domingo 25 de octubre de 2026

Yañee

Gobernar con decencia y el rol del ciudadano

Los ciudadanos de Bolivia debemos dejar la apatía y la indiferencia para involucrarnos en la política, para ejercer esta dimensión que no debería ser exclusiva de los políticos que hacen todo para obtener el poder.

Ni dioses ni bestias ni superhéroes ni extraterrestres ni más allá del bien y del mal. La vida no es breve, no es fugaz, dura mucho tiempo, no es corta. Lo hacemos así con nuestras actitudes. Si vives tu vida, si le sacas el jugo, si aprovechas al máximo las virtudes de la vida, verás que es una eternidad vivir. Si la malgastas, los minutos y las horas vuelan como el sueño. Tu vida se corta a pedazos cuando no tiene sentido, ni un objetivo que cumplir.

Si aceptas vivir en democracia, verás que el desarrollo de tu vida se hará en convivencia, en permanente construcción de ciudadanía. El trajín de tu vida no se reduce solo a despertarte cada día, lavarse, comer, ir a tu trabajo, regresar, pasear, ir de fiestas. Tiene otro sentido y otra ruta que puedes fortalecer y seguir con alegría. Una vida de compromiso por la justicia, igualdad, la libertad por la democracia, que exige grandes sacrificios, pero te da a la vez grandes satisfacciones, recibiendo adhesiones, condenas, rechazos, pero con el pleno orgullo y el peso de tu conciencia de haber cumplido con una misión importante.

Un hombre y una mujer activos, en movimiento, propositivos, revolucionarios y siempre listos para encarar los cambios que se propongan hacer. No un ciudadano amorfo, apático, contento de todo y de nada, indiferente, oveja del rebaño, aunque algunos sistemas políticos apunten a eso: amoldar hombres y mujeres que vean todo pasar y que no digan ni hagan nada ante las injusticias, los abusos, las lágrimas, las muertes y los golpes del poder encarnado en la administración de las instituciones del Estado.

 Es el no-ciudadano que no existe, ni debe existir, ni ha existido a lo largo de los 350,000 años de historia que tiene la humanidad. Siempre el ser humano ha ejercido la política, de forma consciente e inconsciente. No por nada, Aristóteles decía que el hombre es un animal político. ¿Sabes por qué? Porque la política tiene un fin, un motivo, que no solo es ejercer el poder. Aristóteles lo dejó claro: “El fin más excelente de la política tiene como función dotar a los ciudadanos de un cierto talante y hacerlos buenos ciudadanos y capaces de acciones honestas”.

 La política es demasiado importante como para no participar, opinar, o realizar marchas o paros. Es nuestra dimensión humana desempeñarnos en democracia. Es parte de la vida diaria y de forjarnos y construirnos como ciudadanos de la democracia, permitiendo que esta abra todas sus compuertas. El ejercicio de la política es demasiado significativo como para dejar que solo lo realicen los gobernantes y dirigentes políticos.

Siempre ha habido descontentos, revoltosos, inquietos, inspiradores, héroes, mártires, creadores, motivadores que han llevado a un grupo de personas o a una nación a enfrentar grandes transformaciones. En pleno siglo XXI, los retos y riesgos son aún mayores para cambiar de enfoque y avanzar al ritmo de sociedades dinámicas, aunque estén afectadas por epidemias o enfermedades. Es así porque vivimos y moriremos en el único planeta que nos acepta, la Tierra; no hay otro al que podamos ir de vacaciones, trabajar o divertirnos. Aunque se esté planeando la posibilidad de vida en Marte desde hace muchos años y llevará muchos más, este es el único, y es nuestra responsabilidad convivir en él, sin destruirlo ni destruirnos.

El mundo en que habitamos requiere de nosotros, el Estado en el que participas te necesita, la sociedad en la que te desenvuelves reclama tu participación, y el entorno social que te ve crecer quiere algo más de tus capacidades y talentos. Es un circuito que no se puede romper ni quedar a medio camino. Solo puede quedar en cuarentena, como hace algunos años la mayoría de los países tuvo que vivir hacia dentro para enfrentar a un poderoso enemigo invisible. Aun así, los científicos y médicos de esos países se comunicaban, se hablaban, se necesitaban. Nadie puede vivir en la caverna de Platón, donde sus integrantes salían de vez en cuando para ver las sombras del devenir del mundo. En la Tierra, solo está decretada la presencia viva, activa y militante de los mortales que somos, y que habitamos en cada espacio que la humanidad ha conquistado.

 ¿Cómo estamos en la sociedad y en el Estado? Un país en movimiento, sociedades politizadas, sectores sociales movilizados, familias hablando y haciendo política, también bloqueando calles y avenidas, gobernantes nerviosos, medios de comunicación y redes sociales compitiendo. Bolivia entera en los ojos del mundo, y todo porque el ciudadano está ejerciendo su derecho a la política, y no solo lo viene haciendo cada cinco años, asistiendo a las urnas, a emitir su voto por su candidato, sino que ha abierto varios canales de participación y de expresarse.

El devenir diario de las sociedades y el ejercicio de la democracia se cohesionan para fortalecer los vínculos de convivencia y sobrevivencia de la humanidad, que a lo largo de sus 350.000 años de vida en el planeta ha tenido que confrontar varias guerras fratricidas, raciales, civiles y mundiales, sin mencionar otras situaciones de desastres o pestes.

Los ciudadanos de Bolivia debemos dejar la apatía y la indiferencia para involucrarnos en la política, para ejercer esta dimensión que no debería ser exclusiva de los políticos que hacen todo para obtener el poder. La política es demasiado importante como para dejarla únicamente en manos de los políticos. Necesitamos enfatizar el concepto de que somos ciudadanos en democracia y que la democracia está construyendo la ciudadanía.

Para ello no se necesita tirar bombas, atentar contra los derechos humanos, contra la democracia, bloquear caminos. Es una relación dialéctica entre el gobernante y los gobernados, ambos protagonistas del devenir de la democracia y el desarrollo colectivo.

Así como el ciudadano le pone el hombro al país, así los gobernantes deben ejercer el poder con decencia.

* La opinión expresada en este artículo es de exclusiva responsabilidad del autor y no representa una posición oficial de Visión 360.
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