Hay 14 pueblos indígenas de contacto inicial
En territorio tsimané, Gobierno dio 288 permisos de desmonte a los interculturales
Un total de 288 autorizaciones de quema y desmonte fueron entregadas a 88 asentamientos interculturales dentro del territorio indígena tsimané, sector Yacuma, en medio de la Amazonia beniana. En medio del avance de los colonizadores y la desprotección estatal, 14 comunidades indígenas, que se encuentran en riesgo de extinción, luchan por mantener su bosque y su forma de vida.
“Hay que señalar de manera pública que, en este territorio, existen 288 autorizaciones de desmontes. Estas autorizaciones están ligadas a más de 88 comunidades interculturales asentadas en la zona. A través de sus resoluciones han conseguido que la ABT les autorice para hacer quemas”, afirmó Iván Bascopé, cabeza de la Dirección General de Protección a Naciones y Pueblos Indígena Originarios (Digepio), del Estado Plurinacional.
Antes, Yacuma era una pequeña comunidad tsimane, en las orillas del río Yucumaj (Yucu, un pez de la zona y Maj, profundo). En esta región habitan 14 comunidades consideradas de contacto reciente y que ahora son conocidas como los últimos cazadores.
Viven en medio del bosque, a 355 kilómetros de la sede de Gobierno, en un rincón olvidado por el Estado. Sus comunidades apenas se forman por cuatro o cinco familias, que habitan precarias casas de jatata, en las que no hay luz eléctrica, agua potable ni gas a domicilio.
En el marco del XI Foro Social Panamazónico y con el apoyo del IPDRS un grupo de panelistas, periodistas y habitantes de la Amazonia de nueve países llegaron hasta la comunidad tsimané 10 de Junio, en el territorio que espera la titulación como TCO Ya’cama. Junto con la delegación también llegó Bascopé.
“Hemos pedido su visita, para que vean cómo vivimos. Son años que sufrimos por la defensa de nuestro territorio, pese a que las leyes nos protegen, estamos en alta vulnerabilidad. Hasta hoy los hermanos indígenas no hablan español y no conocen las leyes, por eso los interculturales se aprovechan, nos llevaban presos, nos golpean, queman nuestras casas, abusan de nuestras niñas y nos expulsan de nuestro propio territorio”, explica en su lengua, mezclada con español, el vicepresidente del Consejo Tsimané Sector Yacuma, Gabriel Merena.
Los tsimanés de Yacuma
Los tsimanés son uno de los pueblos más numerosos de la Amazonia boliviana. Sus miembros están dispersos, desde antes de la Colonia, en un complejo sistema de asentamientos y ocupación territorial, desde las últimas estribaciones de la cordillera de los Andes hasta los márgenes de las pampas benianas de Moxos, en una amplia franja de bosque que llega hasta Ixiamas en La Paz.
Son pueblos itinerantes que realizan largos viajes en familia. Todos sus miembros se mueven juntos hacia los poblados de otros familiares donde pueden permanecer meses o años. Viven de lo que el bosque les da, para cosechar o cazar.
En el caso de los tsimanes del sector Yacuma, ellos saben que el territorio es suyo desde antes de que Bolivia naciera. Sin embargo, en 2010, fueron despojados de todo derecho sobre su tierra. Al bosque llegó el INRA con sus técnicos y aunque los vieron, no los tomaron en cuenta.
Sus pequeñas casas, con cuatro a cinco familias, no fueron reconocidas como pueblos indígenas ni su bosque como tierras en función, pese a que es su sustento. Sin más reparos, su territorio fue declarado tierra fiscal bajo propiedad del Estado.
“Nos despojaron de nuestro territorio para entregarlo, a pedazos, a terceros (campesinos, madereros e interculturales) que luego nos expulsan porque dicen ser los dueños de la tierra. Por eso hemos pedido al INRA la dotación y titulación de nuestro territorio de 54 mil hectáreas como TCO Ya’cama y que queden sin efecto todas las dotaciones, pero hasta ahora no hay respuesta”, cuenta el gran cacique Rosendo Merena.
Primer contacto y la invasión
Aunque su tierra fue declarada fiscal en 2010, el problema de la colonización viene de hace tres décadas al menos, con el inicio del saneamiento en la década de los años 90.
La migración de occidente a oriente se encontró con territorios e indígenas que, hasta ese tiempo, no se habían relacionado con el resto del país. Es por esta característica que los tsimanés del sector Yacuma son considerados como Pueblos Indígenas en Aislamiento y de Contacto Inicial.
