Autor invitado
Sacheri: "La literatura es ese puente hacia nosotros mismos, en el que autor y lector están en dos orillas distintas"
El argentino Eduardo Sacheri es uno de los escritores estrellas que participan en la 28 Feria Internacional del Libro de La Paz (FIL). Es el autor de La pregunta de sus ojos, que fue adaptada al cine como El secreto de sus ojos, ganadora del Oscar a la Mejor Película Extranjera en 2010. También es el responsable del guión de Metegol.
Nacido el 13 de diciembre de 1967, Sacheri es escritor, guionista, historiador y docente. En la FIL participará en la proyección de la cinta, la tarde de este jueves, seguida de un conversatorio sobre el trabajo de adaptación de literatura al séptimo arte. El viernes formará parte de una charla sobre literatura y fútbol con el brasileño Marcelo Pereira, además de reunirse con clubes de lectura. Finalmente firmará libros.
¿Qué importancia tiene el fútbol en su vida, en su narrativa?
La tiene en mi narrativa porque la tiene en mi vida, en el sentido de que a mí me gusta en general tomar los elementos de mi vida para construir mis ficciones. Y el fútbol es el deporte que jugué toda la vida. En eso no me distingo de muchos sudamericanos, y de muchos argentinos en particular. Crecemos jugando, crecemos viendo fútbol y por eso se me hizo una materia literaria interesante.
¿Qué es lo que le atrae de este deporte?
Bueno, hay una cuestión general y una cuestión particular. La cuestión general es que me parece que todo juego lleva a los seres humanos a una zona infantil, ingenua, profunda y primaria al mismo tiempo que creo que nos hace bien transitar.
Y en particular, es un deporte colectivo, que nos pone en contacto con otras personas. Es un deporte muy democrático, en el sentido de que hace falta muy poco para jugar el fútbol. Es un deporte de inminencias, de rodeos, de insinuaciones y en ese sentido se parece mucho a la vida y eso me agrada.
¿Qué le llevó a dedicarse a la escritura?
Sinceramente encontré que me venía bien para pensar en mi propia vida. No de manera directa, como quien escribe sus memorias o como un ensayo sobre lo que siente, sino que el inventar historias es una manera de pensar, no solo en mi propia vida, si no en lo que me interesa, en lo que deseo, en lo que temo, en lo que me falta, en lo que conseguí.
Enmascaro eso en una ficción que le pueda resultar interesante al lector, porque reconozco que mi propia vida me importa solo a mí, pero inventar una ficción me permite sacar las cosas que me ocurren, oxigenarlas. Y, eventualmente, el lector se apropia de esa historia y hará lo mismo, a su manera y hacia su propia vida. La literatura es ese puente, un puente hacia nosotros mismos, en el que autor y lector están en dos orillas distintas.
Al menos dos de sus novelas transcurren, o por lo menos parte de ellas, en los setentas. ¿Tiene algún significado especial esa década para usted?
Hay algo importante, que es que yo era un niño y eso me parece que no es algo menor, ya que creo que en la niñez experimentamos cosas muy profundas, desde los sentimientos y desde las emociones, pero que desde el intelecto nos cuesta procesarlas. Escribir sobre esas épocas me permite completar mi propia biografía, con elementos que se hablaban a mi alrededor, sucedían a mi alrededor, me involucraban como a tantos niños de ese entonces.
Otro motivo es la dictadura militar, que -en mi país- empezó en 1976. Fue materia de numerosísimos libros de ficción e historia, de películas, canciones, obras de teatro, es decir que el arte, con mucha lógica, entró muy a fondo en la dictadura. Pero no lo hizo tanto en la etapa previa en esa década. Y eso hace que me resulte interesante por esto de ir a un sitio no tan frecuentado.
¿Cambió en algo su vida tras el éxito de "El secreto de los Ojos"?
Cambió en que le dio a mi labor literaria una exposición desquiciada. Es decir, yo era un autor que en la Argentina estaba labrando un camino interesante, pero cuando se estrenó El secreto de los ojos significó que mis libros, en idioma español, empezaron a viajar por toda América Latina y España, además que se empezaron a traducir otras lenguas. O sea, le dio una escala absolutamente diferente, la que sin esa mediación del cine no hubiera sucedido de ninguna manera.
¿Cuáles son sus expectativas de su participación en la Feria?
Es mi primera vez en Bolivia. Me parece que lo mejor que tienen las ferias es el que nos veamos cara a cara entre autores y lectores, que hablemos de algo que todos amamos, que es leer. Porque los que escribimos, escribimos porque nos gusta leer y los que van a una feria a comprar un libro, o escuchar a un autor, también disfrutan de eso. Por eso, poder hacerlo en un país y una ciudad en la que no he estado nunca me genera muchas expectativas.