Terremoto y lluvias
Casi 100 muertos y miles de desplazados en una semana de desastres naturales en Afganistán
EFE / Kabul
Casi un centenar de personas han muerto y más de 150 han resultado heridas en Afganistán tras una semana de desastres naturales encadenados, que incluyen un fuerte terremoto y lluvias torrenciales que han dejado a más de 8.500 familias desplazadas.
Según el balance de este lunes de la Autoridad Nacional de Gestión de Desastres (ANDMA), la combinación de sismos e inundaciones entre el 26 de marzo y el 5 de abril ha destruido cerca de un millar de viviendas y devastado miles de hectáreas de cultivo en todo el país.
"Un total de 99 personas han perdido la vida y otras 154 han resultado heridas. Además, 954 viviendas residenciales han sido completamente destruidas, mientras que 3.999 casas han sufrido daños parciales", informó en un comunicado.
La infraestructura del país también se ha visto severamente afectada con 355 kilómetros de carreteras dañados, mientras que en el sector agrícola se reportó la destrucción de unas 2.880 hectáreas.
Del total de víctimas, la ANDMA precisó que el terremoto de magnitud 5,8 que sacudió el noreste del país el pasado viernes por la noche causó 12 fallecimientos y cuatro heridos.
El resto de las muertes, un total de 87, se atribuyen a las lluvias torrenciales, inundaciones y deslizamientos de tierra que castigan el territorio desde finales del mes pasado.
Organismos internacionales como la ONU y el Banco Mundial han advertido reiteradamente sobre la extrema vulnerabilidad de Afganistán, clasificado como uno de los países con mayor riesgo ante desastres naturales debido a una geografía propensa a sismos y un clima cada vez más errático.
Esta exposición se ve multiplicada por décadas de conflicto armado que han dejado al país con una infraestructura profundamente degradada y una capacidad de respuesta estatal mínima.
El estancamiento económico y la falta de inversión en ingeniería civil han resultado en viviendas de adobe altamente inestables y redes de transporte precarias que, ante cualquier fenómeno sísmico o meteorológico, colapsan con facilidad, convirtiendo incidentes naturales en catástrofes humanitarias de gran escala.