2024-11-07

El destino une a los espíritus con la gente

La ñatita ¿adopta a la familia? ¿O los devotos la deben buscar o comprar?

Por accidente o tras buscar mucho, una familia puede llegar a tener una ñatita. Pero estos cráneos solo llegan a sus compañeros según la guía del destino.

Cuando la ñatita te busca, te encuentra. Eso es lo que aprendieron todos los que tienen, o tuvieron alguna vez, una de estas guardianas espirituales. Ya sea por regalo, herencia o simplemente suerte, los cráneos que alojan los “ajayus” terminan adoptando y siendo adoptados por las familias andinas.

“Hay muchas formas de conseguir una ñatita. Aunque, por su importancia para la cosmovisión andina, no hay un método exacto para lograrlo. Pero sí hay algunas limitaciones si las personas buscan una”, explicó a Visión 360 el antropólogo y comunicador Milton Eyzaguirre, uno de los principales expertos en el tema.

La principal limitación para conseguir uno de los cráneos es la económica: una ñatita no se vende ni se puede comprar al menos no adrede. “Lo espiritual no debe ser parte de una transacción económica mundana”, agregó Eyzaguirre.

Una familia enciende el cigarrillo para una de sus ñatitas, que llevaron a celebrar en el Cementerio. FOTO: AMUN

 

Un encuentro predestinado
Las nornas juegan un papel muy importante en la relación entre familia, o institución, con este espíritu tutelar. El encuentro puede parecer, a los ojos de los escépticos, como una coincidencia, pero para el creyente es una señal de que la ñatita buscaba familia.

Tal es el caso de Ricardo (pseudónimo), que en una ocasión jugó un partido de fútbol en un lugar con historia, lo que se dice pesado. Se trataba de la zona paceña Agua de la Vida, susceptible a deslizamientos. Uno de ellos, hace unos 40 años, arrastró -cuentan- un cementerio clandestino.

“Aprendimos que antes de trasladarlas, uno tiene que hacer un ritual; por lo menos, ponerle coca, libar alcohol con ella”.
Milton Eyzaguirre

Durante el juego, Ricardo lanzó una patada que no conectó con el balón, sino con algo más duro: un cráneo descarnado. Asustado lo tiró y se alejó corriendo del campo de juego.

Pero al llegar a su casa y contar la historia a su mamá, esta le regañó por abandonar el cráneo. “Esa ñatita te estaba buscando. Debes ir a recogerla”. De esta manera, Ricardo regresó a la cancha y recogió al nuevo integrante de la familia.

Las ñatitas que se conservan en las instalaciones del Musef. FOTO: MUSEF

 

Por otro lado, Fernanda y su grupo de amigos estudiaban Medicina en la Universidad Mayor de San Andrés (Umsa). Para sus clases necesitaban un esqueleto, por lo que, en grupo, acudieron al Cementerio General para conseguir uno.

Mediante contactos, consiguieron algunas piezas, incluyendo un cráneo. La universitaria lo guardó en su casa, donde se reunían para estudiar y, al poco tiempo, comenzó a notar cosas extrañas en su hogar.

“Se escuchaban ruidos en las  noches. Las cosas cambiaban de lugar. Comencé a tener sueños extraños”, recordó. Asustada, acudió a un yatiri, quien le explicó que debía apaciguar al espíritu del cráneo que consiguió, porque era una poderosa ñatita, que era su responsabilidad.

Sí, no se puede adquirir una ñatita a propósito, pero nada impide que se la compre por accidente. La historia de Fernanda es muy común entre estudiantes de Medicina y Odontología, y no necesariamente con solo cráneos, ya que otros restos óseos también pueden servir.

“Se escuchaban ruidos en las  noches. Las cosas cambiaban de lugar y comencé a tener sueños extraños. Tuve que ir a un yatiri”.
fernanda, dueña de ñatita

Otro ejemplo de adquisición involuntaria se da al conseguir una nueva vivienda, o una construcción para uso comercial. “Algunas casas, por ejemplo, se construyeron en zonas donde antes habían chullpares, los cuales fueron demolidos. Así, a la hora de hacer arreglos, los nuevos dueños se encuentran con su propia ñatita, que venía con la casa”, cuenta Eyzaguirre.  

Estas historias son solo algunas entre miles. Eyzaguirre, que trabaja desde hace décadas en el Museo Nacional de Etnografía y Folklore (Musef), recogió centenares de relatos de encuentros fortuitos con los cráneos.

