La Tribuna
Quedar eliminados dejaría un sabor amargo
Se atribuye el escritor José María Naranjo la expresión: Pobre México tan lejos de Dios y tan cerca de Estados Unidos, en relación desigual relación con su vecino. La frase se podría atribuir también a Bolívar luego de las impensadas derrotas en la Copa Libertadores de América.
Su clasificación a la Copa Libertadores se ve lejana porque cualquiera de sus rivales que gane en la próxima fecha le quitará el cupo a la segunda fase y hasta podría perder un pase a la Sudamericana si no logra ganar a Cerro Porteño en La Paz.
En el paredón de fusilamiento en las redes sociales está el técnico, porque hace jugar a sus dirigidos con repetidos pases lateralizados e intrascendentes, aunque para él lo que cuenta es la posesión del balón, mientras a hinchada pide eficacia, goles y no buenas razones.
Los dirigentes hablan de un periodo de adaptación, muy largo por el momento, porque los años y las lesiones hicieron mella en el portero y los dos defensores contratados que, por el momento, no han hecho pie en el torneo internacional.
Cada vez es menos creíble el argumento que las contrataciones tienen que pasar por el crisol del Manchester City, que a la distancia ven mejor que los ojos con cataratas de los hinchas bolivianos; éstos, ante la amonestación del mandamás, renuevan su artillería y se multiplican las sugerencias, recriminaciones e insultos que ponen frenético a Claure, hoy distraído con el panorama político. Mientras sus más cercanos acompañantes callan porque casi nunca declaran y cuando lo hacen ponen en evidencia su error en las contrataciones.
Quedar eliminado en la primera ronda dejaría un sabor amargo, al que se le agregaría una buena dosis de vinagre por el hecho de estar en nuestro año centenario.
Desde BOLÍVAR POR SIEMPRE, anhelamos que el milagro llegue el martes por la noche, para así llenar el Siles en el último partido de la serie entre Cerro Porteño.