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El nuevo Estados Unidos de Trump
“Donald Trump 2.0” ha vuelto, y con más poder. En las elecciones estadounidenses del 5 de noviembre sorprendió el voto latino, afroamericano y de las mujeres que respaldaron al republicano. Entre los hombres negros y los latinos, su margen se amplió significativamente; en Pensilvania (estado clave), obtuvo el voto de un 25% de los hombres negros; en Carolina del Norte, del 21%. En todo el país, un 46% de los latinos le dieron su voto.
Los republicanos se han convertido en el partido multirracial de la clase trabajadora y Trump amplió su base electoral en prácticamente todos los perfiles de votantes. Analistas estiman que el voto de EEUU fue por la economía y el bolsillo.
Su reelección manda un mensaje de que “la economía pesa más que la democracia”, los principios de igualdad, o el miedo al autoritarismo; así, la economía sigue mandando en EEUU, antes que el aborto, inmigración o seguridad, áreas que Trump también explotó con anuncios que, aunque cuestionables, son urgentes para el ciudadano medio.
Las políticas económicas de Joe Biden pegaron muy duro y la inflación aplastó a todos los segmentos de la población. Cansados de aquello, los votantes parecen confiar nuevamente en el “hacer América grande otra vez”, el eslogan de Trump, que en su discurso tras conocerse los resultados dijo que “arreglará todo lo que está mal” en el país.
Alrededor del 85% de los votantes latinos dijeron que su principal prioridad en las elecciones de este año era la economía, seguida de la atención médica (71%) y los delitos violentos (62%), según una encuesta preelectoral del Pew Research Center.
José Antonio Gurpegui, catedrático de Estudios Norteamericanos en una universidad española, dijo a la RTVE que el sencillo mensaje de Trump, “yo soy la esperanza, conmigo vas a vivir mejor”, ha calado mucho más que las “disquisiciones intelectuales de Harris sobre la libertad de las mujeres o la necesidad de la energía renovable”.
El republicano ha roto con todas las marcas, al obtener 295 votos electorales (de los 270 para acceder a la Presidencia), frente a los 226 de su rival, la demócrata Kamala Harris. Y el Partido Republicano está a unos pocos escaños de asegurarse el control de la Cámara de Representantes, lo que le dará el dominio total del Congreso, después de arrebatar el Senado a los demócratas. También ha superado, por mucho, la votación que obtuvo en 2016.
Trump será el presidente 47 -fue el 45 en su pasada gestión- y luego de perder la reelección y ganar nuevamente cuatro años después, se convierte en el primer presidente en casi 130 años en obtener una victoria no consecutiva en la Casa Blanca, después de Stephen Grover Cleveland.
Los votantes también han puesto la economía sobre las condenas judiciales que pesan sobre él por casos como el pago a una actriz porno para comprar su silencio sobre un presunto encuentro sexual, o el hecho de estar imputado en casos de interferencia electoral o acusado de instigar el asalto al Capitolio de 2021, cuando rechazaba su derrota electoral contra Biden.
Trump, que asume el mando el 20 de enero de 2025, anunciará en los próximos días los nombramientos iniciales de su segunda administración, tras sostener reuniones con posibles candidatos. Según su equipo, proyecta un gobierno completamente diferente del de Joe Biden y, además, evitará que sea una repetición de su primer mandato (2016-2020).
“A partir de enero, cuando Trump tome posesión, comenzará una nueva administración republicana, pero el poder del presidente será mucho mayor. Es una victoria ‘única’ porque ningún presidente llegó a tener tanto poder como lo tendrá Trump”, señala Gurpegui. “Puede hacer prácticamente todo lo que quiera”.
Según Los Ángeles Times, Trump ha omitido detalles, pero a través de más de un año de declaraciones políticas y comunicados escritos, ha delineado una agenda amplia que combina enfoques conservadores tradicionales en impuestos, regulación y cuestiones culturales, con una inclinación más populista hacia el comercio y un cambio en el papel internacional de Estados Unidos.
Su agenda también reduciría los esfuerzos del gobierno federal en derechos civiles y expandiría los poderes presidenciales.
Las políticas fiscales de Trump se inclinan en gran medida hacia las corporaciones y los estadounidenses más ricos. Se presume que extenderá su reforma fiscal de 2017, con algunos cambios notables que incluyen reducir la tasa de impuesto sobre la renta corporativa al 15% desde el actual 21%.
Esto también implica revertir los aumentos de impuestos sobre la renta, del presidente demócrata Joe Biden, a los estadounidenses más ricos y eliminar los gravámenes de la Ley de Reducción de la Inflación que financian medidas energéticas destinadas a combatir el cambio climático.
