"A fuego y mercurio"
Reventa, multas e impuestos: un estudio revela el negocio del desmonte en Bolivia
Un estudio de Oxfam revela que el desmonte en Bolivia es un negocio lucrativo con costos bajos, porque la reventa de tierras es barata, las multas por quemas son mínimas en comparación a otros países, los impuestos que se pagan son ínfimos, y los predios una vez transformados en propiedades agrícolas, pueden multiplicar su valor y generar ganancias millonarias para empresas agroindustriales, incluso del exterior que operan en Bolivia.
Así lo revela la investigación “A fuego y Mercurio” de Oxfam (Comité de Oxford para el Alivio de la Hambruna”), que revela los impactos negativos de la deforestación y de la minería aurífera. El documento a su vez resalta los beneficios de la subvención al diésel que tienen las empresas agrícolas.
“En términos generales, adquirir tierras forestales es generalmente asequible y encuentra pocas restricciones institucionales para su desmonte”, señala el estudio y hace referencia a que por la Ley del Servicio Nacional de Reforma Agraria existen varias vías para obtener tierra, incluyendo la dotación y adjudicación de tierras y la compraventa.
Los costos para adquirir tierras forestales, ya sea por dotación o mediante compraventa, son variados, pero en general bajos, lo que facilita la incorporación de nuevas tierras forestales al mercado a un costo reducido.
Según el documento, el precio de reventa de estas tierras en la región de la Chiquitania fluctúa entre 100 y 250 dólares por hectárea, dependiendo de varios factores como la legalidad de la tenencia, el uso previsto del suelo y la accesibilidad a infraestructuras.
“A pesar de que la nueva Constitución, desde su aprobación en 2009, establece un límite máximo de propiedad de 5.000 hectáreas por individuo, la práctica de adquirir tierras a través de múltiples entidades empresariales no es eficazmente monitoreada por las autoridades, lo que permite eludir este límite”, advierte Oxfam.
El estudio pone en evidencia que obtener permisos para desmontar tierras forestales es comparativamente fácil, incluso en zonas ecológicamente sensibles o legalmente protegidas, como los bofedales.
Por ejemplo, refiere que las sanciones por desmonte ilegal son mínimas, careciendo de un desincentivo efectivo en un contexto de reducido control y regulación y fluctuaban hasta hace poco entre 2,5 bolivianos y 15 bolivianos por hectárea.
Comparativamente, en países también afectados por megaincendios como Brasil, Argentina y Paraguay las multas oscilan entre 200 dólares hasta 27.000 dólares por hectárea.
Adicionalmente, Oxfam da cuenta que los informes de la Autoridad de Fiscalización y Control Social de Bosques y Tierra (ABT) reportan que, en todo el país, solo se sancionan de forma administrativa por año a menos de 500 personas o empresas, indicando una muy baja proporción de atención y sanción de casos de desmonte ilegal.
Subsidios y rentabilidad
Además, el estudio señala que el costo económico del desmonte es relativamente bajo, en parte debido al elevado subsidio al diésel. Se estima que el subsidio a los hidrocarburos durante el proceso de desmonte con maquinaria pesada supera los 100 dólares por hectárea, representando una cantidad significativa frente al costo efectivo de desmonte de aproximadamente 350 dólares por hectárea.
De acuerdo con Oxfam, la conversión de tierras forestales en áreas agrícolas y ganaderas conduce a un significativo aumento de su valor, generando una notable plusvalía.
Hace una década, en las áreas de mayor valor comercial del Norte Integrado de Santa Cruz, los precios fluctuaban entre 1.000 y 5.000 dólares por hectárea. Sin embargo, en años recientes, en las zonas de menor valor comercial de la frontera agrícola y pecuaria de la Chiquitania, los precios han variado entre 1.500 y 2.500 dólares por hectárea.
“La comercialización inicial de tierras a precios bajos fomenta la especulación y una revalorización comercial, provocando un incremento en su valor a lo largo del tiempo. Factores como la construcción de nuevos caminos, las inversiones en infraestructura y la llegada de nuevos inversores, particularmente extranjeros, contribuyen a un aumento anual en los precios de estas tierras, aunque continúan siendo inferiores en comparación con los precios a nivel regional”, subraya el informe.
Para ejemplificar, Oxfam indica en el documento que Brasilagro, una empresa con operaciones en Brasil, Bolivia y Paraguay, y un portafolio de 267.000 hectáreas, posee 9.875 hectáreas en Bolivia.
