2025-11-19

Río

Monitores indígenas, las figuras clave en la acción preventiva para defender al Madre de Dios de la minería ilegal

Más allá de los riesgos, para los monitores indígenas el cuidado del afluente es sinónimo de proteger los sembradíos, cuidar la salud de la población y evitar la migración de los jóvenes.

Luego de iniciar la lucha por el territorio, ser reconocidos y titulados, las poblaciones indígenas enfrentaron otro dilema, cuidar y defender el medioambiente, principalmente de la minería ilegal, así lo explica Zaira Gamarra, una monitora indígena. Ella, al igual que otros cinco monitores del Territorio Indígena Multiétnico (TIM II), fue figura clave para la presentación de la Acción Preventiva en defensa del río Madre de Dios. 

Gamarra es una jóven indígena tacana y desde el 2023 es uno de los seis monitores indígenas del TIM II, compuesto por dos tacanas, dos esse ejjas, y dos cavineños. Su trabajo consiste en controlar las líneas de límites del territorio, identificar mojones y el deslinde con comunidades campesinas, controlar la presencia de la minería ilegal; además, también miden los impactos de inundaciones por lluvias o incendios forestales. 

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Una o dos veces al mes, ella, junto otros monitores, representantes indígenas, y personal técnico recorren el Madre de Dios para identificar las “lanchas” que operan en el afluente. 

“Operan como barcos, pero tienen una manguera que introducen al agua y es por ahí donde ellos lavan el oro con el mercurio y todo eso cae al mismo río”, describe Gamarra. Ellos mapean las lanchas, las registran, identifican si es que operan en las cuadrículas permitidas e identifican los impactos de éstas.  

“Dentro del trabajo que hacemos mayormente hemos verificado que las balsas están sobre las orillas de las comunidades, o sea, no están ni a 50 metros de distancia, 100 metros es la distancia que ellos deberían respetar. También se mira el desbarrancamiento de los cultivos, ya que ellos jalan la tierra con la manguera, eso es el daño que ellos están ocasionando”, explica la joven a Visión 360.

Este 2025, el trabajo de los monitores indígenas ha estado enfocado en la defensa del río Madre de Dios. Para esta tarea también participaron en la toma de muestras de agua, lodo, y cabello. El objetivo: identificar en laboratorio la presencia y grado de mercurio en cada comunidad.

Con toda esta información recopilada, el 1 de julio, el TIM II presentó una acción ambiental preventiva directa contra la minería ilegal del oro ante el Juzgado Agroambiental con asiento en El Sena (Pando). El 21 de ese mes, el caso fue remitido al Tribunal Agroambiental, en Sucre, luego de que la jueza Milka Romero declaró su incompetencia territorial debido a que los daños al ecosistema del río Madre de Dios afectan a más de un departamento —La Paz, Pando y Beni— e incluso existe una incidencia transfronteriza (Perú y Brasil).

Acción preventiva

Para Manuel Menacho, parte del equipo técnico de la oficina de Riberalta del Centro de Estudios Jurídicos e Investigación Social (Sejis), la participación de los monitores en la acción preventiva fue vital. “Ya se viene acompañando un proceso formativo de monitores territoriales indígenas hace ya casi 5 años. Entonces, su participación ha sido importantísima. Ellos han hecho las visitas a campo, han tomado datos georreferenciados, tomaron fotografías incluso con apoyo de algunas tecnologías como drones y demás”, destaca. 

Menacho explica que combatir a la minería que opera en el afluente es como enfrentarse a un monstruo, en consecuencia los monitores enfrentan riesgos al identificar la presencia de minería ilegal en el Madre de Dios, (que representa el 95 % de presencia minera). Debido a este riesgo parte de la acción ambiental solicita garantías de seguridad para los defensores ambientales, dirigentes y personal técnico. 

Más allá de los riesgos, para la monitora indígena el cuidado del Madre de Dios representa la protección de los sembradíos, de la salud de la gente, y de las poblaciones. “Los cultivos ya no producen, se van secando las plantas, y como ya no hay la agricultura que sostiene a las comunidades, los jóvenes empiezan a migrar buscando un mejor futuro, pero lo que vemos es que ellos se exponen a que vulneren sus derechos, con trabajo forzoso y retribución menor”, concluye. 

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