2024-10-09

Artista

Freddy Chipana hace de la escritura y del teatro una responsabilidad con la vida

Actor, dramaturgo, director, utilero y gestor cultural, Freddy Chipana lleva 35 años contando las historias que ve a su alrededor, sea en escenarios, pantallas grandes o en un simple papel.

Miguel se enfrenta a un enemigo implacable, cuyo único fin es acabar con la vida de su hijo. Miguel también es el más reciente personaje creado e interpretado por el dramaturgo, actor y gestor cultural Freddy Chipana.

Chipana es el coprotagonista de Mano Propia, película nacional, dirigida por Gory Patiño, que se estrenó hace dos semanas en las principales salas del país. En esta cinta encarna al padre de un joven que corre el riesgo de ser linchado, acusado de un crimen que no cometió.

Lee también: Alejandro Marañón, en la piel del fiscal “inexpresivo” del filme Mano Propia

Si bien el personaje es creación de Patiño, fue Chipana quien se encargó de terminar de construirlo. Para ello, el experimentado dramaturgo analizó todas las características que le presentaron, para así construir una persona real.

“Trato de averiguar todos los detalles, qué es lo que quiere el director, qué quiere contar, cuál es la mirada que tiene. Y trato de, en esta búsqueda, tener un cuerpo que no mienta. Esto es un proceso algo personal, ya que creo a una nueva criatura”, reveló a Visión 360.

No es la primera vez que hace esto, puesto que Chipana es uno de los principales dramaturgos y actores bolivianos. Durante casi 40 años trabajó tanto tras bambalinas como frente al público, sobre las tablas y frente a las cámaras, en los talleres de utilería o en el escritorio.

Necesidad de contar

Si bien Freddy comenzó a involucrarse con los escenarios desde 1990, comenzó a contar historias mucho tiempo antes. Tanto, que ni él mismo se atreve a dar una fecha exacta de cuándo comenzó.

“Toda la vida he escrito, siempre tuve una afición a la escritura. Me parece lindo hablar de este tiempo, de entender a la gente que tiene que habitar este tiempo, que también tiene que contar historias y dejar una memoria de lo que está viviendo, sintiendo y luchando. Entonces, puedo decir que la escritura es una necesidad, una forma que tengo yo de contar mis historias, de entender la realidad”, cuenta.

Chipana nació en La Paz, el 10 de octubre de 1975. Recuerda que le tomó mucho tiempo aprender a hablar, al menos siete años. Pero en su silencio aprendió a utilizar la observación como su forma de comunicarse con el mundo.

Esa costumbre se volvió integral en su vida. “Miro mucho, observo. Le pongo mucha atención a la vida, no solamente veo gente caminando, sino que me enfoco en por qué está caminando, qué llevan las personas  en las espaldas. Veo el sueño, el cansancio; a veces detecto cosas que los otros no quieren ver”, cuenta el dramaturgo.

Chipana (derecha) con  Cristhian Ezequiel Frías, en la premiere de “Mano Propia”. Foto: Altoteatro y Macondo Art

 

Toda esta información, acumulada desde la infancia, siempre bulle en su mente, busca salir como el vapor en una caldera. Por eso y por su dificultad de expresarse verbalmente, comenzó a escribir.

“Agarro lo que observé y lo implemento al momento de crear los personajes cuando me siento a escribir. Empiezo a jugar con ellos, a construir. Al principio el texto puede no tener sentido como ‘anoche yo me junté con una mariposa, a encontrar a mi abuela y, después, me di cuenta que no estaba con ella. Sin mi madre, se nos rompió una de las mariposas y caímos’. Puede parecer cualquier cosa ahora, pero con el tiempo voy reestructurando las oraciones para terminar con una historia”.

Freddy trabajó en poesía y en teatro, también en cuento y ensayo. Publicó sus trabajos en Bolivia y en el exterior, aunque es más conocido por su trabajo en los escenarios, frente al público y  en las labores tras bambalinas.

Subida al escenario

Su aventura dramática comenzó en 1990. Ese año llegó al Hogar Tres Soles, escapando de una vida de abusos y abandono paternal. Allí encontró al suizo Stefan Gurtner, responsable del espacio. “Fue como un padre para mí”, confiesa.

En Tres Soles consiguió un hogar, compañeros y mucho teatro. Gurtner no era, precisamente, un experto en el arte de Talía y Melpómene, pero sí un apasionado. Contagió a sus protegidos el interés en la dramaturgia, ya sea compartiendo textos o llevándolos a cuanta presentación podía.

