domingo 26 de abril de 2026

La mirada del escritor

¿Dónde está la gasolina, señor presidente?

Porque si la gente deja de creer, el problema ya no será solo económico. Será moral.

Bolivia vuelve a mirar las estaciones de servicio como mirar un termómetro roto: sabe que algo está mal, pero ya no sabe cuánto peor puede ponerse. Las filas regresan, el diésel escasea, la gasolina genera desconfianza y la promesa de cambio empieza a desgastarse en el mismo lugar donde se desgastan los motores, los bolsillos y la paciencia: la calle.

El presidente Rodrigo Paz recibió un país herido por la crisis económica, la falta de dólares, el deterioro institucional de YPFB y una población cansada de sobrevivir entre anuncios, discursos y emergencias. Pero gobernar no es explicar eternamente la herencia recibida; gobernar es responder. Y hoy la pregunta que se hace el ciudadano común no necesita tecnicismos: ¿dónde está la gasolina?, ¿dónde está el diésel?, ¿dónde está el cambio?

Según reportes recientes, Bolivia volvió a registrar largas filas por escasez de diésel, mientras YPFB asegura que existe combustible para cubrir progresivamente la demanda. También se informó sobre investigaciones a contratos petroleros y problemas vinculados a la calidad del combustible, en medio de una crisis institucional en la estatal petrolera.

El problema no es solamente llenar un tanque. El problema es que cada fila representa una economía detenida. Un chofer que no trabaja. Un productor que no mueve su carga. Una madre que llega tarde. Un joven que mira el país y siente que el futuro se achica. Cuando falta combustible, no solo falta energía: falta confianza.

El boliviano ya no quiere escuchar que “todo se está solucionando” mientras sigue haciendo fila. Ya no quiere comunicados que hablan de normalidad cuando la normalidad no aparece en su barrio. Ya no quiere promesas de abastecimiento si al día siguiente vuelve la incertidumbre. La política debe entender algo elemental: la gente no mide el cambio por conferencias de prensa, sino por su vida diaria.

Y la vida diaria está más cara. Todo sube. El transporte, los alimentos, los repuestos, los servicios, la ansiedad. La inflación del bolsillo se convierte en inflación del alma. Hay una sensación extendida de cansancio nacional, una especie de tristeza colectiva que no siempre aparece en las estadísticas, pero sí en los mercados, en los minibuses, en las conversaciones familiares y en esa frase que se repite con miedo: “¿qué nos espera como país?”.

La respuesta no puede ser el silencio. Tampoco puede ser la propaganda. Señor presidente, Bolivia necesita señales concretas. No basta con decir que se encontró corrupción, sabotaje o desorden anterior. Si hubo corrupción, que se investigue; si hubo daño económico, que se procese; si hubo negligencia, que se sancione. Pero mientras tanto, el país necesita combustible, estabilidad y dirección.

El cambio no puede ser solo una palabra electoral. El cambio debe sentirse en la estación de servicio, en el precio del pan, en el mercado, en el transporte público, en el ánimo de la gente. Si el ciudadano sigue viviendo igual o peor, entonces el cambio todavía no llegó. Y si no llegó, hay que decirlo con honestidad.

Bolivia está trancada. Trancada en sus filas, en sus deudas, en sus instituciones debilitadas, en sus peleas políticas, en su falta de planificación energética. El país parece avanzar empujado por la urgencia, no por una visión. Y un país sin visión se convierte en una sala de espera: todos aguardan algo, pero nadie sabe exactamente qué.

Por eso esta columna no es solamente una crítica. Es un llamado. Señor presidente Rodrigo Paz: el pueblo no le pide milagros, pero sí respuestas. No le pide discursos perfectos, pero sí decisiones firmes. No le pide que resuelva en un día lo que se destruyó durante años, pero sí que no convierta la esperanza en otra fila más.

¿Dónde está la gasolina? ¿Dónde está el diésel? ¿Dónde está la esperanza de cambio? ¿Dónde están las señales del mañana?

Porque si la gente deja de creer, el problema ya no será solo económico. Será moral. Y cuando un país pierde la esperanza, no se queda sin combustible: se queda sin horizonte.

* La opinión expresada en este artículo es de responsabilidad exclusiva del autor y no representa una posición oficial de Visión 360

 

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