lunes 15 de junio de 2026

La Tribuna

Mundial 2026: Cuando el factor humano sale al rescate del fútbol

Si nos despojamos por un momento de la chaqueta de críticos y nos calzamos los botines del cuerpo arbitral, el balance de estos primeros tres días del Mundial toma un matiz completamente distinto.

Ponerse el silbato en la boca en una Copa del Mundo es, probablemente, el ejercicio de aislamiento psicológico más extremo que existe. Como exárbitro —pero sobre todo como alguien que entiende la soledad del hombre de negro—, ver los toros desde la barrera es fácil; estar ahí abajo, con las pulsaciones a doscientas por minuto y el mundo juzgándote en alta definición, es otra historia.

Si nos despojamos por un momento de la chaqueta de críticos y nos calzamos los botines del cuerpo arbitral, el balance de estos primeros tres días del Mundial toma un matiz completamente distinto. A pesar de los fallos de conectividad, los colapsos tecnológicos y los golpes burocráticos externos, la realidad es que el factor humano salió al rescate del fútbol.

Pensemos por un segundo en la presión que soportaron Said Martínez y su cuerpo arbitral en el partido entre Suiza y Qatar. El libreto moderno le dice al árbitro: "Usted confíe en el sistema, la máquina le avisará". Pero cuando el "cerebro digital" se apagó en San Francisco, el equipo arbitral no entró en pánico.

Ahí es donde emergió la verdadera valía de la preparación de élite. Ante el apagón del sistema semiautomático, los asistentes en cancha y los encargados en la cabina del VAR (Guillermo Pacheco y Erick Yair Miranda) demostraron una capacidad de adaptación asombrosa:

Mostraron un temple de acero ya que soportaron la atmósfera ensordecedora del estadio y las protestas de los jugadores mientras trazaban manualmente las líneas de referencia sobre la pantalla.

Para el colectivo arbitral, este incidente no fue un fracaso, sino una medalla al mérito. Demostró que el árbitro actual no es un simple títere de la tecnología; es un atleta de élite con la capacidad de arbitrar "a la antigua" si el chip de la pelota decide dejar de funcionar.

Otro aspecto sobresaliente y sumamente positivo de estas primeras 72 horas fue la consistencia en la gestión del control del partido, debemos tomar en cuenta que con la inclusión de delegaciones arbitrales de todas las confederaciones, el reto de unificar criterios era monumental. Sin embargo, en los debuts de selecciones de alto perfil como México o Estados Unidos, vimos un nivel de concentración notable.

Los jueces de campo supieron abstraerse por completo del ruido mediático derivado del caso de Omar Artan. Es sumamente difícil saltar a la cancha sabiendo que un compañero del gremio fue excluido por motivos extradeportivos, sintiendo que la lupa sobre el resto del grupo se vuelve el doble de grande. El arbitraje demostró un corporativismo ejemplar: se blindaron, salieron a la cancha y hablaron el único idioma que importa, el de las 17 reglas del juego.

El gran triunfo del arbitraje en este arranque fue su invisible efectividad ya que demostró que cuando se apagan las luces del VAR y el partido no se le va de las manos al juez, el fútbol gana.

En algunos sectores se criticó que el arbitraje se está volviendo "robótico", pero si miramos con lupa las acciones de peligro y los contactos en el área en estos primeros encuentros, la realidad nos dice lo contrario, pues los árbitros están aplicando una excelente ventaja constructiva. Se está permitiendo la fluidez del juego, castigando la temeridad pero sin cortar el ritmo con faltas tácticas menores.

A nivel físico, el posicionamiento de los jueces principales fue impecable, se vio que las transiciones rápidas del fútbol moderno exigen que el árbitro corra a la par de delanteros africanos o extremos europeos para estar a menos de diez metros de la jugada. En ese aspecto, la preparación física de la FIFA esta muy cerca de la perfección en este inicio de torneo.

A fin de cuentas, este arranque de Mundial nos deja una lección reconfortante para los que amamos la esencia de este oficio: la máquina es un accesorio; el árbitro es el alma de la justicia en el campo.

A pesar de los cables caídos y los pasaportes rechazados, los noventa minutos de cada partido deoendió de la valentía de un ser humano con un silbato. Y en ese examen, los árbitros están demostrando que el factor humano sigue estando muy por encima de cualquier software de inteligencia artificial.