La Tribuna
Una emoción que reafirma mi vocación
Ayer, frente al televisor, viví una de esas noches que marcan la carrera de un periodista deportivo. La selección boliviana, contra todo pronóstico, consiguió el pase al repechaje, y la emoción fue tan intensa que las palabras se quedan cortas. En ese instante, comprendí, una vez más, por qué elegí este camino hace más de 30 años.
El deporte tiene una magia inexplicable. Nos puede hacer erizar la piel con una victoria que nos llena de orgullo, o derrumbarnos hasta lo más profundo con una derrota. Ayer, esa sensación de triunfo me recordó que, en medio de tanta desilusión política, el deporte sigue siendo un refugio de esperanza, de pasión y de vida.
Porque no se trata solo de fútbol: se trata de un pueblo entero que, aun golpeado por la incertidumbre y la desconfianza, encuentra en la camiseta verde un motivo para volver a creer. La emoción colectiva nos hizo vibrar, llorar y soñar, aunque sea por noventa minutos, con un país distinto al que enfrentamos cada día.
Hoy, con el corazón aún latiendo con fuerza, me siento más orgullosa que nunca de haber elegido esta profesión. Y quiero agradecer a este equipo, a la cabeza de Óscar Villegas, por habernos regalado una alegría desbordante en medio de tanta incertidumbre. Gracias por recordarnos que, aunque Bolivia atraviese horas oscuras, todavía es posible soñar unidos bajo una sola camiseta: la Verde.