domingo 26 de abril de 2026

Yañee

¡El libro nunca se extinguirá!

Leer para fortalecer el espíritu y alimentar la mente, para así ampliar el conocimiento. Leer para ser más libres, más humanos.
domingo 26 de abril de 2026

Cuando las tecnologías y el aparato del celular nos han seducido y consumen la mayor cantidad de nuestros tiempos; cuando vivimos una existencia intensa, apurada y conflictiva; cuando desde el maravilloso e inagotable universo del internet puedes tener todo a tu alcance; cuando la Inteligencia Artificial te ha hecho la vida más fácil en varios aspectos, incluso, te ofrece cómo redactar documentos o escribir libros; cuando muchas voces prevén que el libro físico está a punto de ser cosa del pasado y que quedará entre los archivos, hoy mas que nunca se alza la imperiosa e imprescindible necesidad de retornar a los libros, de cobijarnos en ese objeto pequeño, el cual además fue la mejor invención de la humanidad y un producto que no tiene fecha de caducidad o de expiración.

El libro es eterno y lo seguirá siendo de enorme utilidad. Precisamente el pasado 23 de abril la humanidad celebró el Día Internacional del Libro y en casi todas partes celebraron este día. En Bolivia las redes sociales se llenaron de mensajes, fotografías, memes de políticos, autoridades, escritores, periodistas, maestros, académicos, analistas, en los cuales muchos hicieron galas de sus bibliotecas y de la cantidad de libros que leyeron en sus intensas vidas profesionales y laborales. Buen síntoma que el libro haya sido la estrella, como recordándonos que debemos dedicarnos cada día a una buena lectura.

Una vez mas se ratificó que el libro físico nunca morirá, siempre será vigente, recordándonos que hay un caballero elegante derribando gigantes, deleitándonos con sus aventuras junto a su Rocinante y su caballero Sancho; que la vida es como una Odisea, un viaje permanente para retornar al hogar; que mientras dormimos no sabemos qué podrá pasar en el amanecer: o seguir siendo uno o convertirse en un insecto kafkiano; que cuando estás a punto de morir en los campos de exterminios nazi, de pronto luchas para seguir viviendo y regalar a la humanidad el mejor libro “El hombre en busca del sentido de la vida”; que cuando recorres las cuencas te recuerdas que somos un río de pie; que la vida se te infla y te crees eterno porque Zaratustra te dijo que eres un superhombre; cuando la justicia está en crisis, para recordarles a los fiscales y jueces, lo que Platón nos dijo “la justicia es rectitud”.

Libros que nacieron hace 2.000, 1.000, 500, 100 o 50 años siguen tan actuales y que esperan a su lector, quien no puede escaparse ya de tan poderosas páginas de una novela, cuentos, poesía, ciencia ficción, filosofía, política, religiones, etc. Seguramente usted amable lector tiene su pequeña biblioteca, a la que acude cada vez u otros habrán construidos enormes bibliotecas familiares, de cuyos productos no quieren desprenderse como le sucede al autor de este artículo, quien además fue un ladrón de libros. De cuyas lecturas y experiencias lanzará muy pronto su libro preparado durante muchos años.

Es que en toda biblioteca hay un fluir incansable del renovado afán de vivir, no es un espacio inerte, aburrido, muerto. Ahí explotan tanta imaginación, tantas palabras, expresiones, gestos, susurros e incluso silencios de cada escritor y filósofo, que, aunque murieron hace años o siglos, se mantienen vivos, jóvenes, plenos y con todas las energías para compartir sus demonios y locuras. La biblioteca es un océano que está en permanente ir y venir, no es un lugar estático ni aburrido. Hay muchas vidas que quieren emerger, navegar y buscan a alguien que le dé una mano y esa es el lector, mi estimado lector. Sin alguien que lea, la biblioteca se convierte en un cementerio o una sala de terapia intensiva. La presencia de una biblioteca en todo hogar es una relación permanente.

El escritor portugués en sus conferencias que daba hacía énfasis en la capacidad que debe tener el ser humano para leer: “Leer sí que es una batalla. Leer es un encuentro. Leer es un auténtico diálogo entre mi sensibilidad y mi pensamiento y la sensibilidad y el pensamiento del escritor. Leer es una relación permanente”.

El escritor chileno Roberto Bolaño, que se nos fue hace cinco años, era otro enorme lector: “Leer es como pensar, como rezar, como hablar con un amigo, como exponer tus ideas, como escuchar las ideas de los otros, como escuchar música. Si, si, como contemplar un paisaje, como salir a dar un paseo por la plaza”.

Giovanni Papini, el impertinente escritor italiano, asegura que “el tesoro más maravilloso de la civilización humana”, son las bibliotecas, e incluso pide que una serie de libros sean grabados en acero para evitar su destrucción.

Todo hogar debería tener su espacio para dar cobijo a los libros, no desparramarlos por diferentes lugares de ese hogar, concentrarlos, aunque usted amable lector no tenga muchos libros, además una biblioteca debe atraer a los pequeños, para despertar en ellos la curiosidad y alimentar la imaginación.

 Por ello, Elias Canetti decía que los niños deberían crecer en grandes bibliotecas. Quizás esto es lo que menos se hace en la actualidad, porque los niños y jóvenes han sido atrapados por el hermoso aparato del celular, que nos ofrece un espectacular mundo de diversiones, informaciones, etc. Habrá que repensar la situación para tomarle la palabra a Canetti.

Leer para fortalecer el espíritu y alimentar la mente, para así ampliar el conocimiento. Leer para ser más libres, más humanos. Hay muchas razones para leer cada día, así como tomas un vaso de agua, un plato de comida, así deberías suministrarte una dosis diaria de lectura.

* La opinión expresada en este artículo es de responsabilidad exclusiva del autor y no representa una posición oficial de Visión 360
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