viernes 17 de julio de 2026

Para tomar en cuenta

Diez hechos sorprendentes de las finales de la Copa del Mundo

Cada cuatro años es el partido más importante del fútbol mundial, un acontecimiento que, durante casi un siglo, ha aportado historias increíbles.
Fotografía de archivo del 30 de julio de 1966, en la que se ve la jugada polémica de la final entre Alemania e Inglaterra. Foto: EFE
Fotografía de archivo del 30 de julio de 1966, en la que se ve la jugada polémica de la final entre Alemania e Inglaterra. Foto: EFE

Nueva York / EFE

Cada cuatro años es el partido más importante del fútbol mundial, un acontecimiento que, durante casi un siglo, ha aportado historias increíbles:

1. La final de 1930 se jugó con dos balones, uno argentino y otro uruguayo.

La primera final de un Mundial se jugó con dos balones, uno argentino y otro uruguayo, cada uno fabricado con el cuero nacional y con una vejiga inflable, porque ninguna de las dos selecciones finalistas admitía jugar con la del rival. El árbitro belga John Langenus entró al campo con dos balones y una moneda al aire decidió con cuál se jugaría en cada tiempo. Argentina, con su balón, terminó con ventaja la primera mitad (2-1). Uruguay, con el suyo —al parecer un poco más grande y pesado—, remontó y se hizo con el título (4-2).

2. El argentino Luis Monti jugó dos finales consecutivas con selecciones distintas.

El argentino Luis Monti es el único caso de un jugador que ha disputado dos finales con distintas selecciones. Lo hizo con Argentina en 1930 y repitió, ya como italiano, en 1934. Lo curioso fue que en ambas actuó bajo amenazas. Lo amenazaron los uruguayos si ganaba en la primera edición y sufrió la presión de Benito Mussolini para lograr la victoria, cuatro años después.

3. Jules Rimet bajó del palco dispuesto a darle la copa a Brasil, en el Maracanazo.

Desconcierto fue lo que sintió el presidente de la FIFA, Jules Rimet, durante el maracanazo. El dirigente abandonó el palco con tiempo para prepararse para entregar el trofeo sobre el césped. Dejó el palco con Brasil ganando y, cuando llegó al campo, Uruguay ya había remontado.

Dice la leyenda que Rimet tardó en entender lo que había pasado porque se encontró con una escena dantesca de brasileños y aficionados llorando, y que alguien se acercó a él para explicarle que Uruguay era el campeón del Mundial de 1950.

4. Brasil ganó el título en Suecia '58 con camisetas compradas en una tienda sueca

Dado que Suecia y Brasil jugaban con camisetas amarillas, fue necesario un sorteo para determinar qué equipo cambiaría su uniforme en la final del Mundial de 1958. Molestos, los responsables de la delegación brasileña no asistieron por considerar que era un gesto de descortesía impedir que los visitantes mantuvieran su equipación principal.

Sin ellos, el sorteo se cumplió. Ganó Suecia y los dirigentes brasileños tuvieron que salir a comprar camisetas, pues las azules de la segunda equipación las habían utilizado en el último entrenamiento. Luego tuvieron que coser números y el escudo sobre las nuevas camisetas. Del resto se encargó Pelé, para coronar por primera vez a Brasil.

 

Jugadores de Brasil, un joven Pelé aparece en el medio, festejan el título de 1958.

 

5. El juez de línea de la jugada más polémica tiene un estadio con su nombre.

Tofiq Bahramov pasó a la historia como el 'juez de línea ruso'. Era azerbaiyano y en 1966 soviético. Su nombre quedó para siempre asociado al único título mundial de Inglaterra, porque validó la jugada más polémica de la historia de los Mundiales, el disparo de Geoff Hurst que, tras dar en el larguero, botó sobre la línea y salió. No hay imagen que demuestre que traspasó por completo la línea de gol, pero Brahamov no dudó. Inglaterra se puso por delante 3-2 en la prórroga y encarriló una final que ganó finalmente con otro gol de Hurts (4-2).

Tras su muerte en 1993, el estadio más importante de Bakú fue renombrado en su honor como el Estadio Republicano Tofiq Bahramov y se erigió una estatua suya en las afueras. Geoff Hurts fue a la inauguración del monumento.

6. Alemania comenzó a jugar con un gol en contra en la final de 1974.

La primera vez que la selección alemana, entonces Alemania Occidental, tocó el balón en la final de 1974, ya iba perdiendo 0-1. El fútbol total de la selección neerlandesa tuvo su expresión máxima en el saque de inicio de aquella final: 16 toques sin que interviniese ningún jugador alemán y un penalti cometido por Uli Hoeness sobre Johan Cruyff a los 53 segundos.