Los Pueblos Indígenas en esta situación están amenazados por distintos factores: la minería, los incendios forestales, la deforestación, el avance continuo de proyectos extractivos, obras de infraestructura y por los colonizadores, que en Bolivia son llamados interculturales.
De acuerdo con los relatos de Rosendo Merena, fue a finales de los 80 que a su territorio llegaron los primeros colonizadores. Los recuerda como “los Quispe”.
“Vivíamos en San Bernardo, éramos poco más de 50. Ahí llegaron los hermanos Quispe; nos dijeron que todos conformaríamos una comunidad y que juntos conseguiríamos proyectos, maquinaria y herramientas. Nos dijeron que tendríamos una parcela y así retacearon nuestro bosque para repartirlo”, cuenta con tristeza.
Foto: Leny Chuquimia / Visión360
No solo su cultura y cosmovisión era diferente, también lo eran los conceptos con los que trataban de convencerlos para renunciar a su territorio, la forma de ver el mundo, la idea de sacar provecho a la tierra y de entender el progreso.
Junto con los Quispe llegaron las máquinas, abrieron caminos, construyeron viviendas, trajeron ganado, sembraron extensos cultivos y quebrantaron el equilibrio y la paz del lugar. Las aguas dejaron de ser limpias, los frutos del bosque desaparecieron y los animales huyeron dejando a los tsimanés sin nada que cazar. Perdieron su territorio y el control de sus recursos.
Así fue el inicio del conflicto. Si bien al principio los indígenas resistieron, fueron superados por los colonizadores que podían comunicarse en español con las autoridades, que hablaban de reforma agraria y que afirmaban poder probar su propiedad sobre la tierra.
Sin otra salida que luchar
Hoy la colonización tiene otro nombre: asentamientos interculturales. De las 54 mil hectáreas que reclaman, más del 50% están en manos de estos grupos.
En medio del bosque, su avance deja una huella de desolación. Las tierras entregadas se ven como enormes parches en los que los árboles han desaparecido. No tienen cultivos ni casas, no producen, solo son enormes campos de pasto que luego alquilan o venden a quien esté interesado en hacer plantaciones o tener un lugar de engorde de ganado.
En su cosmovisión no existe la pelea ni el conflicto, por lo que cuando estos problemas surgen, la comunidad huye para asentarse en un nuevo sitio dentro de su territorio. “Pero ahora estamos acorralados, ya no tenemos dónde huir o aislarnos. Ya no nos queda más que defendernos y luchar. Ahora hemos aprendido y ya no estamos solos”, sostiene el gran cacique Rosendo Merena.
Tsimané, uno de 12 pueblos en riesgo de desaparecer
El director del Digepio, dependiente del Ministerio de Justicia, Iván Bascopé, afirmó que ya se tiene un mapeo de 12 pueblos que necesitan prioridad por su alta vulnerabilidad. Los tsimanés del sector Yacuma son uno de ellos. Afirmó que la solución pasa por la redistribución de la tierra.
De acuerdo con Bascopé, ya se tiene un mapeo de 12 pueblos que necesitan prioridad por su alta vulnerabilidad. Los tsimanés del sector Yacuma son uno de ellos.
“Como Digepio ya hemos generado 12 informes de identificación de 12 pueblos de alta vulnerabilidad que requieren atención prioritaria. En su momento vamos a socializar esta situación. Por el momento, estamos enfocados en el caso de los tsimanés”, afirmó Bascopé
Señaló que en este caso se están generando mecanismos de prevención en tema territorial, que se procedió a la identificación de áreas de ocupación, que se gestionó la llegada de brigadas de salud y se busca la forma de garantizar que todos los indígenas accedan y ejerzan sus derechos.
“Esta problemática y este caso es elemental para poder demostrar al Estado que sí existen pueblos olvidados, que no fueron parte de la distribución de tierras y que viven excluidos. Están calificados como de alta vulnerabilidad”, dijo Bascopé.
La autoridad manifestó que como parte de las medidas de protección, está la obligación “de armonizar” los derechos territoriales con el INRA, que tiene una mirada agraria que debe cambiar. “Deben entender que lo que delimitaron técnicamente en su momento no tomó en cuenta a los indígenas ni el daño a sus sistemas de vida”.
Indicó que para proteger a estos pueblos se debe llegar a la redistribución de las tierras y no debe pasar por llevar a los indígenas a territorios ajenos.