Coca, dinero, flores, refrescos y alcohol son las ofrendas. FOTO: AMUN

 

“La verdad es que uno puede comenzar no creyendo en los poderes de estos espíritus, pero con el tiempo termina convenciéndose”, contó.

De hecho, él  mismo experimentó un evento que le convenció del poder de las ñatitas, además de la necesidad de obedecer las reglas rituales.

“Cuando pateaste esa ñatita te debiste dar cuenta de que te estaba buscando. No puedes dejarla ahí, debes ir a recogerla”. 
Madre de Ricardo

Garantizando la seguridad
El repositorio cuenta con una gran colección de estos restos. Uno de ellos llegó gracias a la donación de un colaborador del espacio. “Me llamó de la ciudad de Santa Cruz y me dijo: ‘Tengo una sorpresa para vos, que conocerás cuando pases  por Santa Cruz’. Viajé con una exposición y cuando encontré a mi colega, me entregó una ñatita incaica”.

El investigador sabía que  no podía trasladarla por avión, por lo que la incluyeron en el camión en el que trasladaban las piezas de la muestra.

Un preste organizado en homenaje a las ñatitas familiares. FOTO: MUSEF

 

“Pero el camión fue detenido en un bloqueo entre Sucre y Potosí. Así aprendimos que antes de trasladarlas, uno tiene que hacer un ritual; por lo menos, ponerle coca, libar alcohol con ella,  para que no pase absolutamente nada”.

No sería la única vez que el repositorio enfrentó daños por no apaciguar a los espíritus tutelares. Una de las ñatitas, perteneciente a la cultura Paracas, es una de las principales protectoras del espacio, pero cuando se la  movió sin permiso, para hacer algunos trabajos, se tuvo un accidente en el área de trabajo, que afectó a varias personas.

Es que no todas las ñatitas son beneficiosas. Aunque a la mayoría se les encarga la seguridad del entorno íntimo o la prosperidad económica y de salud,  hay las que pueden causar daños, tanto a enemigos de la familia como a las personas que no las cuidan como deben.

Por eso, cuando una persona tiene en su poder un cráneo, lo primero que debe hacer es acudir a un yatiri denominado “ajayero”. Este sacerdote determinará qué tipo de alma es la que reside en los huesos y cuáles son las funciones que más se adecúan a su naturaleza.  

Con el tiempo el espíritu se comunicará con la persona mediante sueños, ya sea transmitiendo su nombre o las circunstancias de su muerte.  

La familia es responsable de tenerlo contento. Los lunes, un día en el que los muertos tienen una fuerte presencia, y el día de las ñatitas, el 8 de noviembre, se le entregan ofrendas: flores, alcohol, hojas de coca, un cigarrillo para que fume.  

Los yatiris también recomiendan que se organicen prestes en honor de las almas guardianas. Y, en la misma fiesta,  se debe conseguir que un sacerdote acceda a bendecirla y, mejor, oficiar una misa. 

Unión de creencias
Pese a los esfuerzos de las autoridades de la Iglesia católica y de otras denominaciones cristianas, las zonas andinas y vallunas de Bolivia creen en el poder de las ñatitas.

“Se las celebra de distintas formas, ya que forman parte de las creencias relacionadas con el ciclo agrícola. Con la fiesta de

Todos Santos y de ñatitas inician los festejos de la muerte y la fertilidad”, explica Eyzaguirre.
Cuando llegaron los españoles, la Iglesia intentó destruir las creencias locales bajo el nombre de extirpación de idolatrías. Lo que se logró fue que se practicaran en secreto o se unieran a los ritos cristianos.

Pero no se dejó de intentar que se frene el culto a los ajayus. Por ejemplo, en 2009 el Obispado paceño prohibió la realización de misas en honor a los cráneos, aunque tuvo que ceder con el rechazo a la bendición de estos. Sin embargo, hay parroquias que, en secreto, ofician estas misas.

El 8 de noviembre el Cementerio General, La Llamita y otros camposantos de La Paz se llenan de familias que acuden con sus compañeras óseas a celebrar su día. Se las engalana con flores, coca y joyas. Ya sea en urnas especiales u otro tipo de receptáculos, son agasajadas para que no quieran irse. Porque las ñatitas son personas y se pueden cansar de trabajar para una familia. Y cuando eso pasa, se despiden,  buscando otras personas.

De lo originario  a la Colonia y al rito actual

 

Fotografías del archivo del Musef, que muestran el desarrollo del rito a las ñatitas desde el período prehispánico (izquierda), su presencia en la Colonia; cómo se ve en el arte (centro) y cómo se las celebra en la actualidad. 

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