Se promociona en el área rural
Licuacleta, la máquina que promueve una alimentación saludable, el ejercicio y el cuidado del medio ambiente
La licuacleta, una curiosa máquina que guarda la forma de una bicicleta, pero dirige el impulso de los pedales a mover las aspas de una licuadora, no solo promueve la actividad física y la reducción del uso de energía eléctrica, sino que permite disfrutar de un jugo fresco de frutas o verduras.
Leandro Maldonado la construyó hace unos cinco años y, con su esposa Paula Mariaca, la hicieron parte de un proyecto con el que promueven la alimentación saludable y el cuidado del medio ambiente: Kasa Muyu.
Los niños de las comunidades a donde llevan a licuacleta son los más sorprendidos y se turnan para subir a pedalear. El pasado fin de semana se la presentó en la feria Diversidad es Vida, en el Parque Urbano Central de la ciudad de La Paz, donde se vio cómo llamaba la atención de grandes y pequeños.
La creación
Si bien la primera licuacleta nació en España y tuvo una interesante promoción mundial, en Bolivia su nacimiento tuvo lugar en Cochabamba.
“Nosotros vivíamos ahí, en una casa en la que teníamos diferentes sistemas demostrativos como compostaje, huertas, tratamientos de agua, recolección de agua de lluvia, diferentes cosas. Entonces, en un momento empezamos a dar talleres con unidades educativas de Cercado, de Cochabamba, en este espacio, en nuestra casa”, contó Leandro a Visión 360.
Recordó que Paula fue quien propuso construir el artefacto para integrarlo al proyecto y como Leandro conocía sobre soldadura, porque creció en un taller donde su papá trabajaba como mecánico, en Uruguay, también aprendió su oficio.
“Entonces podíamos mostrar todo el ciclo de los alimentos desde la huerta; hacíamos talleres con plantines y todos los residuos que usábamos para los refrigerios que cocinábamos con los niños iban al compostaje, sacábamos tierra y llevábamos a la huerta. Así, tratábamos de cerrar el ciclo de alimentación con el uso de la licuacleta. Siempre estaba todo en torno a la alimentación”, contó Leandro.
Para construirla, dice que tuvo que conseguir herramientas, el marco de una bici que estaba ya tirado y que prácticamente ya no servía para nada. También consiguió una licuadora quemada en la Cancha, el mercado popular de Cochabamba. “Empezamos con un amigo, con Jhonatan Cires, que es un amigo integrante de la Masa Crítica de Cochabamba, bien vinculado siempre a las bicicletas. Empezamos los dos a gestar esto así, a crearlo”, comentó.
El diseño que lograron entonces es el que se mantiene hasta la actualidad y si bien la idea, en un principio, fue utilizarlo como una herramienta didáctica, ahora puede llegar a reemplazar a un electrodoméstico, porque a Leandro incluso le pidieron un taller que enseñara a elaborar las licuacletas.
Promoción
La máquina, “una tecnología limpia y responsable” estaba disponible para quien quisiera hacerse un jugo, de forma gratuita, en la mencionada feria. Incluso se podía utilizar cualquier fruta a elección y el agua envasada para preparar el licuado.
De esta forma, se promocionó el uso a la licuacleta, que funciona con el movimiento coordinado con las piernas al pedalear, pero la cadena, en vez de impulsar el rodaje de las llantas, impulsa el giro de las aspas de la licuadora.
Es decir, quienes la usaron tuvieron que pedalear y pedalear hasta terminar de licuar la fruta con agua que se colocó en la jarra. Un aspecto interesante de la feria es que, además, se pidió a los asistentes llevar sus propios vasos y platos para toda degustación o consumo, pero quienes no tenían estos utensilios podían usar los del emprendimiento, y luego lavarlos en el mismo lugar.
El experimento fue exitoso, puesto que permitió que muchas personas recibieran una interesante charla de reflexión sobre los temas ya citados.
“Muchas veces me han preguntado cómo funciona y no tengo reparos a la hora de mostrarlo, porque si tenés la capacidad de soldar y darte maña para hacerlo, hacelo, ¿no? Siempre es como la idea de este proyecto”, aseguró Leandro.
Y a la fecha, hay unidades educativas, proyectos estudiantiles que replicaron el modelo, como lo hicieron estudiantes de la comunidad Suriquiña, del departamento de La Paz.
Se fija la llanta delantera sobre una plataforma y sobre ella se coloca la jarra de la licuadora. La llanta trasera es reemplazada por una base firme, sobre la cual se encuentra el asiento.
El alcance del proyecto es cada vez más evidente, pero la labor de Kasa Muyu está lejos de terminar, porque, según su impulsor, tienen el anhelo de poder desarrollar más bicimáquinas que apoyen a las familias, especialmente a las productoras de alimentos en el área rural.
“Por ahí, una licuadora no es algo tan útil, ¿no? En el área rural, por ejemplo, un lugar de difícil acceso de electricidad, una licuadora no es un electrodoméstico de necesidad básica como puede ser, no sé, una bomba de agua. Porque, a veces, sí tenés que sacar agua de un pozo, de un río, para un riego o algo así; para eso se necesita una bomba o invertir en un panel solar. Pero lo lindo de las licuadoras es que despiertan mucha curiosidad y como que rompen un poco las estructuras de lo establecido, cuando alguien ve una bicicleta y de repente está haciendo un jugo con ella”, dice.
Los cálculos revelaron que, con un pedaleo regular, durante dos minutos, se avanza “virtualmente” un kilómetro, y se logra la preparación completa de un licuado.
El avance del proyecto
Para Leandro es magia. El ver lo que sucede con los niños cuando se les presenta la licuacleta. “Como que se abre un nuevo paradigma en su cabecita, ¿no? Es muy lindo”, afirma.
Por ello, en sus proyecciones está el recorrer más rincones del país. “Nosotros viajamos bastante dentro de Bolivia. Hemos estado por Perú también, por Uruguay también con la bicicleta licuadora. Y lo que hacemos es visitar unidades educativas”.
Allí empieza el ciclo. La huerta, el compostaje y los alimentos nutritivos. Incluso, según Leandro, la presentación de la máquina les ha permitido trabajar como si se tratara de un juego, que les impulsa a cuestionar y a hablar de cosas más serias como los problemas de alimentación o de medio ambiente, y plantear alternativas a través de recetas.
“Y cuando querías acordarte, nos ha pasado, niños a los que les enseñamos recetas en una unidad educativa de Cochabamba, después los encontramos en una feria en Tikipaya, y estaban vendiendo una receta de ketchup artesanal que nosotros les habíamos enseñado. Lo habían hecho, lo habían puesto en frasco y lo habían vendido. Era un ketchup que tenía básicamente tomate y chancaca, pero bien cocido y junto a una elaboración que nosotros les habíamos enseñado a preparar”, recuerda.
El impacto directo e indirecto de las licuacletas se expande y, según Leandro, ahora ese es su objetivo: “ir descubriendo cada vez más unidades educativas, conociendo y abriendo esto. Fomentando a las personas a crear, pero también a utilizar elementos reciclados”.