La Paz
Globazos, espuma y disfraces tomaron el centro paceño para iniciar los festejos de Carnaval
Pepinos, cholitas y superhéroes tomaron las avenidas Montes, Mariscal Santa Cruz y El Prado para participar en el tradicional Corso Infantil, una de las actividades del Carnaval Paceño. A lo largo de la media jornada, los participantes bailaron en varios grupos y, principalmente, se enfrentaron en batallas campales con chisguetes, globos y espumas.
"La gente está muy emocionada. En algunos momentos, apenas pueden entrar en la calzada. Me recuerda a cómo eran las batallas campales hace 20 años", comentó Diego, uno de los policías que circulaba por El Prado.
Los participantes se concentraron en la avenida Montes a las 09.00 y transitaron principalmente por el carril de bajada de esa vía y las siguientes. Pero, rápidamente, la euforia superó los límites de la calzada. Mientras que los vendedores gremiales se acomodaron a lo largo de las jardineras centrales y en el carril de subida, los niños y adolescentes comenzaron a jugar entre las aceras.
Lamentablemente, pese a que destacar disfraces infantiles y fomentar la danza y la alegría familiar son los objetivos centrales del Corso, la afición paceña por el juego con agua opacó la creatividad.
La casi totalidad de los participantes recorrieron la ruta cubiertos por ponchillos de plástico y no pocos protectores de rostro, que mientras avanzaban fueron, a su vez, cubiertos por espuma.
Jóvenes, adolescentes y niños correteaban entre los dos carriles, combatiendo con chisguetes de gran potencia, espuma -cuyos recipientes eran vendidos por los gremiales a 13 y 15 bolivianos- y globos. "Es una pena que se volviera a esto, no podemos disfrutar de la entrada", reclamó Roberto González, de 60 años, que se vio obligado a esquivar un globo perdido.
Los combatientes, principalmente, se enfocaron en otras personas que evidentemente estaban jugando, hubo también muchas víctimas de fuego cruzado. Ya sea recibiendo un globazo porque alguien lo esquivó, siendo mojado con espuma y chisguetes mientras cruzaban la ruta o siendo mojados por niños muy pequeños, que veían a todas las personas como blancos válidos.
Algunos grupos intentaron mantener las tradiciones, principalmente, los de unidades educativas. Estos se encontraban ataviados con trajes de pepinos y polleras de cholitas, mientras bailaban al ritmo de cuecas, huayños y otros. Pero eran la minoría, ya que el resto solo desfilaba, mientras devolvían el agua y espuma.
Fuera de los trajes tradicionales, destacaron los uniformes de los guardias de la serie El juego del Calamar, pepinos con máscaras de superhéroes, desde Superman a Deadpool, y uno que otro personaje de animé.
La fiesta, oficialmente, terminó pasado el mediodía, en parte ayudada por la lluvia que cayó en el centro. Sin embargo, en la tarde grupos de todas las edades continuaron jugando con agua, tanto en el centro paceño como en algunas partes de la zona Sur.