lunes 7 de septiembre de 2026

La Tribuna

Un cargo efímero y sin proceso

En nuestro paraíso futbolero llamado Bolivia, el puesto del entrenador, sobre todo en los últimos años, ha tenido una imagen muy desgastada.

Todos los mortales destinados a trabajar, o por lo menos la gran mayoría, antes de embarcarse en ese dulce tren de las obligaciones, anhelan encontrar pronto el cargo soñado que les permita vivir en un entorno de disfrute y realización. En ese sentido, inmiscuirse laboralmente en el fútbol es de las añoranzas más comunes de millones de personas alrededor del mundo.

Uno de los cargos de mayor peso en todas las dimensiones es el de director técnico. En su despacho suelen tomarse las decisiones deportivas más determinantes de una institución y, por ende, también a partir de su criterio se generan movimientos económicos de gran cuantía, multimillonarios en el caso de los grandes clubes del mundo.

En nuestro paraíso futbolero llamado Bolivia, el puesto del entrenador, sobre todo en los últimos años, ha tenido una imagen muy desgastada. Si bien en muchos casos la autoridad del técnico todavía se respeta y tiene la preponderancia que esa cartera supone, la estabilidad de un estratega en el banquillo de un club boliviano, de un tiempo a esta parte, es prácticamente mitológica.

Lejos de buscar potenciar la institucionalidad y una evolución del profesionalismo en el balompié boliviano, la informalidad dentro de los clubes, en teoría profesionales, es el pan de cada día. Una triste muestra de ello es el poco tiempo que dura en promedio un DT al mando de un club. En lo que va del 2026 se han producido más de 50 cambios de entrenadores, tomando en cuenta titulares e interinos, lo que significa que estadísticamente, en los 16 clubes de la División Profesional, el mandato de un estratega dura entre 3 y 4 meses. Una cifra más que vergonzosa que no hace otra cosa que gritar al mundo lo decadente que es nuestro fútbol.

En el deporte magno, la palabra proceso ha sido el inicio de grandes revelaciones y ejemplos de éxito en la historia, como el de la selección ecuatoriana que, hasta principios de siglo, conformaba junto a Venezuela y Bolivia un triunvirato de cenicientas en la confederación sudamericana, pero a partir de la incursión de Hernán ‘Bolillo’ Gómez en 1999, que llegó junto a un proyecto a largo plazo, se convirtió en una potencia, clasificando a su primera Copa del Mundo en 2002 y participando en cinco de los siete últimos mundiales desde aquel entonces. Si de procesos hablamos, imposible obviar la maravillosa era de Sir Alex Ferguson y sus 26 años al mando de Manchester United, donde logró 38 títulos, incluyendo nada más y nada menos que dos Champions League.

A contrapartida, en nuestro país, vemos el lado opuesto de la pelota, la parte oscura, descosturada y en forma de huevo. La palabra proceso no aparece ni por chiste en los proyectos de las directivas que asumen los clubes; los entrenadores son simples empleados con una estadía efímera en los banquillos. En su inmensa mayoría, los dirigentes del fútbol boliviano son profesionales de otras áreas buscando suerte en poco tiempo dentro de esta millonaria industria; evidentemente, muy pocos la encuentran y rápidamente se convierten en mercenarios cortando cabezas de entrenadores en tiempo récord.

Si un director técnico no se somete al proceso, va a ser muy poco probable que desarrolle un sentido de pertenencia con la institución o que llegue a conocer a detalle las aptitudes y debilidades de sus jugadores, y prácticamente imposible que pueda presenciar el crecimiento y evolución de las divisiones inferiores. Lo cierto es que las dirigencias prefieren echar técnicos cada trimestre si es preciso, en lugar de reestructurar, invertir e institucionalizar. A veces parece un manual de cómo hacer todo mal, pero es el día a día de nuestro dizque fútbol profesional.

En Bolivia, el soñado trabajo de entrenador de fútbol profesional, con viajes en primera clase, hoteles de cinco estrellas y autos de lujo, se ha convertido también en uno de los cargos más inseguros dentro del mercado laboral, no obstante, hay miles de profesionales sudando cada día bajo el sol, esperando conseguir un lugar en el banquillo de un club de primera división.         

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