lunes 18 de mayo de 2026

Hilando Fino

Cumbre o seguir de rodillas

El deporte boliviano no necesita limosnas ni discursos vacíos; necesita unidad, una nueva ley y la decisión política de convertirlo en una verdadera política de Estado.

El deporte boliviano debe ponerse, de una vez por todas, los pantalones largos. O nos unimos como un verdadero bloque social y nacional, o seguiremos levantando la mano cómo limosneros, sobreviviendo entre promesas y discursos vacíos. Antes se decía, con sorna, que el deporte era “la quinta rueda del carro”. Hoy ni siquiera llegamos a eso.

¿De quién es la culpa? De todos.

De deportistas dedicados a entrenar y sobrevivir al mismo tiempo. De ex deportistas abandonados por un sistema que los utilizó mientras ganaban medallas y luego los olvidó. De dirigentes indiferentes, de autoridades que llegan al deporte solo por cálculo político y de un periodismo concentrado casi exclusivamente en una sola disciplina.

También debemos hacer un mea culpa. Ser autocríticos sin resentimientos ni fanatismos. Porque mientras cada sector siga gritando por su lado, el deporte continuará dividido y condenado a la improvisación.

Por eso es urgente convocar una verdadera “Cumbre por el Deporte”, donde todos los actores hablen un mismo idioma y construyan una sola ruta hacia el futuro.

De esa cumbre debe nacer una nueva ley del deporte. Una norma moderna, fuerte y profundamente social, donde el deporte deje de ser visto como gasto y pase a ser entendido como inversión directa en salud, educación y prevención.

Cada municipio y gobernación debería estar obligado a invertir en deporte, no como favor político, sino como deber institucional.

La nueva ley debe garantizar recursos permanentes provenientes del alcohol, tabaco, telefonía, coca y lucha contra el narcotráfico. Si el deporte salva vidas y aleja a los jóvenes de la violencia y las drogas, el Estado debe financiarlo con seriedad.

También debe garantizar:

Seguro médico para deportistas.

Renta vitalicia para quienes dieron logros extraordinarios al país.

Becas de estudio para seleccionados nacionales.

Centros de Alto Rendimiento permanentes.

Infraestructura deportiva mediante alianzas público-privadas.

Fiscalización estatal de recursos internacionales que reciben federaciones y entidades deportivas.

Es necesaria además la creación de una Comisión Nacional del Deporte, integrada por entrenadores, ex deportistas, periodistas y personas probas, encargada de evaluar técnica y transparentemente becas y proyectos deportivos.

Que un deportista pueda postular por mérito propio, mediante su asociación o federación. Que exista transparencia y democratización, porque el centralismo también le ha hecho daño al deporte boliviano.

No podemos seguir permitiendo que algunos políticos redacten leyes deportivas solo para buscar protagonismo mediático. Ya sufrimos normas improvisadas y alejadas de la realidad del atleta.

Hoy existen federaciones sin personería jurídica, por culpa de dirigentes pasivos y de un Estado lleno de trabas burocráticas. Necesitamos una ley que facilite la legalización de los entes deportivos.

También debemos profesionalizar a los entrenadores mediante institutos y una verdadera Universidad del Deporte.

Sin una cumbre jamás nos entenderemos. Seguiremos divididos, mientras nuestros deportistas continúan vendiendo empanadas, trabajando de taxistas o haciendo rifas para entrenar y representar a Bolivia.

Seguiremos con las rodillas en el piso y la mano extendida, pidiendo permiso incluso para soñar.