lunes 11 de mayo de 2026

La mirada del escritor

Si no cuadra, se descuadra, señor presidente

Estamos cansados de discursos. Cansados de frases que suenan bien, pero no cambian nada.

Bolivia vive días difíciles. El país parece caminar entre bloqueos, manifestaciones, precios que suben y una incertidumbre que se ha vuelto parte de la rutina nacional. Hoy, la pregunta de muchos ciudadanos ya no es solamente cuánto costará el pan, el arroz o el transporte, sino algo más elemental: “¿Podré volver a casa o estará bloqueado el camino?”

Esa pregunta resume el cansancio de un pueblo que trabaja, estudia, madruga y lucha, pero que cada día siente que la vida se vuelve más pesada. Salir a la calle ya no es un acto sencillo; es enfrentarse a la posibilidad del cierre de vías, del encarecimiento de los productos, de la falta de respuestas y de una economía familiar que parece romperse por todos lados.

Cada día hay bolivianos que retiran dinero de sus cuentas no para invertir, no para crecer, no para cumplir un sueño, sino simplemente para sobrevivir. El sueldo ya no alcanza como antes. El mercado golpea. La canasta familiar pesa. El transporte sube. La esperanza se reduce. Y mientras tanto, desde el poder se insiste en discursos que ya no logran sostener la realidad.

Señor presidente: no cuadra.

No cuadra el discurso con la vida diaria de la gente. No cuadra la promesa de estabilidad con un país que se siente detenido. No cuadra la imagen oficial de normalidad con las filas, los bloqueos, la angustia y la molestia ciudadana. No cuadra hablar de esperanza cuando en los hogares bolivianos crece la preocupación por el mañana.

No cuadra tampoco un equipo de ministros que parece más dedicado a explicar la crisis que a resolverla. Bolivia no necesita autoridades que maquillen los problemas con palabras técnicas o frases optimistas. Necesita gestión, decisión, sensibilidad y resultados. Necesita un gobierno que escuche el ruido de las calles, pero también el silencio de las mesas donde cada familia calcula si el dinero alcanzará hasta fin de mes.

Presidente, el problema ya no puede esconderse en un discurso. La gente sabe lo que vive. La gente sabe cuánto costaba antes y cuánto cuesta ahora. La gente sabe cuándo una promesa se desgasta. La gente sabe cuándo un país empieza a descuadrarse.

Y cuando no cuadra la economía, se descuadra la confianza. Cuando no cuadra la política, se descuadra la convivencia. Cuando no cuadra el liderazgo, se descuadra la esperanza. Eso es lo que ocurre hoy: Bolivia no solo enfrenta una crisis material, enfrenta una crisis de credibilidad.

Estamos cansados de discursos. Cansados de frases que suenan bien, pero no cambian nada. Cansados de ver cómo la vida cotidiana se vuelve más difícil mientras se nos pide paciencia. La paciencia del pueblo no es infinita. La esperanza tampoco puede ser usada como adorno político.

Bolivia necesita que se trabaje de verdad. Necesita respuestas serias, no excusas. Necesita orden, no improvisación. Necesita autoridad, pero también humildad. Necesita que sus gobernantes comprendan que dirigir un país no es solamente hablar desde un podio, sino responder por el dolor real de la gente.

Señor presidente, si no cuadra, se descuadra. Y Bolivia ya está sintiendo ese descuadre en el bolsillo, en la calle, en el ánimo y en la confianza.

El país ya no espera discursos. Espera soluciones.

*La opinión expresada en este artículo es de exclusiva responsabilidad del autor y no representa una posición oficial de Visión 360

Temas de esta nota