lunes 13 de julio de 2026

Relaciones exteriores

Canciller: nueva política exterior se basa en comprender el mundo, construir una acción exterior y desarrollar una diplomacia que sea percibida por la población

Los criterios para definir la nueva política exterior se basan en cuatro principios: la soberanía, el pragmatismo, la previsibilidad y el interés nacional.
El presidente, Rodrigo Paz y el ministro de Relaciones Exteriores, Fernando Aramayo. Foto APG
El presidente, Rodrigo Paz y el ministro de Relaciones Exteriores, Fernando Aramayo. Foto APG

El ministro de Relaciones Exteriores, Fernando Aramayo, presentó esta noche los lineamientos de la nueva política exterior, que tendrá tres propósitos inseparables: comprender el mundo en transformación, construir una nueva acción exterior y desarrollar una diplomacia cuyos resultados puedan ser percibidos por la población.

Los criterios para definir la política exterior se sostienen sobre cuatro principios: el primero, la soberanía, la autonomía estratégica, la libertad de decisión y evitar dependencias innecesarias.

El segundo es el pragmatismo, pero con principios. Actuaremos con flexibilidad, pero no sin límites. Nuestras decisiones se enmarcarán en la Constitución Política del Estado, la Carta de las Naciones Unidas, el derecho internacional, los derechos humanos, la solución pacífica de controversias y la defensa de nuestra soberanía.

El tercer principio es la previsibilidad. Nuestros socios, los organismos internacionales y nuestros mercados deben saber que Bolivia es un Estado serio, coherente y capaz de honrar sus compromisos.

El cuarto es el interés nacional. Cada decisión, cada negociación, cada acción exterior deberá responder al interés del país y de su pueblo. Bolivia dialogará con todos, cooperará con todos y construirá puentes con todos, pero decidirá siempre en función de Bolivia, precisó.

Esos lineamientos orientan hacia cuatro grandes objetivos: posicionar a Bolivia en el mundo, contribuir a transformar la economía, acelerar la tecnología y la innovación e integrar a toda la región, porque la política exterior no puede medirse únicamente por el número de reuniones realizadas o las declaraciones suscritas, explicó.

Aramayo partió su exposición planteando cuál debe ser el lugar de Bolivia en el siglo XXI. Sostuvo que se debe responder al mundo tal y como es, reconocer las fortalezas, aprender de la historia y actuar con la mirada en el futuro y, sobre todo, no puede ser vista como algo distante de la vida cotidiana de las personas.

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Consideró que debe convertirse en una herramienta concreta para defender los intereses del Estado, ampliar las oportunidades de desarrollo y mejorar la vida de los bolivianos y las bolivianas.

Los lineamientos se hicieron bajo la directriz del presidente Rodrigo Paz, no nacen de la improvisación, no responden a una coyuntura pasajera ni a una reacción circunstancial, es el resultado de la reflexión, el diálogo y la experiencia acumulada durante los ocho primeros meses de esta gestión de Gobierno, afirmó.

“Nacen también del proceso de reconstrucción institucional que hemos iniciado del Ministerio de Relaciones Exteriores. Bolivia necesita una gestión exterior soberana, pragmática, previsible y capaz de producción de resultados”, sostuvo. “El mundo se transforma y Bolivia también debe transformarse en la manera en la que se relaciona con él”, dijo.

Aramayo sostuvo que el mundo ha cambiado: “Han cambiado las formas de poder, las formas de producir riqueza, las maneras de ejercer influencia y los riesgos que enfrentan los Estados. Vivimos una etapa marcada por la multipolaridad, nuevos actores, nuevas economías y nuevos centros de poder participan en definición de las agendas globales”.

La competencia entre países, sostuvo, ya no solamente se expresa en términos políticos y militares, también se manifiesta en la geoeconomía, en el comercio, en la tecnología, en el financiamiento y en el control de las cadenas globales de suministro.

La diversificación energética ha elevado el valor estratégico de los minerales críticos, el litio, el agua, la diversidad y las energías limpias. La inteligencia artificial y la digitalización están modificando las formas de producción, la educación, la comunicación, la seguridad y el desarrollo.

