Región
El complejo mapa político de América Latina, con una izquierda dominante
Las victorias electorales de Claudia Sheinbaum en México y de Yamandú Orsi en Uruguay han reconfigurado nuevamente el mapa político latinoamericano: 11 países de la región (Brasil, Bolivia, Chile, Colombia, Uruguay, Venezuela, Nicaragua, Honduras, Guatemala, Cuba y México) están gobernados por gobiernos llamados progresistas y de extrema izquierda, mientras que cuatro (Argentina, Paraguay, Perú y Ecuador) están regidos por gobiernos conservadores o liberales.
Aunque en el caso peruano, Dina Boluarte, quien llegó al poder como vicepresidente de un gobierno de izquierda, su orientación política actual está bajo debate.
En 2024, cuatro de las principales economías latinoamericanas (Brasil, México, Chile y Colombia) estuvieron gobernadas por la izquierda.
Con Lula da Silva en Brasil, Gustavo Petro en Colombia, Gabriel Boric en Chile y ahora Orsi en Uruguay, la izquierda domina gran parte de Sudamérica. “Este bloque progresista no es homogéneo, pero comparte puntos en común, como la prioridad en políticas sociales y un enfoque crítico hacia las posturas neoliberales”, estima el periodista Maximiliano Sardi.
Según analiza, en contraste, la derecha latinoamericana se encuentra en una posición de relativa soledad. Javier Milei, quien encarna un proyecto de reestructuración del Estado inspirado en el conservadurismo de figuras como Donald Trump, tiene pocos aliados naturales en la región. Aunque mantiene buenas relaciones con Nayib Bukele en El Salvador y Santiago Peña en Paraguay, la mayoría de los gobiernos sudamericanos se alinean con una agenda bajo los preceptos del Foro de Sao Paulo y de intervención estatal.
“El triunfo de Orsi también tiene implicancias más amplias para el lugar de América Latina en el escenario global. Mientras Estados Unidos busca recuperar influencia en la región frente al avance de China y Rusia, el bloque progresista liderado por Brasil y México ha adoptado una postura más independiente. Lula y Claudia Sheinbaum, recién electa en México, priorizan la diversificación de alianzas y resisten presiones externas, lo que dificulta los intentos de alineación promovidos por Washington”, sostiene el experto.
En este contexto, Uruguay podría jugar un rol estratégico como puente entre las distintas posturas de la región. Con una tradición diplomática que combina pragmatismo y principios, el gobierno de Orsi tendrá la oportunidad de reforzar la posición de Uruguay como un mediador regional, capaz de dialogar tanto con los bloques progresistas como con los líderes conservadores.
El ascenso de Orsi a la Presidencia de Uruguay no solo redefine la izquierda en su país, sino que también contribuye a consolidar un nuevo equilibrio político en América Latina, apunta Sardi. Mientras la izquierda avanza con liderazgos renovados y estrategias más flexibles, la derecha enfrenta el reto de articular una agenda coherente en un continente mayoritariamente inclinado hacia el progresismo.
En este contexto, tanto Orsi como Milei simbolizan dos visiones opuestas pero complementarias: una izquierda que se adapta al mercado sin abandonar sus principios sociales y una derecha que busca redefinir el rol del Estado en la región. Ambos liderazgos, aunque ideológicamente distantes, tienen la responsabilidad de construir puentes en un continente que necesita cooperación para enfrentar desafíos globales como la crisis climática, la desigualdad y las tensiones geopolíticas.
El periodista y sociólogo Pedro Brieger, especializado en política internacional, considera que las categorías izquierda y derecha no son tan claras como en otras épocas, y en América Latina también se habla de lo “nacional”, “nacional y popular”, “populista”, “socialista”, “socialdemócrata” o incluso “peronista”. “La mayoría de quienes gobiernan intentan escapar de los encasillamientos ideológicos. De todas maneras, con sus diferencias -que a veces son profundas- o, a pesar de ellas, son parte de una corriente que cuestiona el neoliberalismo, pugna por la integración regional y no depende de los proyectos continentales de la Casa Blanca”, sostiene.
