2026-03-23

La Tribuna

Elecciones

Se elige apoyar incluso cuando la historia sigue presente en el subconsciente y nos grita: “CUIDADO CON LAS CONSECUENCIAS DE UNA NUEVA DESILUSIÓN”.

No existe una ciencia para tomar una decisión ante determinada encrucijada, sugería Aristóteles. Se inclinaba por la phrónesis, entendida como prudencia para fundamentar elecciones sabias.

Ocurre que en el tramo final de este marzo Bolivia demanda a su población elegir:

Por un lado, en las urnas. Aquello no simplemente implica esperar en una fila para marcar unas casillas en unas papeletas, sobre todo trata de soñar con mejores condiciones de vida en el lugar de residencia. Hecho que se dio en los recientes comicios subnacionales.

Por otro lado, en la tarea de elegir creer o no en una causa país, sí, una sola para toda la geografía boliviana, el boleto al mundial de fútbol.

Una nación que aprendió a vivir con la frustración de constantes tropiezos en este plano deportivo seguramente se apegará al proceder del citado filósofo griego y, claro, por citar una de las varias estadísticas adversas: Bolivia ganó solo uno de los últimos 33 partidos de Copa América. Entonces… ¿Por qué? ¿Para qué? o ¿cuál es el fin de este convencimiento?

Simple, elegir se traduce en un acto emocional casi instintivo, un acto que no pide explicaciones. Se elige apoyar incluso cuando la historia sigue presente en el subconsciente y nos grita: “CUIDADO CON LAS CONSECUENCIAS DE UNA NUEVA DESILUSIÓN”. Sencillo caer en el recuerdo de partidos o torneos pasados, tentador dar la espalda. Sencillo también caer en la crítica. Pero como Patria, no podemos permitirnos renunciar a nuestros símbolos, a nuestros colores, a nuestra cultura, a nuestra esencia. La Selección de fútbol es uno de los pocos lugares donde el país se mira como un todo, sin divisiones, sin colores políticos, sin preferencias, sin fronteras. Se mira el mapa de Bolivia sin divisiones internas. Un único contorno a manera de margen que no contempla casillas, líneas ni trazos internos. Un mapa donde no existen departamentos ni provincias existe un solo espacio habitable.

Entre esos incontables recuerdos dolorosos, uno muy grato, imborrable: 1994. Porque ya estuvimos ahí, porque ya mostramos al mundo cómo es nuestro país. Contamos por qué escogimos el verde para nuestra camiseta y por qué nuestro himno y los colores de nuestra bandera son tan grandiosos.

Volver a una Copa del Mundo no es solo un objetivo deportivo, es una necesidad emocional, es una causa país.

Apoyar o no a la Selección, haber votado con esperanza o desencanto (forzado) si tienen similitudes. Creer que este país puede levantarse o anticipar la derrota como destino irrebatible.

Nuestro país necesita hoy más que nunca ciudadanos que apuesten, que acompañen, que exijan, que protesten, que reclamen, pero también y sobre todo que crean. Porque ningún proyecto, político ni deportivo, podrá jamás sostenerse sin esa convicción profunda de trabajar y comportarse, pensando que vale la pena intentarlo otra vez.

Si Bolivia logra instalarse en la Copa del Mundo, estoy seguro de que tendrá la mayor alegría histórica común. Yo… ¡Claro que decido creer!

Te puede interesar