Festejos
Bicentenario: Sucre rinde homenaje a Juana Azurduy con nueva escultura en la plaza 25 de Mayo
Como homenaje al Bicentenario de Bolivia y a los próceres de la independencia, el presidente Luis Arce descubrió la noche de este lunes el monumento a la general Juana Azurduy de Padilla, que es emplazado en la plaza 25 de Mayo de la ciudad de Sucre. La pieza fue forjada por el escultor Rolando Porcel.
“No se trata solo de una escultura, sino de un acto profundamente político, histórico y moral, porque cuando una nación decide esculpir en piedra y bronce a sus verdaderos héroes y heroínas, está también decidiendo su rumbo y, sobre todo, su identidad”, explicó Porcel.
Al evocar la lucha de Azurduy, el presidente Arce señaló que el Bicentenario de Bolivia es un tiempo de “memoria profunda, de reivindicación de las voces silenciadas, de reconocimiento a los pueblos originarios, a las mujeres que empuñaron la espada con dignidad y a quienes nunca buscaron honores, pero que hoy merecen el mayor de nuestros respetos”.
“Juana Azurduy de Padilla es hoy símbolo de muchas luchas: la lucha por la libertad, por la igualdad, por la justicia social, por el derecho de las mujeres a ser también protagonistas de la historia. Ella representa el espíritu inclaudicable de los pueblos que no se someten, que resisten, que sueñan, que luchan y que vencen”, afirmó.
El presidente expresó su deseo de que el monumento inspire a niñas y jóvenes a soñar en grande, a luchar por sus derechos y a sentirse parte de una historia que aún se está escribiendo. Añadió que esta obra “quedará como el legado del Bicentenario, con una señal clara de que Bolivia honra a sus verdaderos héroes, que no olvida a quienes la liberaron y que camina hacia el futuro con los pies firmes en la tierra y en la historia”.
Perfil
Natural de Toroca, al norte de Potosí, Juana Azurduy nació el 12 de julio de 1780. Contrajo matrimonio con Manuel Ascencio Padilla en 1799, con quien tuvo tres hijas y tres hijos. La primera década del siglo XIX fue cada vez más convulsa, germinando un nuevo proceso de emancipación contra el dominio español, según un perfil elaborado por ABI.
Azurduy, imbuida de los valores de independencia y libertad —valores que su esposo Manuel Ascencio compartía—, inicialmente apoyó a su marido para que participara en la revolución de Sucre (25 de mayo de 1809) y luego en Cochabamba (14 de septiembre de 1810).
La victoria en estas revueltas permitió a los patriotas deponer a las autoridades españolas e instaurar un gobierno revolucionario. La arremetida colonial no tardó en llegar y sus consecuencias impactaron en la familia Padilla-Azurduy, como el apresamiento de Juana y de cuatro de sus hijos en 1811. Ante esto, por convicción propia, Juana decidió unirse activamente a la causa desde la republiqueta de La Laguna.
En 1813, el matrimonio se puso a las órdenes de Manuel Belgrano, nuevo jefe del Ejército del Norte enviado desde Buenos Aires, quien le regaló a Juana su sable.
Azurduy perdió cuatro de sus cinco hijos en las guerras por la independencia.
Formó el batallón denominado “Los Leales”, que colaboró en el éxodo jujeño, transportando artillería entre las montañas en Vilcapugio y sufriendo en primera línea la derrota de Ayohuma.
En 1814, el batallón logró un gran triunfo en Tarvita, por lo que el general español Joaquín de la Pezuela ordenó la persecución y ejecución del matrimonio. Madre de cuatro hijos, Juana se refugió con ellos en el Valle de Segura, pero los cuatro murieron de malaria.
Después de eso, Azurduy se entregó completamente a la vida militar, aunque entre combate y combate tuvo una hija.
En 1816, luego de la batalla de La Laguna, Manuel Padilla fue decapitado. Juana recuperó la cabeza de su marido, que era exhibida como símbolo de escarmiento a los rebeldes. Belgrano la ascendió a teniente coronel y le reconoció el derecho al uso legal de la jerarquía, el uso del uniforme militar y el mando de tropas.
Antes de morir, vivió un tiempo en Salta. En 1825, el mariscal Antonio José de Sucre fue nombrado presidente vitalicio y le otorgó a Juana una pensión, que le fue retirada en 1857 durante el gobierno del dictador José María Linares.
Juana murió el 25 de mayo de 1862, a los 81 años, sin reconocimiento ni honores militares. El gobierno argentino le otorgó el ascenso póstumo a general de la Nación en 2009.