagonista permite entender que el ingenio y la astucia pueden resultar un arma más efectiva que la espada. Ulises, un hombre que, transcurrida una década lo ha perdido absolutamente todo, excepto, su deseo por recuperar su identidad como rey, esposo y padre en la pequeña isla de Ítaca. Esta decisión lo llevará a emprender el viaje de retorno que le tomará otros diez años, haciendo un total de veinte años que le demandó recuperar su vida y su reino.

La Odisea sigue fascinando después de miles de años gracias a su estructura fragmentada y atemporal. El relato comienza con Telémaco, hijo de Ulises, tratando de conocer noticias acerca de su padre, mientras que su esposa, Penélope, urde un plan para ganar tiempo ante la agobiante insistencia de sus pretendientes que ambicionan su herencia. Durante el día teje un sudario ofrecido a Laertes (padre de Ulises) y durante la noche procede a desatar los hilos para comenzar nuevamente al día siguiente, una muestra de amor sincero y lealtad que trasciende la línea del tiempo y la distancia.

En contrasentido al rol característico de los héroes que buscan alcanzar la gloria eterna y el reconocimiento humano, a Ulises lo que lo motiva es el “nostos” (vuelta al hogar), la importancia de recuperar el orden familiar, símbolo de tradición, historia memoria, pertenencia, identidad cargada de una nostalgia profunda, maximizada con el paso del tiempo. El deseo de recuperar lo que se ha perdido y volver a ocupar el lugar que abandonó los últimos 20 años, el “nostos” (morriña para mis amigos gallegos), motiva a Ulises a viajar por el Mediterráneo para luchar contra el olvido y su propia deshumanización.

Decidido a lograr su cometido, enfrenta a los lestrigones, los ciclopes, incluso al colérico Poseidón, dios del mar, que actúa como la fuerza intransigente e incontenible de su destino, quién está llamado a castigarlo por su orgullo. Cada ser al que debe enfrentar durante su periplo, simboliza un obstáculo que intenta apartarlo de sí mismo, de su objetivo y de sus sueños, una batalla psicológica más que física le permite estimular sus habilidades mentales para encontrar soluciones ante las vicisitudes, saliendo victorioso en todo momento.

Cuando finalmente el rey de Ítaca llega a la isla, lo hace vestido con harapos, en lugar de hacerlo entre fanfarrias y cornetas dignas de un monarca, lanzando un último mensaje de humildad como herramienta para alcanzar con éxito su principal objetivo <>. Un viaje narrado de manera prodigiosa que emplea la metáfora en todo momento y gracias a lo cual consigue mostrar la conducta humana, dejando claro que los rasgos característicos de los héroes no sólo radican en conquistar ciudades o pueblos, sino en tener la inteligencia suficiente para volver a sus orígenes y recuperar aquello que se creía perdido.

De vuelta al presente y tras conocerse los resultados de la segunda vuelta para la elección de gobernadores departamentales en cinco departamentos, vemos que el tablero electoral en Bolivia se ha reconfigurado por completo. Ante ésta realidad, es menester establecer que finalmente el nefasto ciclo de los últimos veinte años, ha llegado a su fin y estamos listos para emprender el viaje de regreso a casa. La atomización del mapa político rompe por completo la hegemonía partidaria ejercida autoritariamente por el Movimiento al Socialismo, abriendo paso a un nuevo ciclo de democracia pactada, consensos y acuerdos que marcaran el rumbo durante el lustro siguiente.

Tras veinte años trágicos, sumergidos en una trama de conflicto interno y batallas fratricidas promovidas por un discurso de odio irracional, es necesario reconocer las consecuencias que ha dejado un gobierno de “izquierdas” (MAS) para el país y encontrar a su vez de forma concertada soluciones ingeniosas para resolver la enorme pérdida de valores sufrido, tratando de recuperar el tiempo perdido, la identidad nacional y brindarles a los bolivianos la oportunidad de trabajar en la construcción de su proyecto de vida alejados de la impostura estatal. Después de veinte años de un gobierno nefasto, ha llegado el momento propicio para acabar con “la odisea” que vive Bolivia. Hay que recuperar el “nostos” griego, para devolverle a la patria el orden social, la paz y armonía que se merece; recuperar la tradición, historia, memoria, pertenencia e identidad, así como el respeto que se ha perdido entre hermanos.

Por el bien del país volvamos a casa, que la casta política actúe con madurez y responsabilidad, aprendiendo las valiosas lecciones que nos regala la historia. Que el desánimo y la frustración no minen nuestro espíritu y nos obliguen a cambiar nuestra manera de pensar, recuerden que: “Estamos acostumbrados a ver al poderoso como si se tratara de un gigante, sólo, porque nos empeñamos en mirarlo de rodillas y ya va siendo hora, de ponerse de pie”.

* La opinión expresada en este artículo es de exclusiva responsabilidad del autor y no representa una posición oficial de Visión 360

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