A pesar de que el 72% de sus ingresos deriva de la agricultura y ganadería y solo un 28% de la venta de tierras, sus mayores ganancias provienen de la venta de estas últimas. Esto se debe a las mejoras realizadas en los terrenos y al desmonte de áreas forestales para su posterior producción.
“La empresa reporta un retorno anual promedio del 21,4% en su inversión inmobiliaria rural, lo cual indica un alto rendimiento. En 2021, Brasilagro adquirió 9.875 hectáreas de Cresud por aproximadamente 30 millones de dólares, equivalente a poco más de 3.000 dólares por hectárea. Cresud, con un modelo de negocio similar, reportó en 2020 tasas de retorno de inversión del 15% anual en la venta de tierras en Bolivia, subrayando el carácter lucrativo de estas inversiones”, advierte Oxfam.
Impuestos
Oxfam sostiene que en el primer eslabón productivo las empresas que en este sector contribuyen a la deforestación están obligadas a pagar el Régimen Agropecuario Unificado (RAU), que asciende a 29,07 bolivianos por hectárea. En 2021, el Servicio de Impuestos Nacionales reportó recaudaciones totales del RAU de 33,7 millones de bolivianos. Además, desde 2021, la importación de maquinaria pesada para estas actividades está exenta de impuestos.
El documento también refiere que empresas industriales como el de las tres principales empresas de mataderos y frigoríficos, empresas azucareras y de soya del país, tienen una contribución en impuestos de apenas el 2% de sus ingresos operativos totales.
El estudio de Oxfam observa que la transformación de tierras forestales en agrícolas y ganaderas en Bolivia representa una inversión altamente rentable, evidenciada por el incremento sostenido en el valor de estas tierras y las altas tasas de retorno reportadas por empresas como Brasilagro y Cresud. Este fenómeno no solo resalta la dinámica especulativa y de revalorización en el mercado de tierras, sino también pone de manifiesto el atractivo que Bolivia representa para inversores extranjeros.
¿Qué es BrasilAgro?
Visión 360 ingresó a los sitios web de información pública tanto de BrasilAgro y de Cresud a los que hace referencia el estudio de Oxfam y estos son los datos que arrojan las dos compañías:
- Se señala que es una de las mayores empresas brasileñas en términos de cantidad de tierra cultivable y enfocada en la adquisición, desarrollo y comercialización de propiedades rurales con potencial agrícola. “Adquirimos propiedades rurales que creemos que tienen un potencial significativo para generar valor a través del mantenimiento de activos y el desarrollo de actividades agrícolas rentables”, sostiene su perfil.
- Se asegura que desde el inicio de sus operaciones en 2006, logró adquirir un total de 18 propiedades rurales y vender cinco fincas. El mapa de sus propiedades abarca a Bolivia. “Nuestro plan de negocio considera la valorización de nuestras propiedades rurales como nuestro principal vector de retorno financiero. En nuestra opinión, el valor de una propiedad rural está directamente relacionado con la generación de efectivo por unidad de superficie”, subraya.
- Dice maximizar el retorno de sus inversiones a través de: Identificación, adquisición y desarrollo de propiedades rurales con alto potencial de valorización; y optimización del rendimiento y productividad de propiedades rurales mediante la implementación de excelentes tecnologías y técnicas agrícolas.
¿Qué es Cresud?
En su sitio web, la firma dice que es una compañía argentina, líder en el negocio agropecuario desde hace más de 80 años. Produce bienes de alta calidad, agregando valor a la cadena productiva del agro argentino, con presencia creciente en la región a través de inversiones en Brasil, Paraguay y Bolivia.
“En 2005 creamos BrasilAgro con el fin de replicar nuestro modelo de negocios en Brasil. Las acciones de BrasilAgro cotizan en el Novo Mercado del BOVESPA desde mayo de 2006 con el símbolo AGRO3 y nivel II en el NYSE bajo el ticker LND desde noviembre 2012”, precisa en su perfil Cresud.
Al 30 de junio de 2021, indica que tenía una participación del 38,9% sobre el capital accionario de dicha compañía, que se encuentra consolidada en sus Estados Financieros. En 2008 y 2009 CRESUD continuó con su proceso de expansión regional adquiriendo campos en Bolivia y Paraguay diversificando su portafolio y replicando su modelo de negocio en dichos países.