martes 16 de junio de 2026

La Tribuna

Un Mundial sin reverencias

En estos primeros días, la Copa del Mundo 2026 nos recuerda que las camisetas pesan cada vez menos y que los nombres ilustres ya no garantizan victorias.

El mundial más grande de la historia ha comenzado a escribir sus primeras páginas; una conclusión empieza a tomar forma: el futbol ya no entiende de jerarquías inamovibles.

En estos primeros días, la Copa del Mundo 2026 nos recuerda que las camisetas pesan cada vez menos y que los nombres ilustres ya no garantizan victorias. Brasil, una de las eternas favoritas, tropezó en su debut con un empate ante Marruecos. Y aunque el marcador reflejó igualdad, las sensaciones dejaron claro que los africanos ya no son una sorpresa pasajera, sino una realidad consolidada del futbol mundial.

México, impulsado por su gente, abrió el torneo con autoridad, derrotando a Sudáfrica por 2-0 y enviando un mensaje claro a sus rivales del grupo A. Estados Unidos también mostró credenciales al golear 4-1 a Paraguay, confirmando el crecimiento sostenido del futbol norteamericano.

Mientras tanto, Escocia celebró una trabajada victoria sobre Haití y Australia sorprendió con un sólido triunfo ante Turquía, demostrando que los llamados equipos de segundo escalón llegan cada vez mejor preparados a las grandes citas.

 

 

España llegó a su debut con el cartel de favorita, con una generación talentosa y con el peso de haber conquistado el mundo en Sudáfrica 2010. Del otro lado aparecía Cabo Verde, una selección que disputa apenas su primera Copa del Mundo y cuya sola presencia ya constituía un acontecimiento histórico.

Cabo Verde simboliza mejor que nadie esta nueva realidad. Un país de poco más de medio millón de habitantes logró contener durante todo un partido a una de las selecciones más prestigiosas del planeta. No ganó el encuentro, pero sí conquistó algo igualmente valioso: el respeto del mundo futbolístico.

El hecho de haber ampliado el Mundial a 48 selecciones generó muchas dudas cuando fue anunciado . Algunos temían goleadas escandalosas y diferencias abismales entre las potencias y los debutantes. Sin embargo, las primeras jornadas parecen ofrecer una lectura diferente. Los equipos emergentes compiten, incomodan y obligan a trabajar a los gigantes.

Se está demostrando ahora que los Mundiales no viven únicamente de los campeones. También viven de esos equipos que se atreven a desafiar el orden establecido.

En la jornada de hoy queda demostrado que los sueños de los pequeños pueden ser tan grandes como las camisetas de los gigantes.