jueves 21 de mayo de 2026

La mirada del escritor

El huevo, el gordo y el pollo

Bolivia no necesita un presidente que quiera ser querido por todos. Necesita un presidente que sepa mandar cuando el país se desordena. Necesita una voz clara, una decisión firme, un Gobierno que no tiemble ante cada bloqueo ni se arrodille ante cada amenaza.

Comenzaré por decir que el Huevo, Evo, sigue presente. No está sentado en la silla presidencial, pero sigue siendo el peso más grande que lleva Rodrigo Paz. Sigue ahí, como una sombra que no se borra, como una figura que vuelve al presente cada vez que el Gobierno se equivoca, cada vez que no sabe hablar, cada vez que no sabe poner orden, cada vez que intenta quedar bien con todos y termina quedando mal con el país.

El problema no es solamente Evo. El problema es que Evo aparece nuevamente porque el Gobierno no sabe manejar el lenguaje del poder. Y en política, quien no sabe hablar, no sabe mandar. Una palabra mal dicha, una frase débil, un discurso sin fuerza, abre la puerta para que los sindicatos, los grupos de presión y los viejos fantasmas vuelvan a tomar la calle como si Bolivia fuera propiedad privada de los que gritan más fuerte.

Rodrigo Paz, el Pollo, está cargando demasiado. Carga al Huevo, carga al Gordo, carga la crisis, carga la presión, carga el enojo de la gente, carga el país entero encima. Pero debe entender algo: un presidente no puede vivir queriendo agradar a todos. Ese es su error más grande. Quiere dar calma, pero Bolivia no está pidiendo solo calma. Bolivia está pidiendo orden. Está pidiendo mano firme. Está pidiendo que alguien diga: hasta aquí.

Porque el Gordo no es solo una persona. El Gordo es el peso de un país mal acostumbrado. Es el sindicalismo que estalla sin razón, que pide cosas imposibles, que bloquea, que amenaza, que no comprende que Bolivia ya no aguanta más chantajes. El Gordo es ese sistema pesado, torpe, abusivo, que se sienta sobre el Estado y no lo deja respirar. Es el bloqueo convertido en costumbre. Es la presión convertida en política. Es el grito reemplazando a la razón.

Y frente a eso, Rodrigo Paz no puede seguir caminando como si todavía estuviera en campaña. Ya no se trata de convencer a todos. Ya no se trata de sonreír a todos. Ya no se trata de hablar bonito para que nadie se enoje. Se trata de gobernar. Y gobernar también significa decir no. Decir no a los sindicatos cuando piden lo imposible. Decir no a los que quieren incendiar el país. Decir no a los que creen que bloquear es tener razón. Decir no a los que confunden democracia con desorden.

Es momento de dejar de agradar a todos. Es momento de tomar un bando.

Y tomar un bando no significa dividir al país. Significa ponerse del lado correcto: del lado de la ley, del lado del trabajo, del lado de la gente que madruga, que vende, que estudia, que maneja, que produce, que no bloquea, que no chantajea, que no vive de paralizar Bolivia. Ese es el bando que debe tomar Rodrigo Paz. El bando del ciudadano común. El bando del país que quiere avanzar.

El Huevo sigue ahí porque nadie lo terminó de romper. El Gordo sigue pesando porque nadie lo quiere enfrentar. Y el Pollo debe decidir si va a seguir cargando todo ese peso o si por fin va a levantar la cabeza y poner orden.

Bolivia no necesita un presidente que quiera ser querido por todos. Necesita un presidente que sepa mandar cuando el país se desordena. Necesita una voz clara, una decisión firme, un Gobierno que no tiemble ante cada bloqueo ni se arrodille ante cada amenaza.

Porque cuando el poder no toma decisiones, el caos decide por él. Cuando el Gobierno no pone límites, los sindicatos ponen las reglas. Cuando el presidente no habla fuerte, hablan los fantasmas del pasado.

Rodrigo Paz tiene que entenderlo ya: no puede gobernar con miedo a incomodar. Debe incomodar. Debe incomodar a los que viven del desorden. Debe incomodar a los que quieren convertir cada demanda en chantaje. Debe incomodar a los que creen que Bolivia se gobierna desde la calle y no desde el Estado.

El Huevo, el Gordo y el Pollo no son solo una burla política. Son la imagen cruel de un país atrapado entre el pasado, el peso del desorden y un gobierno que todavía debe demostrar carácter.

Es momento de poner orden. Es momento de hablar claro. Es momento de tomar un bando.

Porque Bolivia ya no puede seguir siendo cargada como un huevo viejo, aplastada por un gordo inmenso y dirigida por un pollo que todavía no decide si va a mandar o va a dejar que lo desplumen.

* La opinión expresada en este artículo es de exclusiva responsabilidad del autor y no representa una posición oficial de Visión 360

Temas de esta nota