Sin embargo y pese al dominio momentáneo de esa tendencia en la región, las ideas de defensa de la libertad (llamadas por algunos como “ultraderecha”) han intentado afianzarse con Trump en 2016 y luego con Jair Bolsonaro en Brasil en 2018. Y, más recientemente, con Nayib Bukele (Nuevas Ideas), en El Salvador; José Antonio Kast (Partido Republicano), en Chile; Rafael López Aliaga (Renovación Popular), en Perú; Guido Manini Ríos (Cabildo Abierto), en Uruguay; y, con más fuerza aún, Javier Milei (La Libertad Avanza), en Argentina.
Cabe resaltar que, en las elecciones de julio en Venezuela, el ente electoral dio la victoria a Nicolás Maduro, sin mostrar las actas de la elección, que según la oposición, fue ganada por la opositora María Corina Machado y su candidato Edmundo Gonzáles Urrutia, con más del 60% de los votos, según las copias de las actas que publicó la oposición.
El director de la Fundación Libertad y Progreso de Argentina, Agustín Etchebarne, sostiene que en la región la batalla cultural sigue siendo la clave. “Cada país latinoamericano está dividido en cerca de dos mitades con un centro que se inclina para un lado o para el otro, pero con el inmenso riesgo de que cuando se inclina a la izquierda, puedan caer en dictaduras como la de Cuba, Nicaragua o Venezuela”.
En nuestro continente, apunta, las derechas se han vuelto democráticas y entregan el poder cuando pierden las elecciones, pero la tentación dictatorial de las izquierdas continúa en varios países.
Mayor polarización
Según otros analistas, lo que ha marcado a los procesos políticos regionales durante los últimos años no ha sido tanto una tendencia hacia la izquierda o la derecha, sino una dificultad de los oficialismos para mantener el poder. Michael Shifter, del think tank Diálogo Interamericano, apunta que “es más una tendencia de rechazo que otra cosa, gente buscando una alternativa”.
Juan Negri, director de Ciencia Política y Estudios Internacionales de la Universidad Torcuato Di Tella, declaró al diario La Nación: “Se ve un contexto económico muy distinto al de la ola ‘rosa’ de izquierda de los 90 y principios de los 2000, por lo que los liderazgos se encuentran en una situación más frágil y la posibilidad de llevar adelante políticas sociales expansivas va a ser menor”.
“Todo parece indicar que estamos frente a una ola de crisis del oficialismo, donde los gobiernos han sufrido fracturas internas como en el caso de Bolivia o el de Perú, por lo que no lo categorizaría estrictamente como una ola”, añade.
Además, “así como desde 2019 la ola antioficialista viene golpeando a los gobiernos de derecha, eventualmente puede tener un efecto rebote y terminar afectando a los de izquierda actuales. Pero falta para hablar de un ciclo político consolidado”.
Según anticipa Ignacio Labaqui, analista político, “hoy por hoy, no hay una ola regional con un signo político determinado, habrá que ver qué sucede el año próximo en Ecuador, Chile y Bolivia”.
“Que haya alternancia es algo propio de la democracia. Lo interesante es cuando lo que vemos es no solo alternancia, sino mayor polarización ideológica, surgimiento de líderes populistas por derecha o izquierda y cambios fuertes en los sistemas de partidos”, afirma Labaqui.
La crisis de representación, el debilitamiento de la política tradicional y la emergencia de nuevos actores como alternativas dentro del sistema son algunas de las explicaciones de este fenómeno. A su vez, entiende que el descontento general con la clase política fue el caldo de cultivo para que “líderes antipolítica” llegaran al poder.
¿Surge una nueva “ola rosa” en América Latina? Extremos y desencantos
El último ciclo electoral en América Latina ha reconfigurado el panorama político de la región, lo que marca tanto continuidades como cambios notorios.
Tanto países como El Salvador, Venezuela, México y Uruguay, que acudieron a las urnas en 2024, como Argentina y Brasil, que votaron antes, forman parte de este contexto en el que conviven dinámicas complejas de alternancia, polarización y debilitamiento democrático.
Según algunos analistas, el debate sobre un posible resurgimiento de la “ola rosa” -en referencia a las victorias de gobiernos de izquierda y centroizquierda entre finales de la década de 1990 y principios de los 2000- choca con la realidad de un entorno económico frágil, el ascenso de derechas más organizadas, líderes populistas poco tradicionales y un electorado marcado por la abstención y el desencanto hacia los partidos políticos tradicionales.
Este escenario muestra una región en transición, en la que los gobiernos enfrentan desafíos internos y una creciente desinstitucionalización, al tiempo que se redefine el papel de las categorías políticas clásicas.