Sobre el comercio internacional, “desconfía” de los mercados mundiales y los ve como perjudiciales para los intereses estadounidenses. Por ello, aplicará aranceles del 10% al 20% sobre bienes extranjeros, y en algunos discursos ha mencionado porcentajes aun más altos.
En política exterior, Trump quiere retomar el “liderazgo” que ha perdido EEUU en el mundo. A menudo reclamó que “con él la guerra en Ucrania no se habría producido” y también se refirió a las “caóticas imágenes” de EEUU retirándose de Afganistán.
Ernesto M. Pascual, experto en relaciones internacionales, sostiene que tiene dudas de que pueda cumplir lo prometido, dado lo “ambicioso” de sus objetivos, como lograr rápidamente un acuerdo de paz en Ucrania -en lo que influye el apoyo a Kiev de muchos republicanos–. Por el lado de Oriente Próximo, “va a seguir apoyando a Israel incondicionalmente, igual que ha hecho Biden”, mientras que un punto será si evita un conflicto con Irán.
Trump también lleva tiempo pregonando su relación con el líder norcoreano Kim Jong-un, pero si el presidente electo busca otra cumbre, se encontrará con un líder norcoreano “envalentonado” por un arsenal de misiles ampliado y una relación mucho más estrecha con Rusia.
Tras intercambiar amenazas de aniquilación nuclear durante el primer año del mandato inicial de Trump, Kim y el entonces presidente estadounidense mantuvieron tres reuniones sin precedentes en Singapur, Hanoi, y en la frontera entre Corea del Norte y Corea del Sur en 2018 y 2019.
“Habríamos tenido una guerra nuclear con millones de muertos”, dijo Trump a Fox News el mes pasado.
La imagen del primer discurso de Trump en Mar-a-Lago, acompañado de su mujer y con menciones continuas a su familia, simboliza la intención del magnate de “consolidar una dinastía”.
El regreso al poder que refunda la política estadounidense
La victoria electoral del expresidente Donald Trump marca la culminación de una gesta política sin precedentes que ha logrado expandir el “Movimiento Maga” más allá de los hombres blancos de zonas rurales, redefiniendo el Partido Republicano y las reglas del discurso político en EEUU.La premisa parecía clara: un candidato con una condena criminal, que bromea sobre poner a una excongresista frente a un pelotón de fusilamiento, se ha clasificado como machista y acosador, que se rodea de portavoces que airean sin complejos comentarios racistas, no tiene posibilidades de llegar a la Presidencia que disputaba a la vicepresidenta demócrata, Kamala Harris.
Pero Trump, que ya provocó un terremoto político que echó por tierra las teorías de sesudos analistas en 2016, lo ha vuelto a hacer y ha demostrado que su plan para ampliar -aunque sea levemente- su atractivo entre sectores de la población mayoritariamente demócratas ha surtido efecto, con mejoras entre hispanos, hombres negros y votantes jóvenes.
Para ganar, Trump ha necesitado prácticamente el mismo número de votos que en 2020.
Escenario polarizado
“El hecho de que Trump haya insistido en su base con un discurso bronco, de resentimiento, racismo, misoginia, odio y miedo es producto de un escenario político polarizado. Como explico en mi libro, la mayor parte del electorado desde 2008 se ha atrincherado en dos bandos. Cada vez hay menos votantes indecisos”, explica a EFE Don Nieman, profesor emérito de Historia política de la Universidad de Binghamton y autor de Path to Paralysis.
Trump superó los pronósticos: ha destrozado el llamado “muro azul” que daba esperanzas de victorias a Harris, ha tomado el control del Senado con candidatos elegidos por él y que le rinden pleitesía constante y está a un paso de controlar también la Cámara de Representantes, que ha purgado de republicanos independientes o críticos.
Para llegar a esta victoria, Trump no ha tenido que recurrir a la corrección política: ha llamado a Harris persona de “bajo cociente intelectual” y se ha rodeado de asesores como Stephen Miller, que ha lanzado proclamas antiinmigrante y parafraseado a Adolf Hitler con su ya viral “América para los americanos y solo para los americanos”.
Según el experto demoscópico republicano Frank Luntz, el error de Harris fue dedicarse “casi en exclusiva a atacar a Donald Trump. Los votantes ya saben todo lo que tienen que saber de Trump (…) Es un error colosal de su campaña poner el foco de atención en Trump más que en Harris”.
Trump se ha impuesto en estas elecciones a pesar de haber enfrentado un gasto de más de mil millones de dólares por parte de la campaña de Harris, lo que evidencia aun más la falta de acierto demócrata para movilizar su voto en un sistema electoral fragmentado en 50 estados, en los que hasta ahora el dinero era un factor clave para definir las probabilidades de victoria. (EFE)