Así  nació el grupo Ojo Morado. Allí “ trabajamos en creaciones colectivas cuatro horas diarias, de lunes a sábado”. Con ese elenco Freddy trabajó en varias obras,  escribiendo el texto, preparando la puesta en escena, creando la utilería o dirigiendo a sus compañeros.

El elenco de Altoteatro tras el estreno de la obra Peligro.

 

Fue en ese tiempo que también comenzó a forjarse su carrera de dramaturgia propiamente dicha. “Más que la actuación, a mí me interesa alimentar la situación que se veía en el escenario. Me interesaba descubrir aquello que es fundamental en un personaje, cuál es su objetivo, cuáles son sus fracasos y sus victorias”.

Una de las más emblemáticas fue una versión de El Principito (Antoine de Saint-Exupéry). La pieza cosechó aplausos y lágrimas de los  espectadores. También retó los criterios de los dueños de teatros, asustados por una versión innovadora de una obra clásica.

En 1995 Gurtner facilitó que el veinteañero Freddy acudiera a un nuevo taller de teatro. Para ello el joven paceño tuvo que dejar la hoyada y asentarse en el pueblo de Yotala, a 16 minutos de la capital.

Allí, en una casa de aspecto republicano, un grupo comenzaba sus andanzas. Allí Freddy contactó con  otros actores y dramaturgos, estableciendo lazos duraderos e iniciaron el proceso que cambió la cara del teatro boliviano, porque el elenco en cuestión era Teatro de los Andes.

Perfeccionando el arte

En Yotala, Chipana fue perfeccionando su arte y cambiando su visión de la vida. “Me hizo entender que la vida es única, que uno debe estar ahí para vivir, para sentir que de algo sirve tu existencia”, asegura.

Ese trabajo marcó profundamente al dramaturgo paceño, quien desde ese momento trabajó para compartir esa pasión con otros.  “He trabajado en las cárceles, con hijas en la calle, con gente del campo, de las minas. Trabajé con policías, militares, con colegios, con todo el mundo, porque el arte es una herramienta muy útil para el cambio”.

Estuvo en el Teatro de los Andes durante siete años. Participó en la creación y presentación de obras como Graffitti, El cíclope, Las abarcas del tiempo e Ilíada.

Chipana con Leonel Fransezze, Claudia Gaensel y 
Luna León.

 

Con el elenco chuquisaqueño comenzó a recorrer el mundo. Se presentó en escenarios del Viejo y Nuevo Mundo, además de en casi toda Bolivia. Un recorrido que continuó después de 2002, tras formar Altoteatro, su gran proyecto. Así, Chipana terminó de redefinir su estilo, al que llama artístico humano.

“Me interesa mucho trabajar lo artístico, pero también creo que está ligado y debe ir de la mano de lo humano, de la responsabilidad con la vida. No creo en el arte por el arte, hecho para el artista, sino que debe ser para mejorar a las personas. Tiene que ayudarte a construir el lugar que habitas, a mejorar con quienes vives. Debe estar basado en los principios de la vida, el amor, la libertad y la paz.  El arte no debe ser hecho para el artista, sino para el público. Podemos decir que mi teatro es urgente y tiene una responsabilidad con la vida”, explica.

Sus obras se basan en la poesía que encuentra en la vida cotidiana, en las historias de la gente y en los problemas que enfrenta. Así, nacieron piezas como Un país en sueños, sobre el exilio que es la emigración; Peligro, tragicomedia de la condición del artista; Eterna, sobre las relaciones violentas y mordaces entre madre e hijas; Ratas, sobre las dictaduras voluntariamente aceptadas; y Basura, sobre sueños desechados.

Paralelamente colabora con otros artistas y elencos nacionales. Trabajó con Teatro Grito, Macondo Art y Escena 163. En el séptimo arte fue actor y escenógrafo, también entrenador de interpretación, forjándose como  experto en la creación de la narrativa nacional.

 

PERFIL

NACIMIENTO: En La Paz el 10 de octubre de 1975.

FORMACIÓN: Comenzó con talleres en el Hogar Tres Soles, donde formó el grupo Ojo Morado en 1990. Cinco años más tarde se unió a Teatro de los Andes, para continuar su formación.

OBRAS: Participó en obras como Graffitti, El cíclope, Las abarcas del tiempo, Ilíada, Basura, Peligro, Eternas y otras.

Te puede interesar