“Cualquier lectura tiene que ser a partir de la pandemia, porque fue un momento grave y traumático que resultó determinante para el último ciclo electoral en América Latina y que fue decisivo en esos resultados”, dice sobre el periodo Lorena Barberia, profesora de la Universidad de Sao Paulo (USP).
Además, vale preguntarse si las tradicionales categorías de derecha e izquierda siguen siendo vigentes para analizar los resultados electorales. Kenneth Bunker, profesor de la Universidad San Sebastián de Chile, cree que sí.
“Las categorías de izquierda y derecha siempre sirven, al menos como punto de referencia. Pero antes esas categorías estaban ancladas en un punto fijo, y todos estábamos de acuerdo en lo que había de un lado y del otro de ese punto, y eso es lo que ha cambiado un poco”, explica.
Y añade: “Lo importante es saber que estamos en un periodo de transición en el que todo se está redefiniendo. Pero cuando llegan las elecciones, los candidatos de todos los países siguen teniendo esas categorías como referencia, y son claros en relación con dónde se paran. Hoy en día, de hecho, son raros los candidatos de centro, o neutrales, porque más bien hay una profundización de los extremos”.
Aún con diferencias sobre el rumbo de la región, los analistas coinciden en una serie de rasgos que parecen repetirse, y que reflejan una democracia en transición o, según algunos de ellos, debilitada.
Barberia destaca un fenómeno que observó en las elecciones regionales de este año en Brasil: la abstención electoral. “Creo que es preocupante, porque se combina con un ambiente político muy polarizado. Hay un grupo cada vez más grande que escoge no participar, no manifestarse y no posicionarse. Hay casos en los que la población decide con su voto castigar a sus gobernantes; hay otros, los más preocupantes, en los que ni siquiera estas figuras nuevas y disruptivas convocan a los votantes”.
La especialista también observa un giro autoritario, que asume nuevas formas en relación con el pasado. “Me refiero a giros autoritarios dentro de la democracia. Creo que los regímenes políticos están bajo amenaza porque algunos líderes encontraron maneras de anular la democracia a través de reformas. El autoritarismo en la región ya no son los gobiernos militares; el nuevo autoritarismo surge desde dentro de las democracias mismas”.
Barberia lo ejemplifica a través del caso de El Salvador, en donde observa un giro autoritario: “Aunque hay un apoyo popular muy fuerte a Nayib Bukele, ese apoyo se combina con reformas y manipulación de las leyes vigentes, y con la represión a la oposición política en el país. Entonces no me parece que allí haya un juego limpio”.
El cientista político Juan Negri destaca que en el nuevo escenario político hay un importante debilitamiento de los partidos políticos: “Es evidente que hay una fragmentación y una debilidad partidarias, que son las que explican la aparición de ciertos liderazgos”.
Negri considera que hay una “acumulación de gobiernos progresistas”, con Chile, Uruguay, Brasil, Bolivia, Colombia, México, “y hasta hace poco Perú”.
“Si pensamos en esa foto, podríamos hablar de un giro a la izquierda, donde Milei (Argentina) o Bukele (El Salvador) son más excepción que regla. Sin embargo, me parece que no estamos ante algo parecido a la ola rosa de principios de los 2000, debido a que no hay un ciclo consolidado, sino que más bien estamos ante un ciclo de inestabilidad política. Me refiero a oficialismos que pierden elecciones, de sociedades muy poco movilizadas, de inexistencia de partidos políticos, de gobiernos populistas, de desinstitucionalización partidaria, etcétera, entre otras cosas”. Y añade: “Creo que, aunque hay una mayoría de gobiernos de izquierda, eso no alcanza para hablar de un ciclo de izquierda en la región”. (CNN)
Lecturas sobre el rumbo de América Latina
1 PÉNDULO. En un contexto de insatisfacciones económicas y de castigo a los oficialismos a través del voto, el péndulo podría virar de un lado a otro.
2 EL RETO. El desafío es superar las problemáticas abiertas por la debilidad de las instituciones democráticas en la región.
3 SUFRAGIO. El apoyo a la izquierda refleja una protesta de los votantes para con su clase política y sus mandatarios.
4 NOVEDAD. El péndulo está girando, con victorias de fuerzas más conservadoras y de las llamadas “nuevas derechas”, como en el caso de Argentina.