Al mismo tiempo, la crisis climática, migratoria, sanitaria y de seguridad trascienden las fronteras nacionales y exigen respuestas coordinadas.

“Este es el escenario en el que Bolivia tiene que actuar, no podemos enfrentar el presente únicamente con las categorías del pasado, necesitamos comprender la velocidad del cambio, anticipar sus efectos y construir capacidades para aprovechar sus oportunidades”.

El poder global ya no se disputa solamente en el terreno político, hoy es multidimensional, se discute en el acceso a los recursos estratégicos, se discute en la tecnología, en la innovación, en la información, en la energía, en la capacidad de atraer inversiones, en la resiliencia del suministro y en el acceso a los mercados, explicó.

“En cada una de esas dimensiones, Bolivia tiene algo que ofrecer, naturalmente algo que ganar. Poseemos minerales y recursos estratégicos relevantes para la diversificación energética, contamos con una biodiversidad extraordinaria, recursos hídricos y energéticos, una riqueza cultural singular y un potencial productivo que debe ser mejor y más aprovechado”, planteó.

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“Somos un país amazónico, andino, chaqueño, megadiverso, no partimos de la carencia, por el contrario, de activos reales. El desafío consiste en convertir esos activos en desarrollo, empleo, financiamiento, infraestructura y mejores oportunidades para la población”, aseguró.

Frente a este escenario, dijo, un país puede adoptar dos actitudes: puede quedarse a observar cómo cambia el mundo o ser protagonista de ese cambio. “Bolivia ha decidido actuar, ese es el cambio de fondo que proponemos en nuestra política exterior”.

Durante demasiado tiempo, la política exterior estuvo condicionada por urgencias, inercias. Hoy Bolivia necesita anticipar escenarios, identificar riesgos, construir alianzas que sean inteligentes y, sobre todo, actuales, manifestó Aramayo.

“Queremos pasar de reaccionar ante la crisis a prepararnos para ella, de una inserción pasiva a una acción capaz de generar oportunidades, de relaciones limitadas por situaciones coyunturales a una política de diversificación y previsibilidad, de una visión de una Bolivia como simple exportador de materias primas a una diplomacia geoeconómica que promueve valor agregado, tecnología, industrialización y empleo, y de una integración pasiva a una definición de Bolivia como un Estado articulador y conector de Sudamérica”, planteó.

No se trata de negar todo lo realizado en el pasado, respetamos la historia diplomática de Bolivia y reconocemos los esfuerzos de quienes nos antecedieron, pero también asumimos que cada generación tiene la responsabilidad de responder a los desafíos de su propio tiempo. La nuestra debe pasar de responder al mundo a actuar estratégicamente en él.

Debe medirse por resultados, por cuántas puertas hayamos abierto, por cuántas oportunidades ya hayamos creado, por cuánto bienestar hayamos generado; en definitiva, por la mejora concreta y real en la vida de nuestra gente.

Existe, además, una que trasciende nuestras fronteras: Bolivia representa hoy para América Latina y el mundo uno de los desafíos más emblemáticos en la consolidación de las democracias del siglo XXI.

La política exterior proyectará una Bolivia comprometida con la estabilidad democrática, el diálogo y la construcción de consensos, con el convencimiento de que la democracia es el camino fundamental como condición indispensable para el desarrollo e integración de nuestros pueblos, sostuvo.

Hay una idea central que atraviesa estos lineamientos y que expresa la identidad estratégica que proponemos para el país. Durante mucho tiempo pensamos que Bolivia debía integrarse a la región; hoy planteamos una visión mucho más ambiciosa: Bolivia no solo debe integrarse, Bolivia debe integrar a América Latina, al hemisferio y al mundo.

Nuestra geografía nos sitúa en el corazón de América, entre el punto de encuentro del Atlántico y el Pacífico, entre el norte y el sur del continente. Contamos con la energía, el litio, minerales críticos, biodiversidad y recursos esenciales para el futuro, pero esos atributos solo se convertirán en etapas si somos capaces de articularlos mediante una visión de Estado.

Nuestra vocación histórica no es la periferia, nuestra vocación histórica es la articulación. Queremos que se deje de percibir que Bolivia es únicamente desde su mediterraneidad y se proyecte como un país bioceánico, logístico y estratégico.