2025-11-12

La Tribuna

Necesitamos una política deportiva real, moderna y efectiva

En Bolivia tenemos un diagnóstico claro. Contamos con la Ley 804, que regula el derecho al deporte. Pero en la práctica —y lo digo con mucho respeto—, es un simple formalismo.

Quiero hablar de un tema que apasiona a tantos bolivianos, pero que, francamente, necesita una mirada mucho más seria y estratégica: la situación del deporte en nuestro país.

En Bolivia tenemos un diagnóstico claro. Contamos con la Ley 804, que regula el derecho al deporte. Pero en la práctica —y lo digo con mucho respeto—, es un simple formalismo.

¿Por qué? Porque el deporte no puede ser gestionado únicamente desde un viceministerio que no cuenta con las herramientas ni los recursos necesarios para brindar un apoyo real. Hoy no existe una política de Estado que permita a nuestros atletas desarrollarse plenamente como deportistas.

Esto tiene una consecuencia directa: ser deportista en Bolivia es, en la mayoría de los casos, un acto de heroísmo individual. Cada atleta, dentro de sus posibilidades económicas, se forma como puede y se financia como puede.

Programas como los Tunkas, si bien fueron un esfuerzo, resultaron mínimos: apenas alcanzaban a 30 deportistas. Mientras tanto, vemos modelos en países vecinos —como Argentina— donde el Estado interviene activamente en la formación, los seguros de salud y los viáticos para competencias. Nosotros, lamentablemente, estamos muy lejos de eso.

El automovilismo

Si llevamos este análisis al automovilismo deportivo, el panorama es idéntico, o incluso más evidente.

Este deporte está regulado por una Federación y sus Asociaciones de autos, motos, karting, entre otros. Ellos realizan un trabajo enorme, pero ¿sabe qué prefieren? eligen seguir adelante con sus propias iniciativas y recursos.

Y no es por falta de voluntad: es porque tocar las puertas del Estado se ha vuelto sinónimo de burocracia. Se pierde más tiempo en trámites que en organizar competencias.

La oportunidad perdida y la visión

Aquí es donde está la gran oportunidad que estamos perdiendo como país. Hasta ahora, ninguna autoridad política ha puesto verdaderamente sus ojos en la realidad de este deporte. A veces se lo subestima pensando que no es popular, pero se ignora el ecosistema económico que lo rodea.

El automovilismo genera empleo directo: mecánicos, ingenieros, logística. Y también empleo indirecto: hotelería, gastronomía, transporte, servicios.

Cada competencia mueve economías locales y dinamiza regiones enteras.

Bolivia ya tuvo una muestra de este potencial con el Dakar, pero lamentablemente no hubo después una política que consolidara la fórmula Deporte + Estado.

Necesitamos cambiar el enfoque

El deporte no es un gasto, es una inversión: inversión en salud, en disciplina para nuestros jóvenes, en identidad y en prosperidad.

Es también una inversión en la reactivación económica nacional.

Ha llegado el momento de pasar de los formalismos a una política deportiva real, moderna y efectiva.

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