2026-04-23

Hilando Fino

Los hacen mendigar… y cuando llega el oro, sobran las fotos

El problema no es el talento. Bolivia lo tiene, y lo ha demostrado incluso en condiciones precarias. El problema es la falta de dirección, de planificación y de compromiso real. El deporte sigue relegado, tratado como un gasto y no como una inversión estratégica.

En Bolivia, el deporte dejó de ser una política y pasó a ser una resistencia. No es metáfora: hay deportistas manejando taxi, vendiendo galletas, organizando rifas para poder entrenar y competir. No por elección, sino por abandono. Mientras tanto, las autoridades aparecen solo cuando hay medallas que exhibir o cuando toca posar con cheques gigantes para demostrar su supuesto “aporte”.

La contradicción es insostenible. Se habla de organizar los Juegos Bolivarianos 2029, pero al mismo tiempo se recortan becas y se debilitan los pocos mecanismos de apoyo existentes. No se puede proyectar un evento internacional mientras se empuja a los atletas a la informalidad para financiar su carrera. Eso no es gestión: es improvisación.

El problema no es el talento. Bolivia lo tiene, y lo ha demostrado incluso en condiciones precarias. El problema es la falta de dirección, de planificación y de compromiso real. El deporte sigue relegado, tratado como un gasto y no como una inversión estratégica.

Aquí hay responsabilidades claras. Las decisiones —o la ausencia de ellas— tienen consecuencias directas en la vida de los atletas. No alcanza con discursos ni presencia institucional; se exige coherencia y resultados.

Presidente Rodrigo Paz Pereira, usted sabe de deporte. Escuche a los deportistas, deles un tiempito. Ahí está la verdad que muchas veces no llega a los informes oficiales.

Pero también hay un límite. Deportistas, entrenadores y actores del sistema deben organizarse y exigir condiciones dignas. Sin presión, nada cambia. La historia es clara: los avances no se conceden, se conquistan.

Porque no es normal —ni aceptable— que quienes representan al país tengan que sobrevivir antes que competir. Ya basta de romantizar el sacrificio. Ya basta de aplaudir la precariedad.

El deporte boliviano no necesita promesas. Necesita respeto, inversión y decisiones inmediatas.

Y eso ya no es una aspiración. Es una deuda.

 

Te puede interesar