miércoles 10 de junio de 2026

Mundial 2026

El calor, las distancias y la altitud, los retos extra que enfrentarán los jugadores

La Organización Mundial de la Salud (OMS) ya ha advertido de que las temperaturas extremas serán parte de la historia de la Copa, igual que otras condiciones climáticas.
Jugadores de España participan en un entrenamiento en Chattanooga, Estados Unidos. Crédito EFE
Jugadores de España participan en un entrenamiento en Chattanooga, Estados Unidos. Crédito EFE
miércoles 10 de junio de 2026

Madrid / EFE

El Mundial de Fútbol de 2026, que arranca este jueves, supondrá todo un “desafío” para el físico de los jugadores, no solo porque es el primero de la historia en el que se disputarán más partidos —hay más selecciones y una ronda de dieciseisavos de final—, sino por el calor extremo, la altitud en algunas sedes y los largos desplazamientos, ya que son tres los países anfitriones: Estados Unidos, México y Canadá.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) ya ha advertido de que el calor extremo será parte de la historia del Mundial con el riesgo que implica tanto para los jugadores como para los aficionados. De hecho, un estudio encargado por la Federación Internacional de Asociaciones de Futbolistas (FIFPRO) calcula que 26 de los 104 partidos de la competición se van a jugar en condiciones que representan un riesgo para los jugadores. Entre ellos, la final, dos partidos de cuartos de final y el encuentro por el tercer puesto.

La FIFA ha establecido dos pausas de tres minutos en la mitad del primer y segundo tiempo de cada partido.

Desde la Sociedad Española de la Medicina del Deporte (Femede), el médico Jesús Viosca afirma a EFE Salud que este Mundial de Fútbol 2026 es un “desafío para la fisiología humana” por la temperatura “extrema”: “Más del 80 % de las sedes puede superar los 35 grados de calor”, a lo que hay que sumar la humedad, la radiación y el viento, que aumenta la sensación térmica.

 

El “jet lag” (desfase horario)

Además del calor extremo, hay que tener en cuenta los desplazamientos entre las distintas sedes, que abarcan un total de tres husos horarios, algo que no ayuda tampoco a que los jugadores se recuperen del “jet lag” inicial.

“El 'jet lag’ es una desincronización del ritmo circadiano. Tenemos un reloj central en el hipotálamo y relojes periféricos como músculos, intestino, páncreas… y en cada huso horario hay una desincronización”, subraya Viosca, quien es médico de la Academia del Valencia CF.

En el Mundial de Fútbol 2026 en particular, la geografía es tan amplia que de este a oeste hay 4.300 kilómetros y de norte a sur unos 4.000, con distancias entre sedes de hasta siete horas, “lo que generará fatiga acumulada independientemente del número de husos horarios”.

Habrá por primera vez 48 selecciones, 16 más que en los anteriores, y serán 16 los estadios que albergarán los 104 partidos del campeonato. En total, 39 días de competición, desde el inicio el 11 de junio hasta el 19 de julio, cuando se celebre la final, en MetLife Stadium, de Nueva York (EE. UU.).

Habrá selecciones a las que puede que les cueste más la adaptación inicial, señala el médico. “No es lo mismo una selección como la de Nueva Zelanda, que tiene que cruzar entre 16 y 19 husos horarios, que otra que esté más cerca, aunque tenga que viajar menos en la competición”, apunta.

Y tampoco es lo mismo viajar de este a oeste que de oeste a este. En el primer caso, el organismo se adapta peor, porque es como si tuviera que adelantar un día, mientras que, al viajar al oeste, es como si se retrasase.

 

Jugadores y cuerpo técnico de la selección de Sudáfrica en una de las últimas prácticas en Pachuca (2.450 metros). Foto: Club Pachuca

 

La altitud y la carga del calendario

A ello se suma la polución ambiental, porque en Estados Unidos suele haber más incendios por esas fechas, se puede generar más ozono por los contaminantes aéreos.

Además, no hay que pasar por alto la altitud. “No es lo mismo jugar en Ciudad de México, que está a 2.240 metros, que en Monterrey o en otras sedes que estén al nivel del mar. Hay estudios que hablan de que, por cada 1.000 metros, a partir de los 1.500 metros de altura, el equipo que está adaptado en altura tiene medio gol de diferencia”, asegura Viosca.

Después de una larga temporada de los equipos con campeonatos de liga y otras competiciones, los jugadores llegan al Mundial en el que se jugarán más partidos.

“La carga competitiva de los jugadores es muy alta. Una de las problemáticas del fútbol de élite son las lesiones musculares; incluso siguen aumentando la curva cada año, por el calendario y el número limitado de efectivos", apunta el experto, quien incide en que al final de temporada hay más “sobrecarga” y depende de cada jugador y de cada equipo; es algo que puede influir más o menos.

Con todo ello, Viosca considera que la fisiología humana puede ser “un factor decisivo” para el rendimiento de los equipos, de forma que los que mejor optimicen las estrategias de recuperación “son los que van a estar con más posibilidades de ganar o de tener mejor resultado”.

 

Cómo adaptarse

Los que compiten en el Mundial son jugadores “de mucho nivel” y llevan profesionales en sus selecciones que cuidan hasta el más mínimo detalle para tratar de que estas adversidades afecten lo menos posible al rendimiento deportivo y mental.

Una medida que se suele recomendar, según el médico de la Academia del Valencia CF, es que la selección viaje catorce días antes de que comience la competición al país donde se disputa, para adaptarse mejor y comenzar a entrenar allí, pero no es posible por el calendario de competiciones, fundamentalmente el europeo.

Viosca expone algunas de las estrategias para mitigar estos efectos, partiendo de la base de que aquellos que provengan de ligas donde se juega con más calor, altitud o humedad pueden contar con “una ventaja añadida”.