2024-04-16

El PIB mundial crecerá 3,2%

FMI proyecta 1,6% de crecimiento para Bolivia en este año

Para 2025 el FMI mejora la proyección de Bolivia hasta 2,2%. La perspectiva de crecimiento económico de Latinoamérica y el Caribe en 2024, se elevó hasta un 2 %.

El Fondo Monetario Internacional (FMI) proyectó un crecimiento económico de 1,6% para Bolivia este 2024 y una mejora hasta 2,2% el próximo año, según su último informe de perspectivas económicas mundiales (WEO, en inglés).

El Banco Mundial pronosticó una tasa de 1,4% la semana pasada, pero el Gobierno, en el Presupuesto General del Estado (PGE), mantiene su previsión de 3,71% para el PIB. El ministro de Economía, Marcelo Montenegro, informó el domingo que los organismos internacionales pronostican tasas que luego se superan en el país. Por ejemplo, recordó que el Banco Mundial pronosticó para el 2023 un crecimiento económico de 2,7% y más tarde 1,9% para Bolivia, sin embargo, la cifra final sobrepasó el 3%.

El FMI elevó este martes una décima la perspectiva de crecimiento económico de Latinoamérica y el Caribe en 2024, hasta un 2%, es decir 0,3 puntos por debajo de la cifra de 2023 debido a la situación en Argentina, según reportó EFE.

Infografía: Diego Gonzáles

En comparación con el de octubre de 2023, no obstante, la previsión de 2024 es inferior en tres décimas, mientras que la de 2025, del 2,5 %, mejora en una décima.

En 2023 esa zona creció un 2,3 %, por lo que estas nuevas estimaciones prevén una ligera desaceleración antes de volver a tomar impulso.

En enero se atribuyó la disminución del ritmo de crecimiento en 2024 a la caída del PIB en Argentina, que entonces se situó en el -2,8%, si bien para 2025 se esperaba allí una subida del 5%. Las cifras de este abril no modifican los pronósticos de entonces.

A Brasil se le anticipa una subida del PIB del 2,2% este año y del 2% en 2025, lo que supone aumentos respectivos de cinco y dos décimas respecto a lo proyectado en enero pasado, y se espera que México crezca un 2,4% en 2024 y un 1,4% el próximo año, lo que implica una revisión a la baja de tres décimas en el primer caso y de una en el segundo.

El crecimiento previsto ahora por la organización para ambos países no supera las cifras de 2023, año en que la economía brasileña subió un 2,9% y la mexicana un 3,2%.

El FMI precisó que la moderación en Brasil se debe a la consolidación fiscal, los efectos de una política monetaria aún restrictiva y una menor contribución de la agricultura, mientras que en México se justifica en unos resultados más débiles de lo previsto para finales de 2023 y principios de 2024, con una contracción del sector manufacturero.

Salvo Argentina, por otra parte, no hay ningún país sudamericano que aparezca en negativo este año. Venezuela experimentará la mayor alza prevista, del 4%, que no cambia el de 2023, y está seguida por Paraguay (3,8%), Uruguay (3,7%), Perú (2,5%), Chile (2%), Bolivia (1,6%), Colombia (1,1%) y Ecuador (0,1%).

Solo Uruguay, Perú y Colombia mejoran sus datos de 2023. Para 2025, el FMI espera que el PIB se sitúe de nuevo en el 3,8% en Paraguay, en el 3% en Venezuela, en el 2,9% en Uruguay, en el 2,7% en Perú, en el 2,5% en Colombia y Chile, en el 2,2% en Bolivia y en el 0,8% en Ecuador.

El organismo dirigido por la búlgara Kristalina Georgieva, que difundió estas cifras en el marco de las reuniones de primavera que celebra con el Banco Mundial esta semana en Washington, proyecta que el PIB de Sudamérica pasará del 1,5% en 2023 al 1,4% en 2024 y al 2,7 en 2025.

En Centroamérica considera que habrá una desaceleración, del 4,2% de 2023 al 3,9 y 3,8% en 2024 y 2025, mientras que en el Caribe contempla un impulso este año (9,7%), frente al avance del 8,3% en 2023, pero para 2025 reduce la subida al 6,9%.

Haití, el país más pobre de la región e inmerso en una crisis de desgobierno que no parece tener fin, encadenará contracciones del 4% del PIB y el FMI no cree que se recupere en los próximos cinco años.

El pronóstico del FMI para 2024 y 2025 en Latinoamérica y el Caribe está muy por debajo del anticipado para el conjunto de mercados emergentes y economías en desarrollo, que en ambos años se sitúa en el 4,2%, y también del previsto para la economía global, que en los dos casos está en el 3,2%.

El economista jefe del Fondo, Pierre-Olivier Gourinchas, adelantó la semana pasada en una llamada con periodistas que uno de los factores que puede modificar el escenario perfilado, además de las tensiones geopolíticas, es una inflación persistente.

Tras un aumento de los precios del 14,4% en 2023 en Latinoamérica y el Caribe, se espera un crecimiento del 16,7% en 2024 y que disminuya al 7,7% en 2025.

Solo en Argentina, el FMI prevé una inflación del 249,8% este año, antes de reducirse hasta el 59,6% el que viene.

Perspectiva mundial

En el documento del FMI se proyecta que el crecimiento mundial, que se estima será de 3,2% en 2023, continúe igual en 2024 y 2025. El pronóstico para 2024 se revisa al alza en 0,1 puntos porcentuales con respecto a la actualización de las Perspectivas de la economía mundial (informe WEO) de enero de 2024, y en 0,3 puntos porcentuales con respecto a la edición de octubre de 2023 del informe WEO.

El crecimiento es históricamente lento, debido a factores a corto plazo, como los costos de endeudamiento todavía elevados y el retiro del respaldo fiscal, y a los efectos a más largo plazo de la pandemia de COVID-19 y la invasión rusa de Ucrania, el débil crecimiento de la productividad y el aumento de la fragmentación geoeconómica.

Inflación mundial

El FMI prevé que la inflación general mundial descienda de 6,8% en 2023, a 5,9% en 2024 y 4,5% en 2025, y que las economías avanzadas alcancen sus metas antes que las emergentes y en desarrollo.

La proyección más reciente de crecimiento mundial a cinco años, de 3,1%, es la más baja de las últimas décadas. El ritmo de convergencia hacia mayores niveles de vida para los países de ingreso mediano y bajo se ha frenado, por lo que persisten las disparidades mundiales.

Los riesgos para las perspectivas mundiales están ahora bastante equilibrados, señala el FMI.

Por el lado negativo, la nueva escalada de precios derivada de las tensiones geopolíticas, por ejemplo, de la guerra en Ucrania y el conflicto en Gaza e Israel, podría, junto con la persistencia de la inflación subyacente en países con escasez de mano de obra, elevar las expectativas de tasas de interés y reducir los precios de los activos.

La dinámica heterogénea de la desinflación entre las principales economías también podría causar fluctuaciones cambiarias que ejercerían presión sobre los sectores financieros. Las altas tasas de interés podrían ralentizar la economía más de lo previsto, ya que el vencimiento y renegociación de las hipotecas de tasa fija y el elevado endeudamiento de los hogares podrían provocar tensiones financieras.

En China, sin una respuesta integral a los problemas del sector inmobiliario, el crecimiento podría tambalearse y perjudicar a los socios comerciales.

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