lunes 26 de octubre de 2026

¡Liberemos el precio del pan!

Un cuarto beneficio es que no tendríamos que gastar recursos contratando funcionarios públicos que deambulan por la ciudad controlando precios y peso. L

El gobierno, la Alcaldía de La Paz y los panaderos están enfrascados en difíciles negociaciones para mantener el precio del pan en Bs. 0,8 por unidad. La Asociación de Panificadores de La Paz había anunciado que desde el lunes 19 pasado el precio subiría a Bs. 1 y así sucedió en algunas zonas de la ciudad. Una reunión con el gobierno ese mismo lunes, sin embargo, hizo retroceder esa decisión y el gobierno anunció a la prensa que el precio se mantendría en Bs. 0,8, al menos de forma temporal.

Es muy posible que los ochenta centavos no duren mucho. Durante este pasado fin de semana se conoció que la Confederación Nacional de Panificadores de Bolivia (otro sindicato) busca incrementar el precio a Bs. 1,7. Es más, los medios de comunicación reportaron que muchos vendedores habían sufrido presiones y amenazas violentas de los sindicateros para que empiecen a actualizar sus precios.

Las negociaciones sindicatos-gobierno incluyen la conformación de “mesas técnicas” para analizar costos de producción donde el costo de la harina es, por supuesto, el factor fundamental. También se negocia la creación de mecanismos de distribución directa de insumos, el control del peso, e incluso el potencial uso de aplicaciones con GPS para rastrear la entrega de harina a los panaderos.

¿Cómo fue que llegamos a tal grado de complejidad en la producción y venta de un bien tan simple como el pan? ¿Cómo fue que dejamos que la planificación estatal controle todo el proceso productivo al punto de que se plantee rastrear costales de harina con GPS? ¿Cómo es posible que toda la cadena esté sujeta al racionamiento, el subsidio y la ineficiencia de negociaciones entre sindicatos y políticos? No tiene ni pies ni cabeza.

Entiendo que el pan sea un producto importante y de alta sensibilidad para las familias, pero, precisamente por eso, no deberíamos dejar que su producción, su costo, su peso y su precio dependan de la regulación de la entidad más ineficiente y corrupta de todas, el gobierno. El precio, el peso y todas las demás características que hacen al producto deberían ser libremente definidas por panaderos y consumidores interactuando voluntariamente en mercados libres. Lo que necesitamos es una competencia entre oferentes en la cual solo puedan salir airosos los que ofrezcan la mejor combinación precio/calidad. La competencia en un mercado libre fomentaría además innovaciones (mejoras en la receta), mejoras en el servicio al cliente, etc.

¿Llegaría el precio promedio en un mercado libre a ser mayor a Bs. 0,8? Probablemente sí, pero esto traería varios beneficios. El primero es que no se generarían los ya comunes desabastecimientos a los que los paceños se han tenido que ir acostumbrando. Dado que el precio sería libre, todo panadero tendría incentivos a producir todos los días porque su éxito empresarial dependería únicamente de su esfuerzo y habilidad. Es más, esta constatación haría que más personas entren al mercado atraídos por la posibilidad de obtener ganancias. Una importante yapa a este beneficio es que en un mercado libre y sin barreras a la entrada, los sindicatos, que no son otra cosa que carteles oligopólicos, desaparecerían. Los panaderos estarían más interesados en competir y en ganar clientes que en aunar esfuerzos para negociar precios con el gobierno.

Un segundo beneficio de gran importancia es que un precio de mercado reflejaría la verdadera escasez del producto y, por lo tanto, generaría una eficiente asignación de recursos. Con precios controlados, o mentirosos, los agentes económicos toman decisiones que probablemente no deberían tomar. Compramos más pan del que deberíamos si su precio reflejara su verdadera escasez y menos personas/empresarios quieren dedicarse a producir pan dado que el precio controlado los desincentiva.

Un tercer beneficio es que evitaríamos por completo la existencia de mercados negros. Cuando el precio controlado está por debajo de lo que la gente está dispuesta a pagar, los vendedores tienen incentivos a ocultar el producto y venderlo ilegalmente al precio de mercado.

Un cuarto beneficio es que no tendríamos que gastar recursos contratando funcionarios públicos que deambulan por la ciudad controlando precios y peso. Las imágenes de gendarmes pesando productos nos recuerda a lo que pasaba en la Unión Soviética, o en la China de Mao, o en Cuba, donde los Estados controlaban precios, pesos e incluso recetas. En la Unión Soviética las normas tabuladas en el Gosudarstvenny Standart o GOST definían, por ejemplo, que el pan blanco de trigo debía tener un peso mínimo de 500 gramos y desviaciones mayores al 3% se castigaban severamente. En un mercado libre los propios panaderos se controlarían a sí mismos porque de lo contrario perderían clientes que se irían a la esquina del frente a comprar un pan más rico o con mejor peso.

Pero claro, precios libres del producto final solo pueden reflejar la real escasez de ese producto si los precios de los insumos también son libres. El presidente Rodrigo Paz reconoció el año pasado que toda subvención implicaba corrupción y que, por lo tanto, se tenía que eliminar la subvención a la harina. En efecto, los casos de corrupción encontrados en EMAPA son de escándalo. ¿Por qué entonces EMAPA sigue entregando harina a los panaderos? ¿Por qué incluso presenta con bombos y platillos una aplicación para rastrear la harina que se les entrega? ¿En qué quedo la intención del presidente de sincerar precios?

La subvención a la harina para elaborar pan cuesta más de Bs. 1,000 millones al año. En julio del año pasado se reportó que EMAPA compraba la bolsa de 50 kilos de harina a Bs. 500 y la entregaba a los panaderos a Bs. 109. Para un gobierno quebrado como el nuestro esto es insostenible. Si a eso se suma, además, la enorme corrupción que genera este subsidio, las pérdidas son escandalosas. Así que no hay remedio, el subsidio a la harina debe eliminarse, así como cualquier otra subvención a los demás insumos.

Es momento de liberar los precios de todo, la harina, el pan, la gasolina, el transporte, etc., y de dejar de publicar precios “referenciales” para la carne, el pollo, los huevos y otros 17 alimentos. Lo que debemos hacer es buscar los mecanismos para generar mercados libres y competitivos en todas esas industrias. Los mercados libres asignan mejor los recursos que cualquier gobierno bien intencionado. Imagínense la comparación con gobiernos tan poco bien intencionados y corruptos como los nuestros.

* La opinión expresada en este artículo es de exclusiva responsabilidad del autor y no representa una posición oficial de Visión 360.
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