sábado 23 de mayo de 2026

Mundial 1958

La famosa radio que compró el brasileño Garrincha

En el campo de juego se convertía en una verdadera pesadilla para sus marcadores, pero fuera de ella pecaba de ingenuo con sus compañeros.
Garrincha escucha las instrucciones del cuerpo técnico de los brasileños.
Garrincha escucha las instrucciones del cuerpo técnico de los brasileños.

Pocos saben que el fantástico delantero brasileño Manoel “Mané” Francisco Dos Santos, popularmente conocido como “Garrincha”, estuvo bastante cerca de no ir a Suecia.

Entre las innovaciones que se apreciaron en Estocolmo, se destacó la contratación de un psicólogo, João Carvalhais, para trabajar con el plantel del entrenador brasileño Vicente Feola. Según los estudios y entrevistas realizados por Carvalhais, Garrincha debía ser expulsado del equipo por su bajísimo coeficiente intelectual.

El especialista advirtió a Feola que el delantero de Botafogo de Río de Janeiro tenía “botellas en lugar de seso”. Al trascender este informe, Nilton Santos y Didí, compañeros de Mané en Botafogo y líderes dentro del plantel nacional, se reunieron con el psicólogo y lo convencieron para que no insistiera con la remoción del atacante carioca: “Doctor; Garrincha sabe jugar al fútbol”, le dijeron. A pesar de su pobre capacidad para razonar, sus pies desviados hacia adentro, tener una pierna seis centímetros más corta que la otra y su columna vertebral torcida, Mané jugó con su selección 60 partidos, de los cuales ganó 52, empató siete y perdió solo uno.

Empero, sus detractores —tal vez para justificar la recomendación del psicólogo— cuentan que, durante el desarrollo de la Copa, el delantero adquirió en una tienda local una radio a transistores tan cara como moderna para los tiempos que corrían, recuerda el periodista Luciano Wernicke en el libro Historias Insólitas de los Mundiales de Fútbol.

 

Figura emblemática del fútbol brasileño, acompañado de su familia en una faceta diferente de su vida.

 

Apenas regresó a la concentración, Garrincha mostró orgulloso la flamante adquisición a sus compañeros, quienes, asombrados, lo felicitaron por su buen gusto en la elección.

Sin embargo, Américo, el famoso masajista del plantel, lo apartó y le explicó que había hecho un mal negocio. “Este aparato no te va a servir en Brasil —le dijo— porque solamente transmite en sueco”. Ingenuo como pocos, Garrincha encendió la radio y comprobó que, efectivamente, en todas las estaciones los locutores hablaban el idioma escandinavo.

Luego de algunos minutos de proferir maldiciones contra el vendedor que, supuestamente, lo había engañado, el delantero aceptó cederle el aparato al astuto masajista, quien de esta manera se apoderó, a un costo infinitamente inferior al abonado por Mané, de la radio que solo servía “para los suecos”.

Se desconoce si el masajista de la Canarinha devolvió a Garrincha la radio o la plata. Lo que sí sabemos es que, por siempre, la inocencia del genio a la sombra del genio, el auténtico y eterno mago del regate, firmaría con fútbol una historia que retransmitieron en todas las radios del planeta, en portugués, inglés, español… y sueco.