La Tribuna
Negros nubarrones sobre el horizonte celeste
Esta columna muy bien podría titularse “Quo vadis, Bolívar”.
Porque, de tener un norte u objetivo planificado, en su actual participación en la Copa Libertadores de América, a estas alturas y faltando dos fechas para la conclusión de la fase de grupos, parece haber perdido el rumbo….o, tal vez, no lo encontró nunca…
El propósito, inicialmente expresado, es avanzar a los octavos de final de éste certamen.
Los números, cálculos y casuísticas dicen que habría alguna (poco probable) opción de lograr ese inicial objetivo.
Ya se abundó sobre esa posibilidad asumiendo que, en su siguiente partido, Sporting y Cerro Porteño igualen, Palmeiras gane los dos partidos que le quedan y, en el último, Bolívar triunfe ante Cerro Porteño y logre avanzar a la siguiente etapa de la Libertadores.
Una victoria de Cerro o Alianza, echaría por la borda esa ilusión. Los celestes, sin embargo, tienen derecho a mantener esta esperanza, que parece una quimera.
Como en toda actividad, una adecuada y responsable planificación debe sentar las bases de lo que se quiere alcanzar. En este caso, tal vez no falló -de inicio- ese aspecto, con un comienzo de pretemporada en Manchester que, además, debió servir de estímulo y sobre todo, observación de los jugadores que forman la denominada “plantilla del centenario”.
Ver en acción al equipo, detectar debilidades y fortalezas. Desempeño individual y de conjunto. Potencialidades, virtudes, variantes y comportamiento táctico del equipo dentro de la cancha y todo lo que supone un análisis integral del desenvolvimiento del plantel.
Para ello, se supone, Bolívar cuenta con un ampuloso cuerpo técnico y el apoyo de dirigentes consustanciados con su institución, para apuntalar ese trabajo que debe estar liderado por un director técnico que tenga la capacidad y visión de formar un grupo comprometido pero, sobre todo, identificando a los jugadores idóneos para un desempeño solvente en cada posición dentro del campo de juego.
No fue así, sobre todo en el sector defensivo. Y esto no es sólo de ahora, sino desde campeonatos anteriores. Incluyendo a los arqueros. Para ello se debieron buscan refuerzos· que constituyan una solución efectiva al lógico equilibrio que debe tener un plantel, más aún cuando se pretende ser competitivo en un exigente torneo internacional como es la Libertadores.
Fallaron algunas de las nuevas incorporaciones y el director técnico de Bolívar, que remarcó tener licencia PRO, demostró poco profesionalismo en gestión deportiva. El Profesor (así también se los denomina a los entrenadores), provocó un desencanto en su hinchada, prometiendo buenas incorporaciones, para un proyecto productivo que le permita llegar lo más lejos en la Copa. Vistos los resultados, sobre todo el desempeño defensivo, parece que son más los problemas que las soluciones.
Porque uno de esos objetivos apuntaba a ser protagonistas en la Copa Libertadores de América, objetivo que, al parecer,no se concretaría.
En el torneo internacional, hasta ahora no dio la talla y provoco´ -por usar un eufemismo- el desencanto de su hinchada.
Habida cuenta a de los resultados hasta aquíconocidos , donde ya clasifico Palmeiras en este grupo G, y considerando los partidos restantes, es poco probable que los celestes logren la “heroica”.
El horizonte celeste `presenta un panorama oscuro que, tal vez, ni le alcance para lograr un tercer lugar que le dé la probabilidad de ir a un repechaje para ingresar a la Copa Sudamericana.
Cuando la expectativa es grande y no se logran resultados, la molestia del aficionado y más aún del hincha, se pone de manifiesto y, en muchos casos, se buscan culpables·En el caso de ésta campaña, para muchos frustrante, de Bolívar en la Libertadores, ¿ habrán responsables y medidas correctivas ,si se está a tiempo, para encarar con mejores perspectivas los desafíos futuros….?
Queda esa pregunta y otras interrogantes que podrían o no y tener prontas respuestas.
Entretanto Bolívar se aferra un milagro. Dicen que mientras hay vida hay esperanza, y los más fanáticos celestes ,seguramente se aferran a este refrán atribuido a Cicerón y visibilizado por el científico británico Stephen Hawking.
Aunque parezca inasequible.