Johan Neeskens lo transformó a los 88 segundos, convirtiéndolo en el gol más rápido de la historia de los finales, que no le sirvió, sin embargo, para ganar el título. Paul Breitner, también de penalti, igualó en el minuto 25 y en el 43 Gerd Müller logró el gol de la victoria.

7. Passarella, Baresi y Ronaldo fueron campeones del mundo sin jugar

La lista de jugadores que se proclamaron campeones del mundo sin haber disputado un minuto en la competición es extensa y, sobre todo, poblada por porteros, pero también incluye a ilustres figuras que no saltaron al campo más que para festejar el título, como el argentino Daniel Passarella, el italiano Franco Baresi o el brasileño Ronaldo Nazario.

Passarella fue capitán del conjunto que conquistó la Copa del Mundo en 1978 y, ocho años después, fue convocado, con 33 años, por el técnico Carlos Bilardo para el Mundial de México’86, pero no disputó un solo minuto, mermado primero por una infección intestinal y después por un desgarro muscular.

Franco Baresi integró, con 22 años, la selección italiana que ganó el Mundial de España en 1982, pero Enzo Bearzot no lo utilizó. En 1994, tras una recuperación exprés de una rotura de menisco, fue el capitán de la selección italiana que perdió la final del Rose Bowl contra Brasil. Erró —como Baggio— su lanzamiento en la tanda de penales y no pudo festejar sobre el campo el título que había conquistado doce años antes.

Ronaldo también estuvo en ese Mundial, pero como un acompañante más de la selección de Carlos Alberto Parreira. 'El fenómeno' había marcado 59 goles en 57 partidos con la sub-17 y llegó a Estados Unidos con la edad con la que Pelé había asombrado al mundo en 1958. Pese a las críticas que sufrió Parreira para que diese minutos a la nueva joya brasileña, el técnico no recurrió a él, que conquistaría el título en 2002, como máximo goleador del torneo además.

8. El alemán Kramer le preguntó en pleno partido al árbitro si estaban jugando la final.

El caso del alemán Christoph Kramer es uno de los más singulares en la historia de los Mundiales. En la final de Brasil 2014, que disputó en Maracaná Alemania contra Argentina, fue titular en el último momento, porque Sami Khedira se lesionó en el calentamiento, pero realmente no jugó más que 16 minutos.

En ese minuto, tras un choque con Ezequiel Garay, sufrió una conmoción cerebral que le hizo vagar por el campo. Durante un cuarto de hora, deambuló sin rumbo y llegó a preguntarle al árbitro italiano Nicola Rizzoli si estaban jugando la final.

No fue su única locura. Trató de quitarle el brazalete al capitán, Philipp Lahm, y confundió a Thomas Müller con Gerd Müller, el goleador de 1974. Fue sustituido a los 31 minutos por André Schürrle.

Kramer participó de los festejos, con la copa en la mano, pero después de ser llevado al hospital perdió la memoria de todo lo ocurrido. Fruto de la conmoción cerebral que sufrió, no recuerda nada de la final.

 

El alemán Christoph Kramer, tendido sobre el terreno de juego tras recibir un golpe (13 de julio de 2014), en la final del Mundial Brasil 2014. Foto: EFE

 

9. Tres maldiciones han afectado a todas las finales.

Las finales, proclives a cábalas y maldiciones, tienen al menos tres que se han repetido durante casi un siglo:

- Ningún entrenador extranjero ha ganado el Mundial.

- Nunca ganó el Balón de Oro de ese año.

- Nunca lo ganó el que comenzó el torneo como número uno del 'ranking' FIFA.

Esta última afectaría a la selección argentina, que en su defensa opone otras dos menos populares: ningún entrenador mayor de 60 años ganó la Copa -Luis de la Fuente tiene 65- y nadie se proclamó campeón después de no encajar goles en la fase de grupos -España-.

10. "La copa no se toca" no es solo por superstición; el protocolo FIFA lo impide.

La tradición dicta, por una cuestión de superstición, que el trofeo que distingue al ganador no se toca antes de la final. Algunos jugadores, incluso, evitan mirarlo al saltar al terreno de juego.

Pero no es solo por superstición; el protocolo de manejo y seguridad del trofeo original impide tocarlo con las manos descubiertas a todo el que no sea campeón del mundo, jefe de Estado o presidente de la FIFA.