martes 21 de abril de 2026

Entre la legalidad y la legitimidad

El nuevo gobernador paceño, tiene el gran reto de convertir a la región paceña en el “departamento Maravilla”, promesa hecha en su campaña electoral.

El caso jurídico político que puso en vilo al departamento de La Paz, con respecto al capricho y tozudez que tuvo el ex candidato por Nueva Generación Patriótica (NGP), René Yahuasi, en el sentido de insistir hacia una segunda vuelta para la elección de gobernador en nuestra región y sabiendo que la norma electoral no estaba a su favor, dejó mucho que desear esa su conducta para que el Tribunal Supremo Electoral (TSE) falle en contra de la propia ley establecida.

No es posible que por un capricho personal de un candidato que apenas llegó a tener un 8% de votación ante un 20% de su contrincante, Luis Revilla, esta parte de la región del país iba a quedarse con un vacío de autoridad. Además, que Yahuasi no planteó nada claro mediante un plan de oferta electoral, sobre el desarrollo e impulso que le daría a La Paz para de aquí a cinco años. Por lo tanto; ¿así quería ser gobernador?

Dicha figura política jurídica, también dejó preguntas flotando en el aire: ¿la legalidad o la legitimidad tiene mayor validez? o ¿cuál de las dos prevalece más? También es necesario remitirnos a los conceptos de ambos términos.

La legalidad (fácil de expresar, aunque no tanto de entender en toda su extensión) significa el ajuste o sometimiento de una determinada conducta a lo que prescriben las normas, sea cual sea el rango de estas (Ley formal o mero reglamento). Si una conducta -en el ámbito que sea- no se acomoda a lo prescrito en las normas, se dice que esa conducta es “ilegal”.

Por su parte, la legitimidad resulta mucho más difícil de definir y delimitar puesto que se emplea tanto en política como en Derecho puro, que son dos ámbitos que no conviene confundir. Para la política, se relaciona con la capacidad de un poder para obtener obediencia de la sociedad sin recurrir a la coacción como amenaza de la fuerza, pudiendo decir, entonces, que un Estado es legítimo si los miembros de la comunidad aceptan a la autoridad vigente.

Pues bien, dicho lo anterior, la distinción entre legalidadlegitimidad resulta ser, para comenzar, una diferencia esencial en cualquier Estado democrático de Derecho. La legalidad pertenece al orden del derecho positivo y sus normas contienen siempre fuerza de ley (es decir generan obligación jurídica). La legitimidad forma parte del orden de la política y de la ética pública (fundamentación de las normas y de las decisiones). De esta forma, mientras que la legalidad genera obligación, la legitimidad genera responsabilidad (política o ética) y reconocimiento. O, expresado de otro modo; la legalidad tiene una racionalidad normativa acotada y la legitimidad tiene una lógica deliberativa abierta al remitir a conceptos más difusos (como pueda ser la ética).

Por lo tanto, no hay que olvidar que la legalidad siempre estará por encima de la legitimidad. Si no de qué ordenamiento jurídico y social hablamos. Si la legitimidad estaría primero, entonces todos quisiéramos hacer lo que nos da la gana en nuestro cotidiano vivir a título de que tengo legitimidad de unas cuántas personas para robar, estafar, engañar, asaltar, violar entre otros adjetivos calificativos.

En ese sentido se supone que Yahuasi, sabía al momento de candidatear cuáles eran las reglas del juego y a qué estaba jugando. Sería algo ilógico que hubiera entrado al campo de juego sin saber cuáles eran las reglas electorales para participar de las elecciones subnacionales. Lo que lleva a la deducción de que en el supuesto caso que hubiese sido elegido gobernador por La Paz, dicha persona no tendría ni la más peregrina idea de lo que es gestión pública para manejar todo el andamiaje administrativo y económico de la gobernación. La Paz ya no está para esos experimentos, no por algo en estos últimos 20 años nos estancamos en nuestro desarrollo porque a título de lo indígena originario campesino tuvimos autoridades departamentales como Cesar Cocarico, Felix Patzi y Santos Quispe totalmente ineficientes y pésimos en el manejo de la cosa pública.

Lo dije en una columna de opinión anterior, ya es hora de que La Paz tenga un gobernador salido de la ciudad. El tiempo me dio la razón. Luis Revilla como nuevo gobernador electo con el 20% de apoyo, sabrá con la experiencia en gestión pública municipal que cuenta revertir con obras de desarrollo esa poca legitimidad que le encaran tener organizaciones sociales o movimientos sindicales especialmente del altiplano, alentados e impulsados por el corrupto MAS evista. El nuevo gobernador paceño, tiene el gran reto de convertir a la región paceña en el “departamento Maravilla”, promesa hecha en su campaña electoral.

* La opinión expresada en este artículo es de exclusiva responsabilidad del autor y no representa una posición oficial de Visión 360

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